CANCIONES DE MAHLER:

CANCIONES DE MAHLER:

25 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Un concierto especialmente llamativo de los últimos días fue el del pasado sábado 15 del presente mes, dentro de la temporada anual de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, en el Auditorio de la Universidad Nacional. Lo dirigió el maestro chileno Francisco Rettig, y constó de dos partes. En la primera se escuchó una cálida versión de la inmortal Sinfonía Inconclusa, la octava, en sí menor, D. 759, de Schubert. Siempre bien venida, pero al fin y al cabo no era ninguna novedad, como sí lo fue la segunda parte del concierto, anunciada en el programa como estreno de Des Knaben Wunderhorn (El maravilloso cuerno del mancebo) de Gustav Mahler; se trataba, como era fácil suponerlo, de la famosa colección de dos series, cada una con cinco canciones, extraídas para su musicalización por Mahler de la popular antología de Achim von Arnim y Clemens Brentano, tesoro inapreciable de la lengua alemana en el campo popular.

Las canciones en cuestión son diez, en dos grupos de cinco cada uno. Pero en la versión presentada se omitió la tercera del segundo grupo, es decir, la octava de la serie musicalizada por Mahler, cuyo nombre en español sería Canción del prisionero de la torre. Las nueve restantes se ofrecieron en un desorden arbitrario, comenzando por una de las más admirables, que en la colección original es la penúltima, donde las bellas trompetas suenan, para mezzosoprano. El resto se presentó caprichosamente, oyéndose las nueve restantes junto con tres más, que no hacen parte de la obra original. Estas son unas para mezzosoprano, otras para barítono, y tres, aquellas cuyo texto dialogado así lo justifica, para dúo de ambas voces.

Pero en el concierto comentado se cantaron 12, a saber las nueve de la serie y tres más. Estas fueron El tamborcillo (Der tamboursg sell) y la llamada Revelge, también de tema tamboril, y Urlicht (Luz primaria, en la traducción ofrecida), que proviene de la Segunda Sinfonía. Las canciones referentes a tambores (dos, bellísimas) aparecen editadas en un grupo de Ultimas canciones .

Se escucharon, en definitiva, 12 canciones. Sus intérpretes fueron, alternativa o conjuntamente, la mezzosoprano Martha Senn y el barítono Juan Carlos Mera. No fue sorpresiva, por descontada, la actuación de la primera; pero sí la del segundo, figura muy apreciada y controvertida de la Opera de Colombia; el barítono Juan Carlos Mera se nos presenta ahora como muy fino liderista, como muy comprensivo intérprete de un género especialmente exigente. A última hora, al iniciarse la parte mahleriana, se entregó al público la indispensable traducción de los textos alemanes, que fue de mucho provecho por no ser ni mucho menos familiares para la mayoría de los asistentes. En este punto vale la pena insistir, como en otros casos lo hemos hecho, en la repetición de esta clase de conciertos, que sería muy bien recibida por los que la oyen por primera vez, y por los que habrían de repetirlo muy gustosamente. Como se observa por lo que comentamos, se trató de una ocasión única, por ahora, y digna de pluralizarse más de una vez. Y gracias al maestro Rettig, insigne promotor de la música de Mahler, y a su ejército musical, que supieron portarse a la medida en una audición inolvidable.

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