OLIGOPOLIO EDUCATIVO

OLIGOPOLIO EDUCATIVO

Es penoso. Buena parte de las reformas orientadas al mercado en Colombia han servido de soporte para la construcción de verdaderas alambradas oligopólicas. Es la confirmación de la contingencia de los dogmas económicos y de los paradigmas de la organización colectiva. Al fin, ya se sabe que los mecanismos liberan primero y esclavizan después. Cuando se promulgó la Ley 30 de 1992 sobre Educación Superior, todos pensamos que se estaban echando las bases para la sana emulación de las universidades sobre criterios de calidad, el proceso responsable de ampliación de la oferta educativa y la inserción de nuevos sujetos en un mercado que requiere operadores de alta categoría en respuesta a las aspiraciones más y más extendidas entre la juventud de acceder a la educación universitaria.

24 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Los resultados a la fecha son deplorables. Al amparo de una mal entendida autonomía, instituciones de dudosa ortografía han abierto más de 500 programas de educación superior durante los últimos nueve meses. Con base en el Decreto 1403 de 1993, se envía una información esquemática al ICFES y quién dijo miedo, a publicar avisos en los diarios cuya frecuencia sólo se la disputa el indio amazónico y los demás hechiceros. La cosecha es buena. Cientos de muchachos de clase media y 280 en los resultados del Servicio Nacional de Pruebas contratarán préstamos laborales por libranza y apretarán aún más las finanzas familiares para poder matricularse. Nivel de docencia, infraestructura, laboratorios, investigación, soporte bibliográfico? No. Eso se arregla después. Cuando no hay madurez institucional fácilmente se confunden libertad y autonomía con libertinaje e irresponsabilidad. Por supuesto, siempre existirán honrosas excepciones y sin duda, entre los nuevos programas hay alternativas que estaban esperando los estudiantes y el sector productivo.

Paradójicamente, el Decreto 1478 de 1994. por el cual se establecen los requisitos para el reconocimiento de nuevas instituciones privadas de Educación Superior, coloca tal cantidad de condiciones de difícil cumplimiento, que resultará poco menos que imposible crear nuevas entidades universitarias en sus diferentes categorías. Además, obliga a la consulta con los Comités Asesores, donde las instituciones existentes deciden si aceptan o no la competencia con nuevos oferentes. Unas pocas instituciones grandes y buenas. Una capacidad internedia donde hay de todo. Pero, sobre todo, que no entre nadie más. Mejor malo conocido que bueno por conocer. La acreditación y otras hierbas... tranquilos, eso lo manejamos con el conocido cabildeo sinuoso de los colombianos, eso que ahora llaman lobbying.

Realmente es lamentable lo que está sucediendo en el campo del capital humano, del cual se ha dicho representa el factor clave de la competitividad y del desarrollo integral; politiquería en el sector estatal y de formación profesional; laxitud y oligopolio en la oferta privada. Eso sí, todo bajo patrones de mala calidad y expansión numérica. A todas estas, qué hacen los gremios, cuánto les importa el CESU, qué tal si en vez de dedicar sus Congresos a difundir sin discernimiento la última palabreja de moda en el argot gerencial, aprovechan su capacidad de convocatoria y formación de opinión para poner en escena este asunto del capital humano, sin duda, la verdadera prioridad de la hora.

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