¿Qué mató al oso de anteojos?

¿Qué mató al oso de anteojos?

En medio del páramo de Berlín, y con el intenso frío como único testigo, un oso de anteojos, de esos que están en vía de extinción, murió aparentemente envenenado.

28 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

El hecho ocurrió hace más de dos meses en la vereda Balcones, jurisdicción de Santa Bárbara, a unas dos horas de Bucaramanga.

Del crimen ambiental solo quedó una foto que le tomó el campesino Orlando Suárez, que se encontró el cadáver del animal el pasado 17 de diciembre mientras buscaba un toro perdido. Hoy dice que en ese lugar ya no queda nada. “Se descompuso hasta el cuero peludo. No hay rastro”, cuenta.

Luego asegura que dio aviso a las autoridades ambientales, pero la Corporación Autónoma de Santander (CAS) afirma que no recibió ningún llamado.

El campesino, en todo caso, sostiene que no tuvo nada que ver con la muerte del oso. En esa zona, los principales enemigos de los osos son, precisamente, los campesinos. Solo en la vereda Volcanes, jurisdicción vecina y donde la temperatura más alta no supera los 7 grados centígrados, la gente asegura que en los últimos diez meses los osos les han devorado 70 ovejas y 30 reses. De hecho, en el 2002, Julián Cáceres, labriego de la zona, fue condenado a siete años de casa por cárcel luego de ser sorprendido matando a un oso de anteojos de los que, según ambientalistas, no quedan sino 5 mil en suramérica.

Los vecinos del páramo murmuran que el animal pudo haber muerto envenenado, pues allí se usan de forma intensiva abonos químicos y venenos para el control de los cultivos que, solo en una década, han pasado de 250 hectáreas sembradas a más de mil.

‘Abundan los cazadores’ Por eso para la investigadora Clara Solano, de la Fundación Natura, es claro que la invasión del hombre está acabando con el hábitat de los osos y hace que cosas como esta ocurran. Dice que no solo pasa en Santander sino en el Parque Natural de Chingaza (Cundinamarca) y en el corredor biológico Guacharos - Puracé, entre Cauca y Huila.

“Lo que pasa en Santander es que hay muy poca educación ambiental y, en cambio, una férrea cultura de cazadores. Los páramos no son zonas ganaderas por su condición de suelos frágiles y humedales. Si al oso no le invaden su hábitat natural se mantiene en su dieta vegetariana”, complementó Lozano.

Sin embargo, campesinos dicen lo contrario. Que los animales son carnívoros y que ya no saben qué hacer para ahuyentarlos.

El hecho es que la muerte del oso se convirtió en un acontecimiento y que de él solo quedó la foto que el campesino le tomó al cadáver.

5.000 los ojos de anteojos que, según ambientalistas, quedan en toda suramérica. Los campesinos los ven como enemigos

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