EL PROYECTO CÁMARA DE E.U. APROBÓ UN NUEVO PRESUPUESTO

EL PROYECTO CÁMARA DE E.U. APROBÓ UN NUEVO PRESUPUESTO

El Congreso estadounidense en una carrera contra reloj intentaba llevar anoche a la Casa Blanca una propuesta de reducción del déficit fiscal aceptable para el presidente George Bush, así como una orden que autorice la financiación provisional de las actividades del gobierno. El Senado se reunió ayer después de que en la madrugada la Cámara de Representantes aprobara un plan de reducción y una orden provisional de gastos para permitir que siga funcionando el Gobierno, técnicamente en bancarrota al no haber un nuevo presupuesto y haber agotado el anterior.

09 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

El pasado sábado fueron enviados a casa temporalmente alrededor de 300.000 empleados de los servicios considerados como no esenciales por falta de recursos para pagarles. La Casa Blanca y el Congreso, principalmente la Cámara de Representantes, quedaron así enfrentados sobre la mejor fórmula de reducir en 500.000 millones los gastos federales en los próximos cinco años para disminuir el gigantesco déficit fiscal. El año fiscal estadounidense comenzó el primero de octubre y el Gobierno federal pudo funcionar la semana pasada por una orden provisional que autorizó los pagos hasta el viernes, pero ésta no fue renovada por la Casa Blanca el sábado. Algunos representantes republicanos advirtieron durante el debate que Bush podría oponerse al nuevo plan de financiación provisional, al haber rechazado los demócratas una enmienda del partido rival que incluía una condición impuesta por el Presidente para su firma. La enmienda establecía la entrada inmediata en vigor de los recortes presupuestarios de la ley Gramm- Rudman-Hollings de reducción del déficit fiscal de Estados Unidos. Esa ley establece recortes automáticos e indiscriminados en prácticamente todos los sectores si la Casa Blanca y los legisladores no llegan antes a acuerdos puntuales. La aplicación inmediata, aunque provisional de la ley Gramm- Rudman-Hollings incluida en la enmienda republicana, exigía recortar 1.500 millones de dólares del presupuesto durante las dos semanas en las que los legisladores seguirán negociando cómo conseguir los recortes presupuestarios de 500.000 millones de dólares. Las dificultades a las que se enfrentan el Congreso y el Gobierno, según los expertos, son un reflejo de la crisis económica estadounidense agravada por el déficit en el presupuesto fiscal y en la balanza comercial entre otros factores. Después de cuatro meses de negociación entre los líderes de los dos partidos en el Congreso y la Casa Blanca, se acordó reducir los gastos federales en 500.000 millones de dólares en los cinco próximos años. En esa propuesta se incluyó la creación de nuevos impuestos para recaudar en el próximo quinquenio 145.000 millones de dólares y reducir en 60.000 millones la partida dedicada a atenciones médicas para los ancianos. Incluye los del sector social como la asistencia médica para los ancianos. Pero esos dos aspectos de la propuesta fueron rechazados en la Cámara de Representantes al considerar muchos de los legisladores que no se podía hacer tragar a los estadounidenses la amarga píldora de elevar los impuestos indirectos y reducir ciertas prestaciones sociales. La nuevaversión de la Cámara de Representantes, redactada durante largos debates este fin de semana, prevé reducir a 42.000 millones los recortes del seguro médico para los jubilados en lugar de los 60.000 millones previstos inicialmente. Un día después del rechazo legislativo, el presidente Bush, en un esfuerzo por presionar al Congreso para aprobar el presupuesto de 1991 incluyendo las reducciones acordadas con los líderes legislativos, vetó el proyecto para mantener provisionalmente los gastos federales. El Senado intentaba anoche respaldar la versión de la Cámara de Representantes que aprobó una orden temporal de gastos para mantener en funcionamiento el Gobierno federal. La perspectiva de aumentar los impuestos a los denominados artículos de lujo, las bebidas alcohólicas y los cigarrillos entre otros, despertó la crítica pública a Bush. En septiembre de 1989, el Presidente se comprometió públicamente a no elevar los impuestos. El descalabro de numerosas cajas de ahorro y crédito agravó en el año fiscal de 1990, concluido el 30 de septiembre ,la penuria fiscal que se calcula puede costar a los contribuyentes más de 200.000 millones de dólares. La reducción del déficit presupuestario se ha convertido este año en uno de los temas cruciales para ambos poderes, ya que si no se consiguen las disminuciones y el aumento de los ingresos mediante nuevos ingresos, Estados Unidos enfrentaría en 1991 un desequilibrio fiscal de 293.600 millones de dólares, una cifra sin precedentes.

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