EL PROBLEMA MÁS GRAVE DE BOGOTÁ

EL PROBLEMA MÁS GRAVE DE BOGOTÁ

Aun quienes tenemos la fortuna de conocer la Capital en toda su extensión, debemos admitir que desconocíamos la magnitud de los problemas urbanos de la ciudad, hasta que el último censo hizo luz sobre los mismos. En resumen, el censo nos dijo que la ciudad debe alojar cada año más de 300.000 personas adicionales, lo cual representa más del doble de lo que nos habían dicho demógrafos oficiales y académicos. Esta cifra también impresiona porque representa el 40% del total de crecimiento del país, pese a que la Capital sólo tiene el 18% de la población nacional. Esto se explica porque mientras nacen tres bogotanos, llegan a la ciudad cuatro no bogotanos. Esta descomunal presión sobre el espacio disponible ayuda a entender muchos de los problemas que vive la ciudad, de los cuales hay que destacar, por lo inadvertido que pasa, el de la urbanización clandestina.

25 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Planeación Distrital y el profesor Luis Carlos Jiménez, de la Universidad Nacional, bajo contrato con el INURBE, analizaron cada uno por su lado el proceso de urbanización de las áreas suburbanas de la ciudad, aprovechando la disponibilidad de la completa cartografía de la misma elaborada por el DANE para el operativo del Censo 93.

Ambos trabajos coincidieron al cuantificar la urbanización clandestina en 240 hectáreas al año, equivalente al 62% del total que se urbaniza. Si se tiene en cuenta que la historia sitúa tal indicador en el 40%, se concluye que la presión demográfica está arrasando, hoy como nunca, los perímetros de servicios y las zonas de reserva para el espacio público del futuro.

La perspectiva de una ciudad de 10 o 12 millones de habitantes sin nuevas avenidas y sin espacio público ni equipamiento comunitario, amerita una reflexión tan seria como la que merecen los problemas diarios.

Visto el problema en el plano social, la enorme presión demográfica se está volviendo un formidable instrumento de explotación de la gente pobre por parte de los urbanizadores. En efecto, las 240 hectáreas al año de urbanización clandestina equivalen a 600 familias muy pobres estafadas cada semana con el cuento de los lotes con servicios y escrituras .

El sistema es genial. Los lotes no se entregan mientras no se pague el último peso. Por esta razón, en la etapa de ventas sólo hay unas cuantas viviendas construidas y la urbanización es verde y agradable. A estas casas modelo el agua llega efectivamente (por mangueras) y también se va por el alcantarillado (a pocos les importa hacia dónde). El cableado de energía también da para colgar en cada casa varias bombillas y hasta un electrodoméstico. Pero cuando el urbanizador se pierde y las familias que quedaron sin un peso inician la lenta autoconstrucción de sus ranchos, no sólo empieza a desaparecer el verde que tantas ilusiones alimentó, sino que las mangueras recargadas comienzan a gorgotear hasta que en un día sólo traen aire; en el primer aguacero de invierno (las ventas se hacen en verano) las familias descubren con sorpresa que el alcantarillado también funciona al revés y bien puede devolver los excrementos e inundar la casa; más tarde las amas de casa comprueban que sus estufas no alcanzan a calentar y, qué se va a hacer, otra vez a peregrinar por el cocinol.

Como si fuera poco, la mayoría de los compradores piensan que tienen títulos de propiedad, cuando lo que les han entregado son escrituras que a lo máximo trasladan la tenencia pero que jamás se convertirán en títulos registrables, pues van firmadas por un testaferro que a los pocos días se pierde del lugar. Luego aparece el verdadero propietario, que bien puede quejarse por la invasión , defender su honra, y a veces incluso volver a cobrarle a los poseedores de hecho para otorgarles, ahora sí, los títulos de propiedad y no echarles la policía .

El columnista Hernán Echavarría Olózaga llamó a este problema nuestro propio Chiapas . No es para menos. Opinamos diferente de él en cuanto a que la solución sea cuestión de normas. Mientras no seamos capaces de movilizar la oferta de lotes legales de precio inferior a tres millones de pesos, habrá inescrupulosos dispuestos a aprovecharse de la necesidad de las nuevas familias de la Capital.

Para quienes tenemos la fortuna de conocer la ciudad en toda su extensión, es bastante claro, y por esto tenemos el deber de decirlo, que los problemas más graves de Bogotá no son los que arrojan las encuestas, sino aquellos que apenas se están gestando. Las encuestas son radiografías del presente. Ojalá el futuro no sea otro Chiapas.

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