LAS RUTAS DEL DINERO ROBADOS AL EMISOR

LAS RUTAS DEL DINERO ROBADOS AL EMISOR

Hacia la Jagua de Ibirico, en el Cesar, y Barranquilla partieron los dos camiones repartidores de cerveza que la mañana del lunes 17 de octubre abandonaron a Valledupar con 24.000 millones de pesos en efectivo sustraídos de la bóveda del Banco de la República en esa capital. El dinero iba camuflado en la parte central de la carrocería de los vehículos que a los ojos de cualquier parroquiano parecían cargados exclusivamente de cerveza.

27 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Los 15 delincuentes que participaron directamente en el robo (ver recuadro) no actuaron con prisa. Después de salir del banco, se dirigieron hacia la Colchonería Colchoflex, de propiedad de Héctor Ociel Echeverry, quien se encuentra detenido. En ese sitio, se bañaron, se cambiaron de ropa y desayunaron con pollo. Asistían al reparto del dinero.

Tienen que estar pendientes para una nueva reunión , les dijo Jaime Bonilla Esquivel, el abogado a quien se acusa de ser el cerebro del robo. Por ahora cada uno va a coger 50 millones de pesos .

Efectivamente fue lo que se hizo. Los camiones partieron de Valledupar y un número amplio de los partícipes en el robo se desplazó por diferentes medios a Bogotá. Cada quien debía esperar por una llamada de Bonilla.

De lo allegado hasta ahora en la investigación las autoridades concluyen que efectivamente parte del dinero podría estar enterrado, pues el grupo de Bonilla partió de Valledupar hacia el sector de la Jagua de Ibirico con ese propósito.

Parte de los billetes que han entrado en circulación en el comercio y el sistema financiero legal hacen parte de las sumas que recibió cada uno de los asaltantes.

Varios testigos han identificado a los principales partícipes en el robo a partir de un álbum fotográfico que, paradójicamente, tiene un rótulo poco estimulante para las autoridades: sindicados del robo a cajillas de seguridad de la Caja Agraria , más conocidos en el país como los topos .

Esas fotografías serán utilizadas ahora por la Policía Nacional para ofrecer millonarias recompensas a los ciudadanos que colaboren suministrando información que permita capturarlos.

Por lo pronto, las autoridades reconocerán 100 millones de pesos por información que conduzca a la captura del abogado Jaime Bonilla Esquivel y 50 por el resto de miembros de la red de sospechosos.

Por qué están libres los topos ? Aunque su detención se produjo después de que la Policía comprobó que poseían joyas y dólares hurtados durante el robo a la Caja Agraria, no existió una denuncia que permitiera llamarlos a juicio.

Ninguna de las persona que se atrevieron a denunciar lo que perdieron en las cajillas identificó las joyas y el dinero que la Policía incautó , dijo una fuente.

El soborno La indagación a cargo de la Subdirección de Policía Judicial e Investigación (Dijín) indica que los ladrones invirtieron cerca de 70 millones de pesos para cancelar gastos de desplazamiento, hospedaje y soborno de autoridades.

El soborno empezó a gestarse en Bogotá. Bonilla Esquivel buscó al mayor Fabio Guzmán Cuervo. Ambos se conocían desde que de Bonilla ocupó un cargo en el Cuerpo Técnico de la Dirección de Instrucción Criminal, en 1990.

Tras el contacto, Bonilla ofreció varios millones de pesos al oficial para que éste buscara un contacto en Valledupar. El objetivo era garantizar que no habría vigilancia policial en la sede bancaria el día del robo.

El mayor contactó en Bogotá al teniente César Augusto Barrera Caicedo y éste buscó en Valledupar a Juan Carlos Carrillo, su compañero de curso en la Escuela de Cadetes General Santander.

A instancias de Carrillo, el subteniente Jaime Alberto Barón, responsable de coordinar la vigilancia en la zona de la sucursal del Banco de la República, en Valledupar, ordenó en la madrugada del lunes 17 de octubre pasado el desplazamiento de la patrulla de policías que debía custodiar la sede bancaria y los asignó a un puesto que distaba diez metros del edificio en que se produjo el robo.

Se trataba de que no tuviesen visibilidad alguna sobre el área a través de la cual entró el camión empleado en el robo , explicó una fuente.

Los ladrones ofrecieron diez millones de pesos a uno de los 4 oficiales de la Policía que están siendo investigados y entre 20 y 30 a los demás.

El dinero lo entregó un hombre que sólo se conoce como Camilo y quien es señalado como el segundo en la organización. Camilo fue el encargado de comprar en Panamá los compresores y los sopletes que utilizaron los asaltantes para violentar la bóveda.

De otra parte, la acción de las autoridades está dirigida a encontrar los camiones y a tratar de descubrir dónde está oculto el dinero.

En Barranquilla los organismos de seguridad buscan afanosamente a varias personas identificadas únicamente como Gabriel 1, Gabriel 2, alias Calvo , alias Gulliver y Darío.

Entre tanto, la Fiscalía confirmó ayer que el abogado Jaime Bonilla Esquivel trabajó hasta diciembre de 1990 con el Cuerpo Técnico de Investigación que entonces apoyaba la labor de la desaparecida Dirección Nacional de Instrucción Criminal.

De la red de Bucaramanga son buscadas cuatro personas, mientras que en Bogotá las pesquisas están dirigidas a dar con el paradero de otras tres.

Se conoció igualmente que el Ministerio de Defensa condecorará en los próximos días al personal de la Subdirección de Policía Judicial e Investigación (Dijín), que participó en la investigación.

Las cuatro redes del asalto Los investigadores de la Subdirección de Policía Judicial e Investigación (Dijín), han establecido que en el asalto al Emisor en Valledupar participaron cuatro redes de asaltantes en Bogotá, Barranquilla, Bucaramanga y la capital del Cesar.

En Bogotá actuaron el ex funcionario del CTI, Jaime Bonilla Esquivel, Jaime Augusto Niño Maldonado, el teniente de la Policía César Augusto Barrera Caicedo, y el mayor Fabio Guzmán Cuervo. Contra estos sindicados existe orden de captura.

En Valledupar actuaron el propietario de la colchonería Colchoflex, Héctor Ociel Echeverry, Winston Tarifa, celador del Emisor; Horacio Avila, jefe de seguridad del banco y un celador conocido como Matafire .

La tercera red la encabezaban dos hombres apenas conocidos como Gabriel y Darío y dos asaltantes más conocidos como Calvo y Gulliver , quienes coordinaron la operación para ocultar el dinero en Barranquilla y otras regiones de la Costa.

El cuarto grupo de apoyo operó en Bucaramanga y estaba integrado por Juan José Suárez, Martha Bautista y un hombre de apellido Bueno.

Sólo en Bogotá la Dijín había realizado hasta ayer 150 allanamientos en hoteles y residencias del centro, sur y norte de la ciudad en procura de localizar a los restantes integrantes de la organización.

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