EL ADMINISTRADOR, O EL FILÓSOFO

EL ADMINISTRADOR, O EL FILÓSOFO

La campaña para la alcaldía del D. C. ha sido un ejemplo para el país; de cordialidad, respeto mutuo, seriedad, no obstante uno que otro show en la etapa de calentamiento. Los candidatos, doctores Peñalosa y Mockus, han conquistado la admiración de los ciudadanos, quienes, a siete días de la elección, están divididos: entre el joven ejecutivo, con los pies en la tierra, que habla de realidades y ofrece programas concretos, y el irreverente matemático que saltó al primer plano no por su importante tarea en la U. Nacional, sino porque tras haberse bajado los calzones en el escenario de un teatro colmado de jóvenes, se ha convertido en la imagen del hombre incorruptible y servicial. Postulado a la alcaldía por un dirigente del M-19, medio Bogotá está inclinada a respaldar al doctor Mockus como un acto de rechazo a los políticos tradicionales, quienes por culpa de la mala conducta de tantos, son mirados en general con mucha desconfianza. Pero las grandes cualidades del doctor Mockus t

24 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Para componer la ciudad de hoy y proyectar la del futuro, junto con las clases de comportamiento cívico, se necesita mano dura. Y conocer muy bien el terreno. El tráfico no mejorará con más ciclovías, ni regulando la circulación por el color de los vehículos, como sugiere el ex rector de la Nacional. Esas posturas candorosas, igual que dominar estudiantes rebeldes mostrándoles la cola, no sirven para manejar una de las ciudades más populosas y emproblemadas del continente, donde imperan la agresividad y la violencia, que el doctor Mockus sufrió personalmente. En sus propios predios, al intentar poner orden en un foro cívico, usando tarjetas de colores como las que sacan los árbitros para sancionar la violencia en el fútbol, fue agredido por unos cafres que lo tumbaron al suelo, a la vista de todo el país.

Enrique Peñalosa, al igual que Mockus, es un hombre íntegro, honesto, preparado y no tiene nada de politiquero. Al contrario: su manera de hacer política es abierta, directa, cara a cara. Y tiene a su favor que es más realista, conoce mejor los temas urbanos, y es más empujador y más vital. Alguien así es lo que Bogotá necesita para prepararse en serio para el siglo XXI.

EL TIEMPO, en el resumen del debate del jueves 20, dice: Mientras el primero (Peñalosa) habla como profesor de administración, el segundo (Mockus) lo hace como profesor de filosofía . Esa diferencia, de la tierra al cielo, es la que tenemos que medir a la hora de elegir: o un administrador aterrizado, que ha estudiado la ciudad y se ha preparado para mejorarla, o un filósofo, notable pero excéntrico, cuyas soluciones a los problemas terrenales andan por las nubes.

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