¿Y si abolimos el fuera de juego?

¿Y si abolimos el fuera de juego?

Pensemos: un equipo elabora una jugada armónica, bella, noble, con seis o siete toques, marca un gol excepcional y, porque un atacante está 10 centímetros adelantado (sin pretenderlo, además), el gol no es convalidado. Nos preguntamos: ¿qué absurda disposición impide legitimar ese gol, disfrutarlo y festejarlo? Respuesta: el offside.

25 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

¿No es una tontería anular un gol sensacional sólo porque un atacante está medio metro adelantado? ¿Cuál es la deslealtad? ¿Qué pecado ético representa? ¿Qué nos da y qué nos quita el offside? Sería un gran avance para el fútbol la eliminación del offside, una cuestión reglamentaria que ya no aporta nada al juego pero sí origina enormes problemas, discusiones e incidentes. Genera incluso violencia cuando un árbitro sanciona erróneamente un fuera de juego (pasa todos los días). Y cuando un equipo gana con un gol viciado de nulidad queda una profunda sensación de injusticia.

Muchos aficionados e incluso entendidos se preguntan “¿Cuándo y para qué se inventó el offside en el fútbol...?”. Todos saben en qué consiste la regla, pero casi nadie puede explicar su finalidad.

En el nacimiento del fútbol, se consideraba a un jugador como “hipócrita” si al recibir un pase desde atrás no tenía al menos 4 o 5 rivales por delante al iniciar un ataque. Se estimaba poco ético estar esperando una pelota junto al arquero para intentar hacer el gol. Constituía una forma de engaño.

Al margen de ello, la regla tuvo una utilidad práctica. Que sin dudas fue excepcional. Mas no por su contenido moral, sino porque encauzó el juego.

Hacia 1840, los partidos eran totalmente anárquicos, no estaban creados los sistemas y se buscaba el gol en tropel, con 10 atacando de manera desordenada y uno defendiendo: el portero. Para unificar su desarrollo, se creó en 1846 el primer Código de Fútbol, en Cambridge, y se incluyó la regla del offside. Dio resultado: se disciplinó el juego y se estructuró más o menos como lo vemos hasta hoy.

La Regla de Cambridge especificaba: “Ningún jugador está autorizado a vagar entre la pelota y la meta del adversario”. ¡Todo el que estaba delante de la pelota incurría en offside! Pero cuando ya no fue necesario ser tan rígidos, el fuera de juego se fue suavizando. En 1867, la Asociación Inglesa aceptó una modificación que dinamizó el juego: un jugador “sólo” estaría en posición adelantada cuando no hubiera entre él y la línea de meta al menos tres defensas. En 1925 se produjo la revolución: se bajó de tres a dos.

Teniendo apenas dos rivales por delante ya se estaba en regla. En 1990 se estipuló que estando “en la misma línea” con esos últimos dos rivales, tampoco habría posición ilegal.

Hay una realidad: la regla fue cediendo, perdiendo severidad, y el juego no se anarquizó. Al contrario, ganó en brillo y continuidad.

El offside es una situación del juego que puede desaparecer sin perjudicar al fútbol. Al revés: evitaría miles de problemas. Si un equipo quiere atacar con cinco efectivos, que lo haga. Se expondrá al contraataque rival. Cada innovación táctica que se presenta moviliza la respuesta inmediata de los entrenadores, alertas a cualquier novedad. Y si aumenta el volumen ofensivo del juego, se beneficiará el espectáculo. Habrá más goles.

La erradicación del offside no entrañaría cambios relevantes en la manera de jugar. Y no desnaturalizaría el fútbol. Ningún DT va a mandar a un delantero a que se ponga junto al arquero rival sólo porque no hay offside.

Hoy no existe aquella idea del engaño de 1840. Además, a la velocidad de ahora, el offside se ha convertido en la piedra del escándalo. Los equipos atacan y defienden con mucha gente; en tal maraña de piernas es fácil errar y sancionar un offside que no era o dejar pasar una posición adelantada.

En su momento, el fuera de juego fue decididamente genial; hoy pareciera no tener sentido su aplicación. La dinámica actual del fútbol lo ha tornado obsoleto. Por ello habría que pensar en abolirlo. El hockey ya lo hizo. Y nadie lo extraña

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