¿Avanza o no el caso ‘para’?

¿Avanza o no el caso ‘para’?

No nos equivocamos quienes asignamos a la desmovilización de los mal llamados paramilitares un futuro incierto y un itinerario pleno de dificultades. La complejidad del proceso era inocultable. Las autodefensas se habían adentrado profundamente en los gobiernos seccionales, el Congreso, la política, los debates electorales. Tal parece que ni las Fuerzas Armadas se libraron de la penetración criminal en algunos segmentos de su enorme organismo.

16 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

La desmovilización casi repentina y global tomó al Estado y a la sociedad por sorpresa. Cambiar de súbito la imagen de una fuerza armada trenzada en guerra mortal contra otra que fuera revolucionaria cambió por otra que sumaba a la anterior elementos no imaginados, ni en las cifras de combatientes ni en el tamaño de sus tentáculos, para presentarse como un poder oculto, tenebroso, de un poder corruptor impresionante.

La situación actual del proceso, confuso y con grandes facetas ocultas que a diario producen nuevas sorpresas y revelaciones estremecedoras, puede sintetizarse así: *Los jefes, con excepciones, concentrados en cárcel de máxima seguridad, comienzan sus revelaciones trepidantes para poder acogerse a la ley de Justicia y Paz. Salvatore Mancuso pone al descubierto –en parte hasta ahora– una trayectoria criminal de proporciones monstruosas. Seguirán los demás. La socorrida metáfora del iceberg mueve a pensar que lo peor no aflora aún y que muchos nombres y falsos prestigios habrán de desmoronarse.

*El propio Mancuso señala que miles de ‘paras’ retoman las armas, lo que de ser cierto indicaría que una segunda etapa de su guerra ensombrece el horizonte, de suyo nada claro, de la desmovilización y la reinserción. Si bien la perturbadora afirmación cambiaría por su base la fisonomía del caso, su autor no se ha caracterizado por la veracidad. Podría tratarse de una estratagema para desviar la atención, centrada hoy en obtener la realidad de su proceder.

*Un documento comprometedor involucra un crecido número de parlamentarios en un indefensable acuerdo con las Auc para “refundar” a Colombia. Los interesados se defienden arguyendo que el documento podría ser suscrito por cualquier colectividad política legítima. Es cierto. Lo grave es haberlo concertado con una agrupación en armas, fuera de la ley y caracterizada por su ferocidad asesina.

*Los jefes ‘paras’ sostienen que habrá muchos políticos más comprometidos en alianzas con sus huestes, tanto en la guerra como en los beneficios del narcotráfico, incluidos 80 militares... Si es cierto, el iceberg seguirá descubriendo su verdadero tamaño. Que así sea y que quienes resulten responsables sufran todo el peso de la ley. Aquí, la Corte Suprema de Justicia frente a los congresistas, la Fiscalía y la Justicia según jurisdicciones y competencias de sus órganos, habrán de presentarle al país su idoneidad, su carácter y su eficiencia.

*Las fuerzas políticas se trenzan en rabiosos debates y mutuas recriminaciones, tan estériles como improcedentes. Nada se saca con demostrar que una determinada colectividad tiene tantos de sus miembros envueltos por los tentáculos de la mafia ni qué tan importantes sean. El partido o movimiento afectado está en el deber de depurarse y poner fuera de sus filas al sindicado mientras no demuestre su inocencia. Esta podría ser la coyuntura propicia para que la política se proyecte hacia nuevos destinos y recobre el prestigio perdido, singularmente en la cámaras legislativas.

Así las cosas, declarar por intereses políticos que el proceso fracasó por tan ominoso cúmulo de dificultades no es sensato. Ofrece dificultades enormes. La reinserción de los desmovilizados todavía tiene aristas muy complicadas. La posibilidad de regreso al delito de grupos desmovilizados sigue gravitando sobre una realidad indiscutible. Pero hay que proseguir. La paz así lo impone.

alvatov2@yahoo.com

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