DE PRONTO UNA

DE PRONTO UNA

Hay una anécdota que debería conocer cualquiera con autoridad en Colombia. Del general Córdoba y del magistrado que lo condenó. Cuenta Núñez que se temía que el general, absuelto por el resto de la Corte, aplastara al juez inerme. Pero el guerrero honró al juez en muestra de obediencia a la ley y de cómo la autoridad debe ser la primera en respetarla. Algo normal, pero que debe recordarse en una sociedad donde con frecuencia desoladora se justifican extralimitaciones por parte de la autoridad, con las de la delincuencia o la rebelión. Uno de esos criterios deformados, como creer que el orden depende en primer lugar del número o eficacia de los galiles, y no de la justicia de la autoridad o su respeto a la ley. Un país puede llamarse civilizado cuando su autoridad esté desarmada. Hay defensas de la democracia que incitan a la desobediencia. Una particularmente chocante presenta como subversiva a la crítica. Lo más democrático es el examen al poder y lo menos la adulación y el unanimi

25 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

La dificultad cambia en cuanto se admite. Poco ha adelantado Colombia en esto, nacional e internacionalmente, con la conducta miope de atribuir enteramente la inquietud al respecto a conspiraciones subversivas o externas, estas ya sin sentido, o a la malquerencia al país de gente malintencionada. Sin desconocer que el tema sea susceptible de manipulación como efecto y a la vez causa del enfrentamiento interno, se ha acudido para manejarlo también a la teoría del incidente aislado, de la investigación exhaustiva, o a la excusa de un comportamiento individual que absorbe lo abstracto de la institución. Hay ahora en cambio la impresión de que se va a hacer frente a algo que no es disculpable en ningún caso, pero mucho menos en la autoridad, cuya aceptación depende en gran manera de este punto.

Hay que admitir que el ambiente nuevo en algo tan definitivo para la pacificación del país como los derechos humanos, es una satisfacción para quienes creen que las sociedades agradecen más la justicia que la fuerza. El país cambiará y saldrá de situaciones aparentemente insolubles, en la medida en que asuntos como este sean bandera del poder y no de sus contradictores. Para el gobierno y para las autoridades no habrá a la larga victoria mayor que el respeto de la gente. Por lo menos así resultó con el general Córdoba y el magistrado de la historia.

BURGUESIA NACIONAL? Tal vez el cepalismo que representó Carlos Lleras en Colombia fue la burguesía nacional que buscaban algunas izquierdas continentales como aliadas para una revolución democrática liberal. Protección a la industria nacional, independencia frente al capital y los organismos internacionales, reformismo como el agrario, pero sobre todo intervención estatal como agente de redistribución y desarrollo interno etc. Otras mentalidades ahora visiblemente superadas. Dentro de ópticas inmediatistas, Lleras sería otro derrotado. Como las izquierdas que entonces ignoraron posiciones como la suya, que defendían un liberalismo de matices de izquierda. Entre otras, él fue el único dirigente nacional que en alguna ocasión les tendió la mano a los redactores de Alternativa, encerrados en el todo o nada. El ex presidente terminó en una soledad política aumentada por la desaparición de Galán, y reflejada en su negativa a dejarse velar por el Congreso. Una reafirmación de lo suyo frente a lo de ahora. La muerte, sin embargo, devuelve a su sitio muchas cosas.

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