EFECTOS DE LA CAPTURA Los silencios de la coalición uribista

EFECTOS DE LA CAPTURA Los silencios de la coalición uribista

El día en que la Corte Suprema ordenó la captura de seis congresistas uribistas por vínculos con los narcoparamilitares, desde el oráculo del poder le escuché decir a José Obdulio Gaviria que esta “apoteosis de la justicia” se la debíamos a los éxitos de la política de seguridad democrática y a la Ley de Justicia y Paz.

19 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

La tesis, adoptada por la coalición uribista, se ha convertido en el nuevo credo del régimen y en la mejor forma para autoeximir al gobierno de Uribe de cualquier responsabilidad política por evidente que esta sea. De seguir por este camino, solo nos falta que José Obdulio afirme que la llegada del invierno, luego de este intenso verano, se debe también a la política de seguridad democrática y a los éxitos de la Ley de Justicia y Paz, para cerrar con broche de oro la cuadratura de este círculo y darle vía libre a Ciro Ramírez –otro uribista implicado en la ‘parapolítica’– para que desde donde esté vuelva e insista en una tercera reelección del presidente Uribe.

La buena noticia es que hay un número importante de colombianos que no creemos en esas tesis joseobduliescas que les endilgan a políticas gubernamentales poderes sobrenaturales que no tienen. En realidad, ha pasado todo lo contrario: es decir, que si la Corte Suprema ha llegado hasta donde ha llegado, ha sido a pesar del Gobierno y de su coalición. Unos y otros han tratado de deslegitimar las evidencias y los testimonios, comenzando por el de Rafael García, el ex funcionario del DAS que quiso contarlo todo y cuya historia fue revelada por Semana y Cambio. Ese testimonio, cuya publicación le mereció a Alejandro Santos un insulto presidencial en horario triple A, es hoy la piedra angular de la acusación que la Corte Suprema hace contra muchos de los congresistas uribistas que hoy están presos. Lo mismo sucedió cuando se descubrió el computador de ‘Jorge 40’, y Semana publicó sus hallazgos: el primero en desestimarlos fue el Gobierno y hoy la Corte sustenta sus acusaciones sobre estas revelaciones.

Tampoco resulta creíble la salida de algunos uribistas como Gina Parody o Marta Lucía Ramírez a enmendar con proyectos tardíos que en nada cambian esta realidad tan apabullante. Más parecen burros hablando de orejas. En primer término, sus soluciones no cambian la inevitable realidad, según la cual las próximas elecciones de octubre van a estar dominadas también por la ‘parapolítica’.

Los medios estamos llenos de denuncias sobre cómo desde las cárceles se siguen moviendo los hilos del poder. Lo propio ha hecho el Partido Liberal, que ha denunciado la presencia del poder narcoparamilitar en las zonas, pero el Palacio de Nariño insiste en que los ‘paras’ se acabaron y que las bandas emergentes –que en el fondo son las mismas estructuras de poder pero con jefes diferentes– están prácticamente doblegadas por las fuerzas del Estado.

Sin embargo, es probable que en las elecciones de octubre ocurra lo mismo que en las elecciones del 2002, del 2003 y del 2006, escenarios todos del proyecto político que las Auc diseñaron para expandirse y tomarse el poder local y nacional. Una realidad que ha sido documentada con lujo de detalles por la investigación hecha en cabeza de la Fundación Arco Iris.

Pero, además, los miembros de la coalición uribista no le han explicado al país ciertos hechos. Por ejemplo, la forma como muchos de los congresistas presos votaron en su momento la propuesta que había dentro de la Ley de Justicia y Paz de convertir el concierto para delinquir en delito político.

Hoy, varios de ellos están acusados por eso, lo cual les daría la posibilidad de someterse a esa ley. Eso probablemente a José Obdulio le parezca una infeliz coincidencia, pero en términos jurídicos significa que los congresistas legislaron en beneficio propio y que sus votos espurios sirvieron para reelegir al Presidente.

¿A quién se responsabiliza de que la purga en el uribismo hubiera sido una farsa y de que los expulsados de unos partidos hubieran entrado a otros de la misma alianza? ¿Tendrá algo que decirnos Juan Manuel Santos?

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