Iglesia anula matrimonios por motivos extravagantes

Iglesia anula matrimonios por motivos extravagantes

La inmadurez suele ser uno de los principales motivos de nulidad matrimonial. Pero no es el único. Los tribunales eclesiásticos recientemente han admitido casos como el de una esposa fumadora empedernida, un marido muy dependiente de la madre y una esposa desarreglada.

14 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

Mientras en la católica Italia se debate de manera encendida la legalización de las parejas de hecho –tanto heterosexuales como homosexuales–, la opinión pública se ha visto sorprendida al enterarse de que pueden llegar a ser extravagantes los motivos de anulación matrimonial admitidos por la Iglesia.

No por nada hace dos semanas Benedicto XVI les tiró las orejas a los jueces del Tribunal de la Sacra Rota romana, la última corte de apelación para los casos de nulidad matrimonial, por su laxitud. En el discurso que les dirigió por ocasión de la inauguración del año judicial del Vaticano, el Pontífice no sólo hizo una encendida defensa del matrimonio indisoluble, sino también pidió más rigor al conceder anulaciones.

Durante el 2006, los jueces del Tribunal de la Sacra Rota examinaron 1.679 casos de parejas de 27 países. Asimismo, dictaron 126 sentencias definitivas, de las cuales 69 significaron anulación matrimonial.

En el marco de un progresivo aumento de pedidos de nulidad –en 1982 el tribunal lidió con 287 casos, en 1992 con 824 y en el 2002 con 1.280–, se destacó que últimamente se han incrementado los pedidos por homosexualidad del cónyuge, adicción a drogas e infidelidades.

Uno de ellos fue el de un matrimonio que quedó disuelto porque el marido era demasiado mammone, es decir, tenía una dependencia de la madre tan fuerte que le impedía autonomía, autodeterminación y tomar decisiones solo.

Otro, en cambio, terminó anulado, al menos en primera instancia, porque ella había prometido antes de casarse dejar de fumar, pero tras las nupcias no sólo no cumplió, sino que pasó de un paquete y medio de cigarrillos por día a dos.

También fue motivo de disolución el caso de una esposa, que de novia era muy seductora y estaba siempre arreglada, pero después de tener a su primer bebe cambió abruptamente. De los tacones pasó a deambular en bata y despeinada por la casa, a tener argumentos de conversación poco interesantes y noches poco lujuriosas. “Es como si me hubiera casado con una extraña”, adujo el marido al presentar su solicitud de nulidad, dando rienda suelta a quejas más que comunes a la mayoría de los maridos de todo el mundo. El tribunal eclesiástico decretó la nulidad por “repentino y sustancial cambio de carácter o engaño”.

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