La llamada más esperada: la del día siguiente

La llamada más esperada: la del día siguiente

Nos citamos para almorzar varias amigas y al llegar una de ellas venía con cara de preocupación. “¿Qué pasa?”, fue la pregunta de todas. “Si supieran. Pasé una velada maravillosa y después de tres días el cretino ni siquiera se digna llamarme…”.

15 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

En medio de esta típica conversación femenina, varias respondieron con experiencias semejantes, que reafirmaron la diferencia obvia que existe entre las reacciones femeninas y las masculinas: lo que para un hombre pasa des-apercibido, para la mujer es crucial.

Las calificaciones que se dieron en la charla fueron to-das negativas y se resumen en que el hombre que olvida esta llamada se convierte para muchas en una mala persona, un desleal y queda condenado, no sólo por la víctima sino por quienes se enteran.

Alguna reconoció que este era un ejemplo claro del com-plejo de culpabilidad que aún nos acompaña.

Es como si aún nos castigaran con su silencio o, al contrario, al darnos una llamada nos tranquilizan la conciencia.

La conclusión fue clara: a todas nos gustaría que llama-ran, aunque fuera tarde, y si no lo hacen, esperamos que tengan algún comentario agradable como una referen-cia a nuestro perfume que permaneció en su memoria.

Y en este caso, vale anotar que es mejor que eviten ser chistosos y tener frases del estilo: “¡Me fui sin despedirme porque te sentí roncar!”.

Con eso, solo logran arruinar lo que aún pueden arreglar.

Vale recordar que por libe-rada que se considere una mujer, siempre valora este hecho, y si no se da lo reprueba y reprocha haberse equivocado de parejo.

Es importante que los hom-bres tengan claro que el llamar no implica un vínculo ni es una obligación.

Es un acto de caballerosidad y cortesía.

La relevancia que se le otorga es tal, que esta puede llegar a adquirir el carácter de reconocimiento, no de agradecimiento.

Es una valoración, una re-acción considerada, inclusive, de hombría.

Quien sigue esta práctica siempre será bien recibido y recordado por saber tratar a la mujer, respetarla y darles importancia a las normas que contribuyen a su armonía.

Por el contrario, el no hacerlo, en algunos casos puede llegar a interpretarse inclusive como una censura.

En la charla, las casadas o con relación estable eximieron a sus parejos; sin embargo, dijeron que no sobra que de vez en cuando tengan el detalle de hacer algún comentario parecido a los ya sugeridos.

Que sirva este consejo para demostrar la facilidad con que se puede complacer y hacer feliz a las mujeres de hoy y de siempre.

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