CARLOS ESTUVO EN UN BURDEL EN COLOMBIA

CARLOS ESTUVO EN UN BURDEL EN COLOMBIA

Como joven oficial de la Armada británica, el príncipe Carlos visitó un burdel en Colombia y le hizo cosquillas a una bailarina de danzas árabes pero se resistió a dos rubias que le convidaron a fumar marihuana en Hawaii, revela una biografía oficial. Aunque la atención de la opinión pública se centró en los extractos publicados ayer por el diario The Sunday Times que afirmaron que el príncipe tuvo tres romances con Camilla Parker Bowles, las anécdotas del libro sobre sus días en la Armada aclaran de manera singular la personalidad de Carlos.

24 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Cuando servía en su primer buque, el HMS Norfolk, los otros marinos le llevaron en una gira de la zona de tolerancia del puerto francés de Toulon, mientras que visitó un prostíbulo colombiano cuando estaba en otro barco.

Con el HMS Minerva conoció el interior de un burdel colombiano, donde -como observador- notó las llamativas luces verdes y las igualmente llamativas meretrices , dijo la biografía escrita por el periodista Jonathan Dimbleby. Una de estas fulanas me colocó una mano en el muslo, algo que agregó a mi colección otra más de las experiencias esenciales de la vida. No literalmente, claro está , añadió el el príncipe en el extracto del libro.

En Hawaii, dos bellas rubias lo invitaron a que las acompañara a su apartmento después de que las invitó a cenar.

Resultó que lo único que estas chicas querían hacer era intoxicar al príncipe. Es decir, querían que yo fumara la marihuana más cara y poco común , dijo Carlos, según le atribuyó el libro.

Pero el príncipe rechazó la invitación, diciendo que no era fumador y que no le hacía falta estimulación artificial, y se retiró con alguna renuencia porque eran muy divertidas .

En una carta que envió al palacio de Buckingham desde otro lugar exótico, escribió: Intenté hacerle cosquillas a una bailarina de danzas árabes en un hotel donde estábamos cenando. Ella se me acercó y agitó todo delante de mí, así que yo le pasé los dedos por la barriga (que era algo caliente y pegajosa) y ella me pegó en la cabeza con sus castañuelas .

Aunque los encuentros del príncipe se limitaban a coqueteos leves con niñas bonitas que conocía en recepciones y fiestas al aire libre, según el libro, luego sucumbió a los encantos de la hija de un comandante en las Antillas y también se enamoró de la esposa de un jugador de polo en Venezuela.

De ella, Carlos escribió: Nunca en mi vida he tenido bailes como con esta hermosa dama. Ella era increíble y bailaba con toda parte imaginable de su cuerpo. Yo me enamoré perdidamente de ella y bailé alocada y apasionadamente .

En una escala en la isla de Samoa en el Pacífico sur, pasó media hora con una beldad de cabellos oscuros, ratos que según el príncipe debieron haber destruido todas las ilusiones que tenía de mi tras una lectura excesiva de (el semanario femenino) Womans Weekly .

Pero Carlos no recibió con beneplácito toda la atención que le propinaron las mujeres.

En Tonga, el joven marino se encontró bailando con una mujer más que corpulenta. Aparte del hecho de que con ella era como bailar con varios neumáticos de tractor apilados uno encima del otro y que vibraban lentamente en varias direcciones, ella empezó a manosearme con una mirada alocada en los ojos... No era tanto los ojos lo que me preocupaban, sino lo que iba a hacer con sus dientes. Entonces me fui y regresé al barco , recordó el príncipe.

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