Lisboa tiene más que mar

Lisboa tiene más que mar

Según la leyenda, Lisboa (Portugal) fue fundada por Ulises. Según la historia fueron los fenicios quienes, seguidos por cartagineses, romanos y árabes, le imprimieron un carácter marítimo y mercantil que perdura hasta hoy.

15 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

Sea como fuere, se siente desde el primer momento que la historia de esta ciudad, de poco más de medio millón de habitantes y 84 kilómetros cuadrados, está ligada al mar.

Aunque hay metro, es mejor pasearla en tranvía. Un buen comienzo es el sector de Belén, donde se encuentran los dos monumentos más notables, declarados patrimonios mundiales de la humanidad: el Monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belén.

Los Jerónimos fue construido en el siglo XVI por el rey Manuel I para conmemorar el regreso de Vasco de Gama de la India y es el sitio en que oraron el descubridor y su tripulación la víspera de su partida, en 1497.

La fachada, los portales y los claustros, mezcla gótica y renacentista, son magníficos. Pero, lo que impresiona, es la cúpula de la iglesia que, como un enorme casco de barco invertido, sostiene sus 25 metros de altura y un vano sobre pilares de filigrana en forma de palmeras.

La Torre de Belén, punto de partida y llegada de los viajes de los descubrimientos portugueses, es una construcción militar de salas sobrepuestas, altas garitas y un mirador sobre el estuario desde donde se admira el puente 25 de Abril, cinta de acero suspendida en el aire, que une a Lisboa con las poblaciones de la orilla sur del Tajo que forman su área metropolitana.

La Baixa Pombalina El corazón de Lisboa es la Baixa, zona reconstruida por el marqués de Pombal tras el terremoto de 1755. Cinco años después renace como ejemplo europeo de planificación urbana, con edificios ordenados como los cuadros de un tablero de ajedrez, amplias avenidas y hermosas plazas en donde monumentos, fuentes y casas de azulejos, balcones de hierro forjado y buhardillas, caracterizan la arquitectura lisboeta del siglo XVIII.

Para caminar, la Plaza de Comercio o Terreiro do Paço, rodeada en tres de sus lados por edificios de grandes portales y rematada con una arcada abierta al Tajo; la estación de Rossio, la Plaza de Figueira, la Plaza de los Restauradores y la Plaza del Marqués de Pombal. Y para ver la ciudad iluminada, el mirador de San Pedro de Alcántara y el ascensor de Santa Justa, de 45 metros de altura.

Los contrastes El Barrio Alto es uno de los más elegantes por su arquitectura, tiendas de antigüedades, restaurantes y discotecas afrobrasileñas. Sitio ideal para compras y para saborear la comida típica con un vaso de ginjinha, licor lisboeta de cerezas. Cerca, las ruinas del convento do Carmo, intactas en recuerdo del sismo, hoy museo arqueológico.

Muy diferente es la Alfama, antiguo barrio de pescadores, cuyo origen se remonta al periodo musulmán. Callejones retorcidos y desnivelados cuyas casas casi rozan los hombros y el cielo se ve a través de una rendija entre ventanas con flores, jaulas y canarios. Lugar de pescado en barbacoa y de fados, música nostálgica.

Lisboa moderna Con motivo de la exposición mundial Expo 98, se construyó el Parque de las Naciones, el Oceanario, el Museo de Biología Marina y el puente Vasco de Gama, el segundo más largo de Europa.

La ciudad se insertó en la modernidad con nuevas vías, lujosos centros comerciales, rascacielos de vidrio y cemento e importantes espacios culturales pero, por fortuna, manteniendo su autenticidad y encanto inolvidables.

SI USTED VA.

Los colombianos necesitan la visa Schengen para viajar a Portugal y deben tramitarla con tiempo.

Cómo llegar: De Bogotá no salen vuelos directos a Lisboa. Estas son algunas opciones: Alitalia: Bogotá - Caracas - Milán - Lisboa. Temporada baja US$ 849, alta: US$ 979. Sin impuestos.

Air Madrid: Bogotá - Madrid - Lisboa. Temporada baja: US $851, alta: US$ 1.453, con impuestos de tiquete.

Iberia: Bogotá - Madrid - Lisboa. Temporada baja: US$ 969, alta US$ 1135, con impuestos de tiquete y tasas aeroportuarias.

Qué comer: el bacalao a la brasa o glaseado al vino, plato nacional; el arroz de cabidela y pasteles de Belén.

Qué comprar: lencería, artículos de cuero, madera y mimbre, azulejos decorados a mano y los gallos de barcelós símbolo de Portugal.

Qué visitar: no olvide pasar por las playas de Carcavelos y San Pedro de Estoril, el Santuario de la Virgen de Fátima y los palacios de Sintra. Las excursiones de un día valen desde 87 euros

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