Capturas a ritmo vallenato

Capturas a ritmo vallenato

Este humilde columnista ‘procura’, como decían de una monjita, meterles algo de humor a las columnas. Pero hay unas en las que el humor cae como los chistes en las salas de cuidados intensivos. Esto pasa con el tema del día. Ya comenzaron unos simpáticos a decir que las sesiones del Congreso van a terminar siendo en La Picota. Tampoco. Aparte de que se verían mal vestidos de rayitas mientras se les dice “tiene la palabra el ‘honorable’ senador fulano”.

17 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

No hay que condenar a priori. La justicia dirá la última palabra. Pero lo que está pasando con la ‘parapolítica’ es espantoso y grave de toda gravedad. En este pobre país casi todas las semanas surge un escándalo nacional que tapa el anterior. El ‘Edificio Colombia’, como decía Néstor Helí, da la imagen de uno de esos sospechosos sitios donde hay riñas casi todas las noches, con llegada de patrullas de policía y detenidos elegantes, con escoltas en ‘burbuja’.

Esta vez las detenciones fueron a ritmo vallenato. Sintieron ‘la gota fría’ varios caciques de esa bella tierra del viejo Alejo Durán, del genial y noble Rafael Escalona, de Leandro Díaz, el ciego de oro; de los Zuleta, de Pacho Rada, de Lorenzo Morales, donde la política limpia está más perdida que la custodia de Badillo. Lamentable por el pueblo vallenato e inclusive por los protagonistas de esta triste historia. “Son pesares, compadrito, son pesares, son pesares lo que les ha dado la vida”, digamos parodiando un merenguito.

Esto tenía que suceder tarde o temprano, pues el maldito narcotráfico, el culpable en el fondo de todo este mar picado, se ha llevado a mucha gente.

Prestantes y no tan prestantes familias pagan muy caro la osadía. Personas con preparación, inteligentes, con futuro promisorio, terminan en las garras de las mafias. Y de paso estigmatizan a una región y a su mismo país. Porque la imagen que están proyectando al mundo es de vergüenza.

Por ahora no sabemos qué tan culpables son. O cuál ha sido más malof que el otro. Pero, por el bien de todos, de las víctimas y de sus propias familias, que en el fondo son otras víctimas, que canten todo, al precio que sea, así sea sin acordeón. “La verdad os hará libres”, al menos en la conciencia, que pesa más que las cadenas.

En Colombia ha habido mucho dolor, mucha tragedia. Mucha gente que cantaba esa nota triste con Armando Zabaleta: “No voy a Patillal, porque me mata la tristeza...”. Y no es solo a Patillal, sino al terruño de cada uno, de donde salieron corriendo, dejando la hamaca grande, la cosecha, la casa en el aire, los pocos haberes, el ser querido en una tumba desconocida.

“Ay, es que me duele y es que me duele, y es que me duele, válgame Dios...”, dijo Alejo. Cómo le duele a Colombia esta tragedia. Cómo será que los propios jefes paramilitares, cuando comienzan la confesión, rompen en llanto. ¿Cómo asimilará el colombiano raso esa imagen que los encargados de legislar, los que uno ve por televisión representando al pueblo, “en traje civil” –como dice el Presidente cuando amanece con el fósforo en la mano–, respaldando las iniciativas del Gobierno, mientras estaban comprometidos en delitos graves y calculados? ¿Y que tal vez fueron elegidos en forma fraudulenta? ¿Qué opina usted de la política? ¿Qué imagen tiene hoy del Congreso? ¿Cree que el Presidente sabía? Podrían ser preguntas para una encuesta.

El hecho es que hemos llegado a una descomposición social y política jamás imaginadas, que por fortuna está enfrentando la Corte Suprema con valor.

¿Qué pasará por la cabecita de la bonita Canciller? Imagino su desconsuelo.

Ante semejante situación de su familia, así ella sea ajena, por dignidad debería decirle al Presidente en ritmo de paseo: “Adiós, corazón, que te vaya bien, dame el último adiós, dame el último adiós, que ya pita el tren”.

luioch@eltiempo.com.co

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