Transantiago empezó con pie izquierdo

Transantiago empezó con pie izquierdo

Caos, usuarios desesperados y acusaciones de ineficiencia. Transantiago, el sistema integrado de transporte de la capital chilena, no comenzó bien. El pasado sábado 10 de febrero, Santiago enterró formalmente un sistema de transporte colectivo muy parecido al de Bogotá: líneas de buses que cruzaban la ciudad en todas direcciones y en extensos recorridos; guerra del centavo; sobreoferta, buses viejos, etc.

18 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

En su reemplazo se dio vida a un sistema integrado de 132 líneas de buses locales o alimentadores que operan en zonas de las que no pueden salir, 47 troncales y 91 estaciones de metro. Un sistema en el cual se pagaría con una tarjeta magnética y se podrían hacer trasbordos entre todos los componentes del sistema de forma gratuita durante 90 minutos.

El monumental cambio, que involucra a 5.000 buses y cinco líneas de metro, venía planeándose desde el 2002, pero su debut no pudo ser peor.

Las bajas frecuencias de los nuevos recorridos; la ausencia casi total de alimentadores en algunas zonas y la confusión ciudadana frente a un sistema totalmente nuevo, hicieron que las primeras horas del Plan Transantiago fueran una pesadilla para miles de personas. Las portadas de los diarios se llenaron de fotos mostrando a centenares de pasajeros esperando alimentadores y buses troncales que no pasaban, o de buses atestados de gente.

Adicionalmente, el sistema de cobro y recaudo único, mediante la tarjeta magnética BIP, colapsó antes de entrar en funcionamiento. Y toda la operación se hace de momento como antes: pagando con monedas y billetes.

El malestar llegó a tal punto, que la noche del jueves hubo disturbios con barricadas en la popular zona de Peñalolén, al este de Santiago, que dejaron 11 detenidos. A lo que sumaron paros por horas de algunos grupos de choferes que dicen que los empresarios no han cumplido lo que les habían prometido salarialmente.

‘Seguiremos adelante’ Tratando de calmar la furia ciudadana, el gobierno decretó la gratuidad total del sistema de buses hasta que este funcione perfectamente.

La situación se ha venido normalizando con el paso de los días y el Gobierno de la presidenta Michelle Bachelet (socialista), ha dejado claro que a pesar de los problemas, no habrá marcha atrás.

“Este puzzle ya se va armando, seguiremos avanzando, seguiremos adelante”, dijo el subsecretario de Transportes, Danilo Núñez.

Mientras que el ministro de Transportes, Sergio Espejo, declaró que los santiaguinos tardarán al menos seis meses para acostumbrarse al nuevo sistema.

El senador de la derechista Unión de Centro Democrático, UDI, Jovino Novoa, valoró las mejoras de los últimos días, pero criticó al Gobierno. “Nadie está en contra del Transantiago. Pero se puso en marcha un sistema muy importante para la vida de los 6,2 millones de santiaguinos y no se tomaron las medidas adecuadas”.

Cristina Bitar, ex jefa de la campaña presidencial del derechista Joaquín Lavín, fue más conciliadora, y recalcó que este no es sólo un problema del Gobierno. “Es imposible que el Transantiago fracase si todos los santiaguinos ponemos de nuestra parte. Es obvio que los cambios son difíciles en cualquier ámbito de la vida, más aún cuando son cambios tan grandes como este”.

Las quejas de los usuarios predominan, pero también hay miradas positivas.

“Mi opinión es que con el Transantiago se han conseguido dos cosas: primero, se acabó repentinamente la incomunicación de los pasajeros en los buses.

Desde el lunes todos hablan, discuten, cambian ideas, y hasta pelean. Otra cosa es que el ruido del tránsito en las calles céntricas ha bajado en muchos decibeles, al igual que la contaminación”, dijo a EL TIEMPO una joven que abordaba su bus.

Otros, menos optimistas, se preguntan si el sistema estará totalmente ajustado para los primeros días de marzo, cuando vivirá su prueba de fuego, pues casi un millón de escolares volverán a clase y unos dos millones de personas que habitualmente toman vacaciones de verano en febrero, volverán a sus actividades normales.

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