Hablar sin ofender, pero...

Hablar sin ofender, pero...

Por eso se convierten en un vehículo del cambio aunque también se corre el riesgo de que se repitan sin entender la diferencia que encierra. A veces no se trata de simples sutilezas sino de una fuerza que puede ser transformadora.

24 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

Se ha dado cuenta cómo cambian las cosas casi sin darse cuenta. Las empresas ya no hacen despidos masivos sino recortes de personal o reestructuraciones laborales o redimensionamiento de la nómina (aunque el efecto sea el mismo: engrosar las cifras de desempleo). El diplomado o curso que va a tomar el próximo mes ya no es un gasto sino una inversión (lea bien el aviso y verá).

Los hombres ya no son impotentes sino que sufren de disfunción eréctil (disimula más el bochorno pero es más difícil de explicarlo). Las compañías ya no se venden sino que buscan un socio estratégico (que quiere llegar a mandar) o se fusionan (con una más grande, que se las devora) para decir que cambiaron de dueños. Y ahora las empresas públicas buscan socios para una capitalización o inyección de capital que les ayude a 'modernizarse' (cuando tienen la urgencia de conseguir plata para no acabar de quebrarse), no es que quieran privatizarla.

Los tullidos pasaron a ser inválidos, luego minusválidos, después a ser limitados físicos, para dar paso a los discapacitados y ahora son personas con discapacidad o en situación de discapacidad. Los gordos o regordetes ‘perdieron’ unos cuantos kilos gracias a que pasaron a ser robustos y ahora son personas con sobrepeso (que sufren de una enfermedad porque no pueden cerrar la boca).

La lista sigue y seguirá creciendo y cambiando por aquello de ‘hablar políticamente correcto’ o dicho de manera clara, por querer crear una nueva realidad a partir del poder que tienen las palabras, en estos casos, unas que suenen suaves y discretas.

LA FUERZA DE LAS PALABRAS Aunque la expresión, de origen anglosajón, no está admitida por la Academia Española de la Lengua, en el Diccionario de usos y dudas del español actual, de José Martín de Sousa, hay una referencia: lo ‘políticamente correcto’ es “un lenguaje que evita cualquier palabra o expresión que pueda resultar molesta para una persona o grupo social. Socialmente cortés o adecuado”.

Este tipo de expresiones son el resultado de las luchas que dieron los negros -o afroamericanos, para decirlo políticamente correcto- por sus derechos civiles en E.U., que además de los logros que alcanzaron y del cambio en el comportamiento de la sociedad vinieron acompañadas de transformaciones en el lenguaje que evidencia -y al tiempo difunde- esas nuevas realidades.

Así mismo ha sucedido con otros grupos o minorías -como las mujeres, los homosexuales, las personas con discapacidad, etc.- en su batalla por dejar de ser y sentirse estigmatizados, señalados o marginados. Además de la lucha por sus derechos como la equidad, la inclusión y el poder hacerse visibles también quieren cambiar las etiquetas que les han puesto y decidir ellos mismos cómo quieren llamarse y ser llamados. La idea con lo ‘políticamente correcto’ es no herir susceptibilidades ni ofender a nadie pero en esa medida también se puede caer en los eufemismos.

“Con estas expresiones se puede evadir la sinceridad para quedar bien con el otro. En ocasiones pueden ser expresiones o frases afectadas o melindrosas”, dice Cleóvulo Sabogal, de la oficina de información de la Academia Nacional de la Lengua.

Y como las palabras están cargadas de significados y connotaciones, hay que ayudarse de ellas cuando se quiere transformar una realidad o que la representen de otra manera. Según Zenaida Osorio, catedrática de la Universidad Nacional, “hay relaciones complejas, no obvias, entre lenguaje y pensamiento, lenguaje y sensibilidad. La palabras no solo reflejan el mundo, son el mundo”. De ahí su fuerza.

EL CAMBIO Incluso, las palabras originales, por decirlo así -en ciertos casos- se pueden seguir utilizando, porque el carácter peyorativo que puedan tener, muchas veces depende del contexto en que se digan y hasta del tono que se utilice al decirlas.

Cuando se quiere matizar tanto la realidad, muchas veces se termina confundiendo. De hecho alguien dijo: “compañero inseparable de la desinformación son los eufemismos”.

“Cuando tu cambias tus palabras pero no cambias o amplias tu visión del mundo, tu modo de compresión de aquello que estás nombrando, pasa muy poco.

Usas el lenguaje como nomenclatura, como un signo vacío”, dice Osorio.

Y si lo que se quiere es cambiar, hay que contextualizar.

TRANSFORMACIONES.

CASOS. Por considerar que tiene una connotación peyorativa o discriminatoria, negro pasó a ser moreno, persona de color, afroamericano, de ascendencia africana...

* VIEJO pasó a ser anciano, de la tercera edad y ahora va en adulto mayor.

* SIRVIENTA (que sirve), manteca (se cocinaba con manteca), criada (porque se había criado en la casa), muchacha (por la edad), empleada y ahora persona del servicio doméstico.

* SORDO se reemplazó por hipoacústico, a déficit sensorial auditivo, a persona con discapacidad auditiva.

Cada palabra se usó poniendo el énfasis en algo, algo que luego cambió y ya no se siente bien nombrado por esa palabra.

.

‘Políticamente correcto’ en la empresa En el ámbito corporativo no se usa el término ‘políticamente correcto’ como tal pero sí se aplica.

“Sobre todo en momentos de crisis, cuando hay que manejar una comunicación estratégica y responsable. Lo que se diga va a afectar a cualquiera de las audiencias de esa empresa y tal vez también pueda tener implicaciones legales”, dice Elvira Carmen Aparicio, presidenta de Diez, firma especializada en reputación corporativa.

Eso, según la asesora, no implica decir mentiras, como muchos creen ni maquillar la verdad “porque la mentira siempre se va a saber y las complicaciones son inminentes. Se trata de decir las cosas de manera cuidadosa y responsable”.

Para Miguel Silva, de la empresa Gravitas, “es una ilusión que un lenguaje eufemista va quitar el dolor de una decisión empresarial dura como un despido masivo”.

Según Silva, “enseñamos a los empresarios que en momentos de crisis, la regla dorada es decir la verdad y decirla rápido. Lo más importante en esos momentos es contener el daño y la mejor manera de hacerlo es enfrentar la situación con sinceridad”.

Hablar ‘políticamente correcto’ es un triunfo de las luchas civiles, y que se utiliza más en el ámbito social para la inclusión y reconocimiento de grupos o minorías, pero también ha permeado diferentes sectores que buscan decir ciertas cosas de manera que no generen un impacto no deseado a pesar de las circunstancias. “Lo malo que tiene es que a veces es una pantalla impuesta desde afuera y no refleja lo que realmente está dentro”, dice Silva.

En este sentido, lo ‘políticamente correcto’ se ha ‘filtrado’ en las compañías que suelen usarlo en situaciones como: 1. Cuando se están moviendo temas de gestión de recursos humanos y condiciones laborales, más si hay sindicatos de por medio, porque las palabras que se utilicen pueden tener implicaciones hasta legales.

2. En temas de responsabilidad social corporativa, que, además de ser un mandato, busca ganarse la favorabilidad del entorno.

3. Cuando hay casos de fusiones y adquisiciones, deben quedar muy claros los términos tanto con los empleados como hacia afuera para evitar susceptibilidades.

4. En casos de contratación pública con el Estado en los que hay inconvenientes, debe haber un lenguaje ‘amistoso’.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.