Lo que pudo haber sido y no fue

Lo que pudo haber sido y no fue

Con un dejo de nostalgia y un marcado sentimiento de frustración, en el cierre de las Jornadas de Derecho Tributario celebradas en Cartagena, el Director de Impuestos y Aduanas Nacionales trató de cumplir el compromiso de ofrecer alguna explicación al contenido de la nueva reforma tributaria que, como todos sabemos, resultó completamente distinta a la idea original presentada por el Gobierno en julio del año pasado.

28 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

Haciendo un inmenso esfuerzo, el funcionario trató de explicar los motivos o las razones que se confabularon para producir el sustancial cambio en la iniciativa, pero con la mala fortuna de no haber alcanzado el objetivo, pues al final de cuentas lo que consiguió fue dejar el mensaje de que el país perdió de nuevo la oportunidad de estructurar un modelo de legislación tributaria técnicamente bien diseñado, claro, simple y compresible para todos los ciudadanos. La explicación de lo que pudo haber sido y no fue, es la expresión que mejor se acomoda al caso.

Divagando por el contenido, cabe señalar que sin salirse un centímetro de la trayectoria seguida por las continuas modificaciones del régimen tributario realizadas durante la década del noventa y los primeros años de la actual, en las que se evidencia la costumbre de modificar cada año las reglas de juego impositivas aplicables a los inversionistas y a los demás contribuyentes, el caso se repitió. Con las graves consecuencias de que tales reformas han generado distorsiones graves del sistema impositivo, saturando la legislación de artificios para el cálculo de rentabilidades gravables o de hecho gravados ajenos a la realidad económica, de nuevos beneficios fiscales injustificados, así como de sanciones, registros, autorizaciones, declaraciones, informaciones e innumerables obligaciones formales que aumentan la presión y los obstáculos que ponen las autoridades a la marcha de la economía, a la creación de empleo y, en fin, al progreso del país.

Cuando en su exposición el Director de la Dian se refería a datos fiscales y a datos contables, una vez más me hacía la pregunta: ¿por qué la base no es la utilidad antes del impuesto de renta que arroje los estados financieros de las empresas? Nadie me ha podido explicar la extraña razón de la dicotomía existente entre los dos sistemas. En forma absurda, el Gobierno insistió en introducir un cambio significativo en materia de requisitos para la aceptación de costos y gastos en cabeza de los contribuyentes, consistente en que sólo serían procedentes aquellos que tuvieran relación directa con el ingreso del contribuyente, eliminando la deducción de los que tuvieran una relación indirecta, como es el caso de los gastos administrativos, con lo cual se prolongaba el mal. Este es sólo un ejemplo de los errores del proyecto del Ejecutivo. Empero, con la aprobación del esperpento de reforma que tanta frustración ha ocasionado, las cosas no mejoraron y algo parecido se puede decir en relación con el gravamen a los movimientos financieros, la simplificación de la legislación, la defensa de los derechos del contribuyente, la reducción de las tarifas del IVA, que en lugar de cambiar para bien del sistema, se deterioran aún más. Si no repárese en lo ocurrido con la decisión de volver permanente un tributo antitécnico como el GMF, las complicaciones que se añadieron al Estatuto Tributario, de por sí farragoso y complicado, y, la insistencia de tener un IVA con un número absurdo de tarifas que complican su administración.

Si el proyecto original no era el mejor por las numerosas fallas que exhibía, la nueva legislación es decepcionantemente mala, motivo por el cual no es aventurado señalar que muy pronto el país se verá abocado a otro cambio en la normatividad tributaria. Lo que pudo haber sido y no fue, está en la raíz del problema.

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El país perdió de nuevo la oportunidad de estructurar un modelo de legislación tributaria técnicamente bien diseñado”.

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