EL CESAR, EN MEDIO DE DOS FUEGOS

EL CESAR, EN MEDIO DE DOS FUEGOS

Los pobladores del Cesar tienen miedo. El temor es igual para todos. Unos porque tienen que pagar la extorsión a la guerrilla y otros porque tienen que ver impotentes los patrullajes de los subversivos o de los grupos de autodefensa. Los guerrilleros abordan a los candidatos a las alcaldías en las veredas y les advierten que no van a permitir malos manejos ni incumplimiento a compromisos de campaña.

24 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

En cada zona del departamento, los subversivos saben cómo obtener la plata. Sus mayores tesoros parecen ser la extorsión en Valledupar y el boleteo en las zonas mineras.

Entre tanto, otro fenómeno de la violencia se extiende por el departamento: los grupos de justicia privada.

Tierra vallenata: territorio de quién? A Ernesto*, un hacendado del sur del Cesar, lo mató la guerrilla. El Eln lo acusaba de formar grupos de justicia privada. Sus fincas estaban prácticamente abandonadas. Sólo los administradores las habitaban. Hace tres semanas decidió ir a San Alberto pero en el propio pueblo dos pistoleros lo alcanzaron. Recibió dos disparos, pero dicen que murió de infarto por la impresión del atentado.

Carmen* se ve pálida. Ella es otra víctima de los dos fuegos que azotan al Cesar. Hace dos meses los grupos de justicia privada mataron a su esposo. A él y a otros cinco habitantes de Minas, el corregimiento más grande de San Martín. Más de 150 personas vieron cuando Los Macetos les dispararon. Según ellos, sus víctimas eran auxiliadores de la guerrilla.

Diez días después del asesinato de Ernesto vino la muerte de los tres campesinos en La Carolina, también en San Alberto. Los encapuchados llegaron a una vivienda campesina, los llamaron por sus nombres y se los llevaron. Una hora después fueron asesinados.

Imelda* ya no llora a su hermano. Dice que sólo espera el resultado de la justicia que no falla, la de Dios. Un día, el 18 de julio, él salió a Pelaya y no volvió. Lo mataron los que se hicieron llamar huérfanos de la guerrilla. Nunca supo quiénes eran.

Los pobladores del Cesar tienen miedo. El temor es igual para todos. Unos porque tienen que pagar la extorsión a la guerrilla, y otros porque tienen que ver impotentes los patrullajes de los subversivos o de los grupos de justicia privada.

Mientras tanto, los guerrilleros se hacen llamar los fiscalizadores de la gestión pública. Entonces abordan a los candidatos a las alcaldías en las veredas a donde extrañamente van sin escoltas y les advierten que no van a permitir malos manejos ni incumplimiento a compromisos de campaña. La suerte para los candidatos que han hablado con los subversivos parece estar echada.

En cada zona del departamento los subversivos saben cómo obtener la plata. Sus mayores tesoros parecen ser la extorsión en Valledupar y el boleteo en las zonas mineras. Allí La Jagua de Ibirico es su mina de plata. Claro, nadie acepta haber pagado un sólo peso a la guerriones obvias, este alcalde no puede ser identificado. Su situación no parece ser distinta a la de los demás alcaldes que tienen que ser la primera autoridad en donde la guerrilla quiere serlo.

Los candidatos saben lo que quiere la guerrilla. A muchos se lo han hecho saber los propios subversivos. Y los que querían olvidarse del asunto tuvieron un recorderis hace una semana, cuando empezaron a circular los panfletos del Eln sobre el próximo proceso electoral.

Queremos reiterar -decía el comunicado- a quienes aspiran a regir las administraciones y corporaciones públicas que de ser elegidos a estos cargos y de no cumplir a cabalidad con la ejecución de sus programas de Gobierno a las comunidades, que de seguir dando el mismo manejo corrupto a los recursos y dineros del pueblo, nuestra organización se mantendrá vigilante de estas prácticas delictivas .

