Es tiempo de soñar

Es tiempo de soñar

Los prejuicios que muchos tienen respecto al cine musical parten de intentar medirlo con el mismo rasero con el que se juzga a otros géneros cinematográficos, y eso es un error. Al musical, más que verosimilitud y personajes tridimensionales, se le debe pedir ingenio sonoro y visual, composiciones llamativas, coreografías de gran vigor e ingenio, así como el poseer alegría, ritmo, buenas voces.

22 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

No por nada el musical ha sido el género escapista por excelencia: alivio de celuloide en la crisis de Wall Street, refugio de las penurias de la II Guerra Mundial. En sus imágenes, la gente encontraba el solaz y la fe que la realidad se encargaba de quitarle al salir del teatro. Por eso, los grandes estudios –con la MGM a la cabeza– se encargaban de darles un lustro especial a esas películas, de dedicarles los más grandes recursos y talentos, de otorgarles los mayores valores de producción. Había que lograr que el público soñara, costara lo que costara.

Por eso, siempre es grato volver a ver una película musical, y mejor aún si esta es nueva, como es el caso de Soñadoras (Dreamgirls, 2006), una versión fílmica del musical homónimo de Broadway de los años 80, en esta ocasión adaptado y dirigido para la pantalla por el neoyorquino Bill Condon, el responsable de películas como Gods and Monsters (1998) y Kinsey (2004).

Desde un principio, las imágenes nos insertan en una descarga de música que, por lo menos en la primera hora del metraje, casi nunca se va a detener: estamos en los terrenos del estilo de la Motown en los años 60, siguiendo el nacimiento y consolidación de un dotado trío vocal, inspirado y modelado en la trayectoria de The Supremes y su estrella Diana Ross. Hay en pantalla un enorme talento, representado en nombres como Jaime Foxx, Eddie Murphy, Danny Glover, la bella Beyoncé Knowles y, sobre todo, en la debutante Jennifer Hudson, finalista del programa American Idol y que aquí demuestra unas facultades que ya le dieron un Globo de Oro y que la tienen candidatizada al Oscar como mejor actriz de reparto.

La fuerza de las actuaciones, canciones y presentaciones en vivo llenan con su ritmo una película que es puro entretenimiento, pero de un nivel como solo Hollywood sabe hacer. No importa que esta historia conduzca a lugares comunes y conocidos, eso pasa a ser secundario cuando disfrutamos tanto una golosina visual y auditiva de estas características. El cine musical lo logró otra vez: nos hizo soñar, nos alegró un rato, le dio calor a nuestro espíritu. Y eso, en estos tiempos difíciles, ya es un triunfo. jcga@une.net.co

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