El volcán del Huila se despierta

El volcán del Huila se despierta

Los paeces de Tierradentro consideran que el nevado del Huila, con sus hielos perpetuos y su arriscado pico, es un lugar sagrado, y a él se encomiendan para que les brinde paz. Desde el lunes, al ver que por primera vez arroja fumarolas y amenaza con una erupción, están convencidos de que el dios de la naturaleza fue profanado y se ha vuelto contra ellos.

22 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

Serán los vulcanólogos quienes digan si es así, si la actividad de una de las más altas cumbres andinas de Colombia es producto de las alteraciones introducidas por la mano del hombre en el equilibrio ecológico. No parece serlo en este caso, pues nace de las entrañas de la Tierra. Pero coincide con una época de calentamiento que mengua la nieve en los picos y podría deshelar por completo las montañas que en otros tiempos inspiraban respeto a los indígenas y solaz a los amantes de la naturaleza.

El nevado del Huila, de 5.364 metros, empezó a trepidar en la madrugada del lunes, y entre los 700 pequeños temblores que registraron los sismógrafos, algunos alcanzaron perceptibles niveles de 2,2 grados Richter. Para contribuir a la inquietud de los 20 mil habitantes de la zona oriental del Cauca, donde yacen los municipios de Belalcázar y Páez, el volcán, carente de boca, exhibe una fisura por donde expulsa humo sulfuroso. No había sucedido en la memoria reciente. El Huila llevaba más de medio milenio dormido y en los últimos 10 mil años no ha expulsado lava.

Los expertos no descartan que ahora pueda ocurrir todo lo que antes no pasó.

Y sería una catástrofe. En junio de 1994, un sismo de grado 6,4 represó el río Páez, arrasó las cuencas de otros cauces y provocó la muerte o desaparición de más de mil pobladores. Recordemos que en 1985 un episodio similar, originado en el nevado del Ruiz, hundió para siempre a Armero y sus habitantes en un mar de lodo.

El Instituto Colombiano de Geología y Minería (Ingeominas) vigila este y otros 14 volcanes, pero no puede hacerlo en condiciones óptimas por razones típicamente colombianas: unos telémetros están averiados y otros, en territorio de guerrilla. Los signos detectados aconsejan mantenerse alerta, como sucede con esta clase de fenómenos naturales. En el caso del Ruiz, se desoyeron algunos signos, y en el del huracán ‘Katrina’ la imprevisión costó la vida de miles de personas. Que no nos sorprenda el volcán del Huila como pilló el Vesubio a los antiguos pompeyanos hace 1.928 años: confiados y entregados a sus actividades cotidianas.

editorial@eltiempo.com.co

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