El Oscar y los ‘manitos’

El Oscar y los ‘manitos’

A dos semanas de la entrega de los premios Óscar, el cine mexicano ya es un ganador.

13 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

Tres películas de directores ‘manitos’, Alejandro González-Iñárritu, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón, reunieron 16 nominaciones a los galardones más codiciados del cine mundial. Babel, El laberinto del fauno y Los hijos del hombre son la más reciente muestra del boom cinematográfico de México. Aunque el celuloide ha sido parte fundamental de la cultura mexicana y una de sus más importantes exportaciones al resto de América Latina, estos nuevos filmes mexicanos están más cerca de Tokio o de Madrid que de los mariachis y El Zócalo.

A pesar de contar con el músculo financiero y técnico de los grandes estudios de cine, estos directores mexicanos cuentan historias que tocan fibras en muchas partes del mundo. Por ejemplo, Babel, de González-Iñárritu, hablada en español, japonés, inglés, árabe, francés y beréber, aborda los prejuicios raciales, la intolerancia y la dificultad del entendimiento. Del Toro, en su Laberinto del fauno, reflexiona sobre la posguerra civil española, y Cuarón narra una historia de ciencia ficción donde el futuro reposa en el vientre de una joven.

Con estos nuevos lenguajes, están atrayendo el capital y el recurso artístico necesarios para incursionar con éxito en la industria internacional del cine. También muestran deseos de desarrollar guiones más audaces y abordajes técnicos y estéticos más atractivos. Aunque la lucha en cada categoría no está ganada, la sola cantidad de nominaciones para películas mexicanas no tiene precedente.

Inevitable comparar con la situación del cine colombiano. Los estímulos de ley han activado la producción cinematográfica y, a pesar de las dificultades financieras y técnicas, cada año un número mayor de filmes nacionales llega a las salas. Sin embargo, estas limitaciones llevan a algunos cineastas nacionales a apostarles a fórmulas seguras y repetitivas con demasiado sabor local. El resultado es que, con destacadas excepciones, no pocas películas colombianas están orientadas al público nacional, más que a audiencias internacionales.

Sería renovadora para el cine colombiano la apuesta a narrativas más audaces, con lenguajes más universales. El éxito del nuevo cine mexicano ha reposado, entre otras razones, en la capacidad de sus directores de conectar sus experiencias con otras similares en el globo. Al fin de cuentas, pintando la aldea se puede pintar el mundo.

editorial@eltiempo.com.co

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