LA EMPRESA DE LA PAZ

LA EMPRESA DE LA PAZ

El lapso de más de 50 años de violencia, 32 mil homicidios al año, una guerrilla en actitud desafiante, el narcotráfico aniquilador, la economía pujante pero asqueada, el cartel de la corrupción implacable y todo ese panorama sobre-diagnósticado, aconseja que esta situación se maneje con criterio de gerencia. La empresa: es Colombia; su Gerente Ejecutivo: el Presidente Samper; los accionistas, todos aquellos que apunten a la convivencia, a generar empleo, a la rehabilitación social, a la tolerancia, al desarrollo, y lo social comience a ser esencia y contenido del estado colombiano.

24 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

No más comisiones, no más altos ni menores emisarios, no más palomas simbólicas a medio día en la Plaza de Bolívar, no más convocatorias imprecatorias, ni más palabrería ni retórica, ni simples simulaciones de paz.

La paz es posible. La paz no es una utopía, aunque sí difícil de alcanzar.\ A invertir en la empresa de la paz. No queda mucho tiempo, antes de que el país se acabe de erosionar, y hay que suscribir todas las acciones necesarias para lograr este anhelo angustiado.

Esta es la oportunidad. Comprometámonos con la empresa de la paz construyendo la infraestructura de la Colombia de los próximos años.

Una oportunidad que coincide con el tiempo de la gente y coincide también con aquello de ponerle corazón a la apertura y dar, no el salto social, sino el cambio social.

Es la construcción de la infraestructura física para la apertura. Debe ser la solución tangible de la paz que se traduzca en la creación de frentes de trabajo, oportunidades de empleo estable y calidad en la construcción de vías, puertos, aeropuertos y redes de telecomunicaciones.

Además, la infraestructura que debemos tener para finales del presente siglo no podrá estimular sino estimular el establecimiento y creación de empresas sólidas y idóneas, las cuales abrirán a su vez mayores oportunidades de empleo y producirán mayores y abundantes bienes para movilizar a lo largo y ancho del país.

Toda esta infraestructura puede lograrse con los recursos que genera la economía del país, los cuales siguen creciendo, aunados a los que habrán de aportar los crudos del piedemonte y del renaciente café. No cabe duda de que se podrá contar también con el invaluable concurso del sector privado nacional y de inversionistas extranjeros.

En consecuencia, es nuestro deber imperativo ponerle infraestructura a la apertura; ponerle infraestructura a la integración nacional; ponerle alma al sentido de la nacionalidad, pues sin ella seguiremos sin identidad; seguiremos cojeando en el tercer mundo, entre los países de la primera ola, entre los que continúan no alineados con los demás, no consigo mismos; necesitamos un país con el conocimiento, con la tecnología; con el desarrollo y, por sobretodo, con ética y bienestar... Así elaboraremos el futuro que, como dice Tofler. Ya está aquí.

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