TRES OREJAS EN LA SANTAMARÍA

TRES OREJAS EN LA SANTAMARÍA

Con amago de lluvia y casi media entrada, se realizó el domingo en la plaza de toros de Santamaría de Bogotá una corrida de toros, fuera de abono de temporada, en la que tomó su alternativa como matador de toros Sebastián Vargas. Se lidió un encierro de la ganadería de Santa Bárbara. Y un toro de Icuasuco, que fue bravo, peleó con fuerza en el caballo. Toros bien presentados, excepto el lidiado en sexto lugar, que, además, no dio juego. pero en general los astados fueron cómodos para los toreros y se dejaron. El encierro le deja al ganadero un buen balance.

25 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Al burel con que se graduó el novel torero Sebastián Vargas le ejecutó tres verónicas de buen corte, rematadas con media y lo llevó bien hacia el caballo. Con la muleta efectuó derechazos con arte y temple. Pero esos deseos de triunfo lo llevaron a ahogar un poco al animal, y ahí quedó todo. Mató de estocada entera, desprendida y vuelta.

En su segundo (sexto de la tarde) no pudo hacer casi nada, pues el toro, en verdad, se rajó desde el comienzo. Mató fácil.

Se confirmó lo dicho del magnífico momento por el que pasa Nelson Segura. Ayer, en sus dos enemigos demostró que torea con profundidad, que le funciona la cabeza, que domina los toros. En su primero, que no tuvo una embestida continua, Segura le trazó buenos derechazos, con temple y mando, porfiando mucho. Por el pitón izquierdo el animal no servía. Pinchazo sin soltar, tres cuartos y descabello. Lo obligaron a dar la vuelta.

Pero fue en el segundo de los suyos donde mostró lo que sabe. Estuvo valiente e inteligente. Logró lo que parecía imposible, como era someter a un astado que embestía mirando las nubes y tirando gañafonazos. Hecho esto, le ejecutó tandas con profundidad y temple. Pinchazo y estocada, y cortó una oreja.

César Camacho volvió a demostrar ayer que es un gran banderillero, que llega al público con suma facilidad. En su primero, que no se empleó en la capa, excepto en un quite que le salió lucido, con la muleta ejecutó tres estatuarios y un bonito trincherazo. Supo aprovechar la embestida del animal sobre la mano diestra en la que logró cuajar dos tandas. Eso y las banderillas fueron suficientes para que le otorgaran una oreja, un poco generosamente, porque además había pinchado.

En el quinto de la tarde, un astado que llegó violento a la muleta, lo aguantó y le ejecutó pases no ligados, pero con mucho valor que entusiasmaron a la afición. Otra vez, su labor de conjunto, y a petición de la afición, le otorgaron otra oreja, esta sí más merecida porque ejecutó un estocadón.

Se ha doctorado, pues, otro torero, Sebastián Várgas, que al decir de los más entendidos, y así parece, es una promesa porque tiene oficio, valor y deseos de ser figura.

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