¿En qué nos parecemos a las ranas?

¿En qué nos parecemos a las ranas?

A continuación compartimos un interesante artículo -‘Buscando la diferencia’- publicado en All marketers are liars -Seth Godin, que puede ser de gran utilidad para los creativos, los innovadores, los candidatos en campaña, los analistas del entorno, y los expertos en marketing:

23 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

“El cerebro de la rana toro pesa unos veinticuatro gramos. ¿Y el del humano? Unas sesenta veces más. Una rana pequeña de jardín quizá tendrá un cerebro de diez gramos. Es evidente que los humanos tienen una ventaja significativa sobre las ranas arbóreas en lo que se refiere a la capacidad cerebral.

Una parte sorprendentemente grande de nuestro cerebro se dedica a la facultad visual y a la capacidad de actuar en consecuencia según lo que hayamos visto. Ver es difícil, y reaccionar con rapidez a lo que acabamos de ver utiliza una fracción desproporcionada de tejido cerebral.

Pese a la sustancial inversión en capacidad cerebral realizada por la evolución humana, y pese el enorme número de neuronas dedicadas a la función visual y a la aptitud para procesar lo visto, la mayoría de las personas son incapaces de atrapar una mosca al vuelo con la lengua (ni de cualquier otra manera). La mosca es demasiado rápida y nosotros demasiado lentos. En cambio, la rana lo hace todos los días.

¿Cómo le saca la rana tanto partido a lo poco que tiene? Con su cerebro minúsculo, ¿cómo descubre a la mosca, sigue su vuelo, apunta con la lengua, dispara y acierta capturando a la mosca en una fracción de segundo? La rana ha optimizado su cerebro para cazar moscas. Resulta que las ranas son incapaces de ver nada que esté inmóvil. Rodeado de insectos recién muertos, el batracio muere de hambre, ante la imposibilidad de distinguir la abundancia de alimento que le rodea. Pero al mismo tiempo, la rana puede atrapar una mosca al vuelo con la lengua, y con acierto superior al de cualquier humano.

¿En qué consiste el secreto de la rana? En que sólo presta atención a los cambios del entorno. Su cerebro sabe hacer bien una sola cosa, que es explorar el cielo en busca de bichos voladores. Al ignorar todos los objetos estáticos y fijarse sólo en la novedad, trabaja con eficiencia muy superior a la de cualquier cerebro humano, cuando se trata de atrapar moscas.

Pero los humanos utilizamos la misma estrategia mucho más a menudo de lo que parece. No para cazar moscas, por supuesto, sino para poder asimilar el enorme influjo de datos que enfrentamos todos los días. ¿Quién no ha visto cómo pasaba de 999 a 1.000 el cuentakilómetros de su coche? Y sin embargo, no circulamos pendientes del cuentakilómetros todo el rato. Por alguna extraña coincidencia, resulta que nuestra atención se vuelve a él en el instante del gran cambio. Es obvio que en realidad no se trata de ninguna coincidencia.

Exploramos constantemente el mundo que nos rodea para fijarnos en los cambios. Uno entra en casa y si hay un cambio inesperado, de inmediato repara en él y le da un vuelco el corazón. Uno mira el reloj una docena de veces seguidas sin enterarse conscientemente de la hora que marca… pero entonces recuerda que se le ha hecho tarde para algo, y en ese preciso instante, el dato de la hora salta al primer plano mental.

Sí, hacemos como las ranas. Nos fijamos sobre todo en los cambios. No atrapamos moscas. Pero descubrimos de una ojeada si hay una marca nueva de cerveza en la estantería del supermercado, o si el cartero lleva un corte de pelo diferente ”.

"Crear diferencias es la clave para capturar la atención”.

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