Algunos candidatos reconocen que los han buscado, que los han citado o que los han interceptado en alguna de sus correrías por las veredas. Pero ellos se muestran tranquilos. Me dijeron que si me robaba 10 pesos devolvía 20. Entonces uno ya sabe , dijo un candidato a la Alcaldía de Pelaya.

Hoy están secuestrados tres candidatos a alcaldías: uno de Chiriguaná, uno de El Paso y uno de Curumaní. Como ocurre con casi todo lo que se refiere a la guerrilla la gente prefiere callar. Es que uno ni sabe con quién habla. Aquí -dice un habitante de Chiriguaná- todo el mundo es un enemigo potencial o un espía. Y es mejor andar callado. En boca cerrada... .

La Jagua: el boleteo Lo que se conoce como las boletas son esos papeles ajados que envían los guerrilleros a sus víctimas en los que les hacen saber que ya conocen cuánto dinero tienen y dónde vive su familia. Y además le piden su cuota mensual. Es lo que los guerrilleros llaman el impuesto de guerra .

En la zona minera del Cesar las boletas ya no existen. No porque el boleteo se haya acabado sino porque nadie quiere dejar huellas. Entonces las víctimas van hasta donde están los guerrilleros y cierran el trato personalmente. El único testigo es el cuaderno de anotaciones de los subversivos.

El año pasado en una operación militar los guerrilleros del frente José Manuel Martínez Quiroz del Eln dejaron abandonado su cuaderno. Y los datos sobre boleteos, anotados con puño y letra de los subversivos son impresionantes.

En 1992 las carboneras debían pagar entre 400 y 150 pesos por cada tonelada de carbón extraída. La tarifa era impuesta según el tamaño de la empresa. Las autoridades calculan, según esos documentos, que su presupuesto era de 63 millones de pesos mensuales, aunque por incumplimiento de algunas carboneras sólo habrían recibido 52 millones.

Los guerrilleros tienen reseñado en sus documentos cuántas toneladas de carbón sacan las empresas carboneras mensualmente. También anotan puntualmente cada viaje de carbón que realizan las transportadoras para cobrarles el peaje . Ahí no hay una cuota definida.

El episodio de los dos atentados que sufrió una empresa transportadora de La Jagua en diciembre pasado aún no se ha resuelto. Los habitantes del pueblo prefieren no hablar del tema, pero a veces insinúan que seguramente sus dueños no accedieron a presiones de boleteo. eso es común aquí , dijo una mujer morena que no nació en La Jagua, pero que ya está acostumbrada a vivir con la amenaza guerrillera.

Con el miedo reflejado en el rostro los funcionarios de las empresas carboneras dicen que tienen prohibido hablar del tema de la subversión, pero anticipan que nunca han cedido a un boleteo.

El sur: los paras No se trata sólo del episodio de Minas o de los muertos de La Carolina. Los paramilitares también han actuado en el corregimiento Norean de Aguachica, en Pelaya y en Pailitas.

Ya muchos habitantes de Pailitas empezaron a decir en voz baja que saben que un conocido jefe de grupos de autodefensa compró una de las fincas más grandes de Pelaya y que les mandó decir a los guerrilleros que ahora sí van a tener que pelear.

Otros aseguran que un próspero ganadero de los llanos a quien siempre la guerrilla le ha temido compró otra finca en Pailitas. El mensaje para los guerrilleros parece ser el mismo.

Mientras tanto, en los corregimientos tradicionalmente ocupados por la guerrilla en estos cuatro municipios ha empezado a cundir el temor.

El primer episodio en Pailitas ocurrió el 18 de julio. Ese día se celebraba en el pueblo la fiesta de la virgen del Carmen. Tres jóvenes, dos de ellos menores de edad, se fueron recogidos en un campero rojo sin placas. Al día siguiente sus cuerpos aparecieron torturados en las afueras de la ciudad.\ Hay quienes dicen que ahora el campero rojo se pasea amenazante en las noches por las calles del pueblo.

