Historias de ‘El abrecartas’

Historias de ‘El abrecartas’

Hace pocos días, Vicente Molina Foix vino por primera vez a Bogotá y se fue complacido por el sol que lo acompañó. Le advertimos que así no era siempre, pero igual se fue feliz: este valenciano es amante del clima desértico. De hecho, cuando llega el momento de escribir, deja su residencia en Madrid y se va a la casa que tiene en Marruecos.

17 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

El nombre de Molina Foix ha aparecido como autor de novelas, guiones de cine, ensayos, teatro, poesía, columnas periodísticas... “Yo no creo que sea un mérito especial mío –dice–. Incluso a veces ha sido algo contraproducente porque los novelistas piensan que eres poeta, los poetas que eres cineasta... Creo que todo forma parte de lo mismo: trabajar con la palabra”.

El abrecartas (Anagrama), novela que acaba de lanzar en Colombia, mezcla realidad y ficción, lo que es usual en sus obras. Es un retrato de los últimos 60 años de la historia de España en el que personajes ficticios cruzan cartas con personas reales, como Federico García Lorca o Rafael Alberti.

“Nunca sé a dónde me va a llevar una novela cuando la empiezo. Eso forma parte de mi placer de escribir –dice Molina sobre el nacimiento de El abrecartas–. Cuando lo empecé sólo sabía que quería hacer un libro de lo privado y lo público, a través de una escritura en correspondencia y con la historia como fondo”.

Debió ser un trabajo arduo escribir cada carta cambiando las voces...

Es algo que ha sido muy señalado: cómo cada quien tiene su voz. Desde el primer personaje, que apenas sabe escribir, pasando por las voces de las mujeres burguesas catalanas, hasta personajes como Vicente Aleixandre. En realidad, el libro fue un trabajo de personificación de voces.

Aleixandre es un personaje central de la novela.

Aparece a través de los demás, pero es clave. Fui muy amigo suyo.

Aleixandre fue una presencia importante en mi vida y en mi formación. En la historia española su presencia ha quedado en una especie de limbo. A mí me apetecía contar su elemento humano y pasional. Utilizo cosas que le he oído, las cartas que me enviaba y luego, en la novela, traté de escribir como él.

Usted prácticamente no aparece en 'El abrecartas'.

Aparezco una vez. Se habla de un Molina Foix, crítico, pero no era verdad.

Fue una especie de broma, de autoguiño negativo que me dio gracia hacer. Yo, de algún modo, soy el abrecartas. El que ha escrito y abierto todas las cartas que aparecen en el libro; que es un trabajo indiscreto, como es el trabajo del escritor, que siempre cuenta la vida de los demás así sean inventadas.

Decide hacer una novela de cartas en tiempos en que .

casi no se escriben.

En sobres casi no se escriben. Pero yo sostengo que el email es una recuperación de la carta. La gente escribe. A mí me llegan muchas cartas y me hace ilusión, cuando abro el correo electrónico cada mañana, recibir noticias de mis amigos, aunque tenga que pasar un buen rato también botando mucha basura.

¿Cómo fue el trabajo de investigación para este libro? Yo me documenté, claro, pero la verdad es que he usado mucho más mi memoria. Ya he vivido unos años… A muchas de las personas que salen las he tratado, a otras las he leído y de otras he escuchado. Por ejemplo, Aleixandre hablaba mucho de Federico García Lorca. Así que muchas de las cosas lorquianas que hay es porque se las oído directamente a Aleixandre.

El franquismo, que está en ‘El abrecartas’, es también protagonista de muchas novelas actuales en España.

Sobre todo en los últimos años. El escritor a veces tarda en asimilar, en reelaborar artísticamente. Ha sido en los últimos diez años cuando se ha empezado a hablar de esto. Y en estos últimos dos años ha habido una notable floración de libros en los que se hace un intento por recuperar esa etapa desde la ficción. Antes vivíamos en una especie de pacto de silencio que ha brotado ahora. Lo que no se dijo, lo que no se juzgó, lo que no se puso de relieve cuando murió Franco, la gente lo reclama.

- ¿Cómo están las letras en España? Dicen que se editan dos libros cada día… En España se edita mucho. Pero no se lee tanto, por desgracia. Las tiradas no son altas y algunos libros quedan perdidos. En todo caso, la situación es mejor ahora que cuando empecé. Entonces había mucha censura y era impensable que el escritor viviera de sus libros. Hoy es posible. Yo vivo de lo que escribo.

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