ROSARIO DE PERLAS

ROSARIO DE PERLAS

Con mucho gusto doy respuesta a la pregunta que me formula D Artagnan en su Torre del 12 de octubre sobre si se dice perinola o pirinola, arequipe o ariquipe, pepitoria o pipitoria. Vamos pues con la primera duda. El Diccionario de la Academia sólo avala como legítima la voz perinola en la conocida acepción de pequeña peonza, así como también en la menos conocida de mujer pequeña de cuerpo y vivaracha . Sin embargo, tanto el Diccionario de Colombianismos de Alario di Filippo, como el de Haensch y Werner, que acaba de publicar el Instituto Caro y Cuervo incluyen y aceptan pirinola dentro de tales vocablos, de lo que se infiere claramente que ambas formas pueden ser usadas sin problemas.

21 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

En cuanto a la segunda, el Diccionario de la Academia sólo admite arequipe. Curiosamente, a la vez que presenta la palabra como colombianismo, afirma que se originó en la ciudad peruana de Arequipa, pese a que la define, muy a la usanza colombiana, como dulce de leche . Los dos lexicones locales antes mencionados, si bien presentan ante todo el vocablo arequipe aceptan el colombianismo ariquipe.

Así, pues, apreciado D Artagnan, seguiremos incrementando alegremente nuestros kilajes con suculentas dosis de arequipe o ariquipe. Respecto a la tercera duda, sólo diremos pepitoria.

En el número de Credencial de octubre, y en su crónica sobre la isla de la Gorgona, Iván Beltrán Castillo se refiere a un valeroso guerrero de la Independencia cuya intervención en la batalla del Pantano de Vargas fue sustancial para la concitación del triunfo. Veamos ante todo cómo define el Diccionario de la Academia el verbo concitar: 1. Conmover, instigar a uno contra otro. 2. Excitar inquietudes y sediciones en el ánimo de los demás. 3. Reunir, congregar. Después de leer y analizar con máximo cuidado estas tres definiciones, confío, estimado Iván, en que admitirás que ninguna de ellas tiene la menor conexión con el acto de librar y ganar una batalla. Es claro que, sin necesidad de traer de las físicas mechas la indefensa concitación a tu relato, bien habrías podido decirnos que su actuación fue decisiva en el logro o la obtención del triunfo.

Cuándo desterraremos el antipático pent-house de nuestro vocabulario cotidiano? Reiteradamente he expresado en esta columna mi convicción de que los idiomas son organismos vivos y dinámicos que en todo momento deben estar listos para admitir y asimilar voces foráneas cuando éstas vienen a llenar auténticos vacíos. Pero ocurre que en este caso el detestable pent-house no nos presta servicio alguno puesto que en nuestro idioma tenemos el ático que es, sencillamente, la palabra española que nos da la perfecta equivalencia de pent-house.

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