Pero no es sólo eso. Quince jóvenes que eran amigas de soldados y suboficiales de la unidad militar de Pailitas recibieron hace pocos días una amenaza. La guerrilla les prohibía hablar con los militares so pena de ser asesinadas. Hoy el temor las invade.

Es triste tener que decir esto, pero las autodefensas son la única salida. Es que si el Estado no puede protegernos entonces hay que suplir esa incapacidad. Y sabe por qué no han llegado al centro del Cesar? Porque no hay tanta plata. Porque ese no es un negocio. Es una inversión, y requiere mucha plata. Y la crisis económica en que está la gente no permite tener esos grupos , dijo a EL TIEMPO un prestante agricultor del Cesar.

Centro y norte: la extorsión Los ganaderos y agricultores dejaron sus tierras. Aparte de la crisis del algodón, que en parte contribuyó a la proliferación de los guerrilleros, el temor los obligó a abandonar lo suyo. Ahora sus órdenes son enviadas a través del radioteléfono y se enteran de lo que ocurre cuando los administradores viajan a Valledupar o a Bucaramanga.

La guerrilla también ha asustado a los administradores de las fincas. A muchos los ha asesinado. La gran mayoría de ellos cree que hay que acceder a la extorsión. Por eso, aunque no hay ningún registro, las autoridades militares creen que por lo menos el 50 por ciento de la población económicamente activa del Cesar está siendo víctima de extorsionistas.

Ahora se está apoderando de los agricultores y ganaderos un sentimiento de impotencia frente a este tipo de delincuentes. Un ganadero le contó a este diario por qué.

Hace como cinco meses le llegó la boleta de extorsión a mi hermano. Entonces decidimos avisarle a las autoridades. Y se montó un operativo. El detenido confesó y pudieron capturar a otros cuatro. Inclusive su captura fue espectacular porque la autoridad llegó hasta un corregimiento de La Jagua de Ibirico que tradicionalmente ha sido de la guerrilla. Allá cayeron cuatro. Estuvieron detenidos dos meses, pero la Fiscalía los soltó por falta de pruebas.

Lo más grave -agrega- es que a los dos meses el Unase hizo un operativo por la extorsión a otro ganadero y oh sorpresa... dos de los cinco detenidos hacían parte del grupo al que la Fiscalía dejó libre. Cosas de la Justicia .

* Los nombres de estas personas fueron cambiados por seguridad.

El punto de vista de las autoridades\ Mientras para la mayoría de los pobladores la solución a la situación del Cesar no parece cercana, las autoridades están seguras de que el departamento saldrá de la crisis y creen que la presencia del Gobierno se ha intensificado cada vez más y que ello va a contribuir a alcanzar la tranquilidad.

El Gobernador, Lucas Gnecco, dijo que la situación del Cesar no es un fenómeno aislado en el país. Suceden cosas, como en todas partes, pero el Ejército, la Policía, los organismos de seguridad están trabajando muy duro y esa presencia es la única solución que hay , dijo el funcionario.

Gnecco negó que en el departamento existan paramilitares. Nunca jamás el Cesar ha tenido paramilitares. Aquí la gente es de lo más sano que hay. Hemos tenido este flagelo de la guerrilla pero nada más .

Además, resaltó que se ha reducido el número de secuestros. Fuentes del Grupo Antiextorsión y Secuestro (Unase) dijeron que durante 1994 se han presentado en La Guajira y Cesar únicamente 12 secuestros, y que actualmente sólo hay tres personas en poder de sus captores.

Fuentes militares en Valledupar aseguraron a EL TIEMPO que la presencia del Ejército ha disminuido las acciones de la delincuencia y de la guerrilla. Insistieron en que los retenes de los subversivos son cada vez menos frecuentes gracias a la presencia de los uniformados en las vías del departamento.

(RECUADRO MAC)

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