USU, VERDUGO DE LOS TETRAS

USU, VERDUGO DE LOS TETRAS

Es un símbolo indiscutible. Obviamente, hablamos de Albeiro El Palomo Usuriaga. Es solo cuestión de relatar: la famosa revista argentina El Gráfico, de la que no hace falta una mayor presentación, sacó a la luz pública un número especial. Y saben quién está en la portada? Beto Márcico y el Negrazo de Independiente. Discutirle el arraigo a Boca Juniors sería una locura. Por eso, aparece Márcico como estandarte de un equipo que es una invitación diaria, horaria, al infarto cardíaco. Así es Boca y nadie se atreve a una irreverencia. Es el momento más excitante de esta nueva era de César Luis Menotti, apaleado en el campeonato local, con el paliativo indeclinable de ganar la Supercopa Suramericana. Ya está en la final tras apear en el camino nada menos que al coloso del área, Sao Paulo.

28 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Lo verdaderamente sorprendente es que un colombiano, Albeiro Usuriaga, le gane un espacio a la tradición. Y lo más sobresaliente: merecido. Nadie discute que esta máquina de Independiente, aceitada en sus divisiones inferiores, encontró en Usuriaga una pieza fundamental para el engranaje. A los Garnero, López, Rambert les faltaba esa pizca de impredecible para alcanzar un alto voltaje.

Lo del miércoles frente al Cruzeiro fue un concierto. Una muestra de lo que debe ser un delantero. Pique, freno, pausa, sacrificio para marcar, atención para aprovechar los espacios. Todos coincidieron: fue la figura en esta noche sublime de un Independiente. Y lo calificaron, por unanimidad con un 8 (muy bien).

Me siento muy a gusto. Soy conciente que antes de marcar el primer gol, fallé frente a Dida, un arquero grandote, muy bueno, que se para muy bien y achica. Uno lo ve inmenso. Eso le da un doble valor a las conquistas , dijo Usuriaga, un hombre al que le hace falta un sismo para espantarlo.

El primero, suyo y que sirvió para encender las luces en Avellaneda para el categórico 4-0 ante Cruzeiro, fue un cabezazo. Simple. Lo que hay que narrar es lo previo: una diagonal mortífera para el pase de Garnero, ganándole la espalda a los zagueros brasileños. Y en el remate, Dida se la sacó con la pierna. Del tiro de esquina llegó el tanto.

El segundo, tercero en la cuenta y lapidario porque Cruzeiro porfiaba por el descuento, fue una obra de arte: contraataque, pelotazo al vacío, la llegada de Usuriaga, el amague, el enganche hacia adentro, dos pasos, la mirada fría y calculadora, y un zurdazo que se clavó en el ángulo derecho del gigantón Dida.

Tras la genialidad, solo viene la obra de carpintería. Más aún, con un equipo entregado que no encontraba mayores luces, cuya brújula se había ido con ese zapatazo del Negro.

La final Independiente-Boca, prevista para el 2 y 9 de noviembre, reedita la de 1989, cuando se impusieron los boquenses en definición por penales luego de dos empates sin goles.

Independiente es favorito. Dejó en el camino a tres equipos de los tetracampeones del mundo: Santos, Gremio y Cruzeiro. Todos cayeron por goleada en Avellaneda. Y con el sello del Negrazo.

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