Las ventajas de la sudadera

Las ventajas de la sudadera

Al menos tres matrimonios entre grupos criminales y sectores de la clase política ha tenido Colombia en las últimas tres décadas.

22 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

El primero fue entre Escobar y su cartel con políticos, más allá de Antioquia, en la creación de un movimiento de alcance nacional. Pocas pruebas han surgido de este matrimonio. Algunos videos, la evidencia de la participación de conocidos políticos, delaciones parciales de secuaces de Escobar, pero no hubo proceso judicial que investigara esta relación. El segundo fue el proceso 8.000, matrimonio entre el cartel de Cali y parte de la clase política, que condenó a casi 30 congresistas a varios años de cárcel. Hubo proceso, que fue posible por la captura del contador del cartel, de apellido Palomari, y de la contabilidad del grupo criminal, por la ulterior investigación de la Fiscalía y por el juzgamiento de la Corte Suprema. El tercero lo estamos presenciando entre sectores políticos y paramilitares. Un país al que le pasa esto tres veces es porque no se ha preguntado cómo hacer para no repetir esta tragedia.

Por eso, por darle seriedad a algo que debe ser serio, vale la pena dejar que se decanten las apresuradas propuestas que han saltado de todos lados para remediar la situación. Adelanto de elecciones, como lo propuso Martha Lucía, suena populista. Régimen parlamentario, después de salir de Palacio, de Benedetti, es, por decir lo menos, una idea extemporánea. Hace unos tres años se debatió bastante en el Senado. Hay muchos que ven bien este tipo de régimen (me cuento entre ellos), pero cuando el parlamento pasa por un gran desprestigio, salir a proponer régimen parlamentario es bastante fuera de foco, así sea Uribe el que haya dado el visto bueno. ¿O será para meter por ahí la tercera reelección? Pero, para no ser suspicaz, hay que reconocer que toca hacer algo entre todos.

Urgente acordar medidas para que no se repita lo presente. Que no entren suplentes a gozar de los votos cuestionados; que se devuelva la plata; que respondan quienes permitieron que las listas tuvieran personas ya sospechosas. Eso sería ideal, pero ya. No con reformas constitucionales eternas, que acabarían llenas de ‘micos’. Que se amparen los derechos a elegir y ser elegidos es lo que debemos pedir a autoridades judiciales.

Además, hay que reformar el régimen electoral, sobre lo cual el liberalismo ya ha presentado una propuesta, para que las elecciones de octubre no tengan el virus ‘paraco’. Y, sería lo primero, hay que quitarle espacio al clientelismo, pues el paramilitarismo es su hermano de sangre. ¿Por qué no subir el umbral? ¿O quitar el nefasto voto preferente, que reproduce microempresas electorales? ¿O eliminar las contralorías departamentales, que engendran pactos de complicidad? Son muchos los temas, pero falta ver la real voluntad de cambiar el estado de cosas político.

Los colombianos de todas las clases sociales utilizamos sudadera en días de descanso, no para hacer deporte, sino como traje de calle. Vamos al mercado en sudadera, nos quedamos en casa en sudadera, vamos a recoger a los niños en sudadera, en fin, usamos esa prenda para cualquier cosa, menos para sudar. Más que por comodidad, la utilizamos para acallar nuestra conciencia por no hacer deporte. Tener la sudadera puesta en Carulla nos deja una apariencia ante los otros, o nos deja la conciencia tranquila por aquello del ejercicio corporal. Aunque no lo hagamos, al menos estamos listos. Eso pasa con las propuestas sobre cómo superar la ‘parapolítica’, que toca severamente a la coalición gubernamental en el Congreso y en otros centros de poder político. Muchas son para eso, para aparentar buena disposición ante extraños, o para quedar tranquilos con la conciencia en cuanto que sí se propuso algo.

Así son las iniciativas de muchos, especialmente de algunos uribistas, que más parecen una “sudadera ética” para aparentar deseos de cambiar las cosas.

Las que se incubaron en sus respectivos nidos.

rafaelpardo@rafaelpardo.com

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