Al aprender, las emociones cuentan

Al aprender, las emociones cuentan

Para aprender es mejor estar de buen humor. Simple, ¿no? Pero esa verdad, que para un maestro es fácil de verificar, apenas está empezando a comprobarse científicamente.

11 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

A finales del año pasado, el investigador Adam Anderson, de la Universidad de Toronto (Canadá), lo verificó con un experimento más o menos sencillo.

Mediante estímulos musicales, Anderson incitó a un grupo de niños a estar contentos y a otros, a sentirse estresados. Luego de varias pruebas, encontró que, en efecto, los primeros son más receptivos y aplican mejor su creatividad.

Pero también encontró que a los estresados les iba mejor que a los demás en tareas que requerían de mucha concentración.

“Creemos que la explicación es el mecanismo de selección subyacente, la manera como filtramos la información. Cuando las personas están de buen humor, tienden a ampliar su filtro (de informaciones) y a tener más intuición”, asegura Anderson, profesor de psicología.

En Colombia, decenas de investigadores han llegado a conclusiones parecidas.

En la Universidad de San Buenaventura, en Medellín, Gloria Cecilia Henao encontró que cada emoción y estado de ánimo tiene dos caras.

“Una persona alegre es más exitosa porque su pensamiento es más flexible, trabaja mejor en grupo, reacciona mejor ante el estrés y las pérdidas no las ve tan duras como alguien que maneja afectos negativos. Pero el estudiante que es demasiado extravertido, muy alegre, tiene menos atención y concentración”, asegura Henao.

“Además, en psicología hay una ley llamada Yerkes Dodson, que dice que hay un nivel de ansiedad necesario para mantener una atención adecuada. Por eso, uno ante ciertos niveles de estrés aprende más rápido”, agrega.

De ahí que, para muchos, escribir un ensayo la noche anterior al día de entrega sea más provechoso que hacerlo con calma durante una semana entera.

Incluso, psicólogos afirman que es mejor tener la mente ocupada en varios asuntos a la vez que en uno solo. “Eso sí, tampoco hay que irse al extremo, porque ese ‘estrés benigno’ tiene su límite.

A algunos les va mejor tristes “Pero una cosa son las emociones y otra los estados de ánimo”, aclara Hernán Sierra, investigador del Departamento de Psicología de la Universidad Nacional.

“Las emociones son casi inconscientes y a corto plazo. Pero los estados de ánimo son más duraderos y generan una especie de atmósfera psicológica para el pensamiento, lo facilitan o lo retardan. La depresión o la tristeza lo retardan, mientras alegría y estados eufóricos lo aceleran”, explica.

Sin embargo, Sierra insiste en que la mente de cada persona trabaja a su modo, lo cual explica la cantidad de poetas y escritores que dicen encontrar su inspiración en sus peores días.

“Eso radica mucho en el significado que le dé uno a lo que siente. Si no sabe manejar la tristeza, va a procesar más lento la información. Si la controla, la explota creativamente. Es más común lo primero porque, culturalmente, lo hemos establecido así, no porque psicológicamente sea así”, dice Sierra.

Según el investigador, a muchos maestros les falta perspicacia para detectar las emociones en sus alumnos y enseñarles a sacarles provecho.

Pero no toda la conexión entre conocimiento y emoción está en la escuela, cree la psicóloga Lucía Vargas.

Según ella, los jóvenes de hoy llevan montones de cargas para las que no están preparados, y dice que esto es muy evidente en las nuevas pautas de crianza.

“El adulto actual está involucrando a los niños, sin discriminación de edad ni desarrollo mental, en problemas que no están en capacidad de entender. Se dicen cosas delante de ellos y se les crean preocupaciones que no están en edad de comprender”.

La psicóloga cree que antes de los 12 años es mejor no tocar temas sensibles de la vida familiar. “Hay que dosificarles los problemas”, dice.

Señales de alarma Los expertos insisten en que por lo menos la mitad de los estímulos emocionales que influyen en cómo aprende un niño vienen del maestro y su familia. ¿Qué hacer? “Si el niño está desconcentrado, lo que se tiene que hacer es ayudarlo a orientar el manejo de ese estado afectivo, que el niño se dé cuenta de su situación y que entienda que esa situación la puede expresar no solo con dolor. Puede ser escribiendo un cuento infantil o haciendo un dibujo sobre lo que está sientiendo”, dice Hernán Sierra.

“Estando emocionalmente estable una persona se vincula mejor con otras y está más interesada en progresar y buscar cosas nuevas. Por eso en el aprendizaje el aspecto de la motivación se considera fundamental. Un docente tiene que saber motivar al alumno para que busque ese nuevo conocimiento”, dice Lucía Vargas.

“Cuando en el aula de clase se están observando muchísimos cambios comportamentales hay que actuar. Por ejemplo, cuando los niños son unos ‘jodones’ aunque al comienzo del año no eran tan necios, cuando la figura del maestro está perdiendo relevancia o cuando su grupo está teniendo una pérdida escolar marcada”, comenta Gloria Cecilia Henao.

“La forma de actuar es propiciar la movilización de emociones, de sentimientos, de actitudes más positivas. ¿Cómo? Haciendo que el estudiante logre relatar más experiencias y hable de sus sentimientos. Porque, si uno mira, el profesor más afectivo y que pone más anécdotas es al que uno le aprende más fácil”, agrega Henao.

Lucía Vargas afirma que la cuota de los papás es, al igual que la del maestro, estar atento a las señales de alarma que envían los niños con su forma de actuar. “Si está preocupado porque sus papás se van a separar, el niño deja de interesarse por cosas que para él son interesantes como el juego y el deporte. Un niño que no esté jugando es un indicio de que algo anda mal en su estado de ánimo”.

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XIOMARA, 27 AÑOS “Crecí sin mi papá, pues él se separó de mi mamá cuando yo tenía un año. Eso marcó mucho mi comportamiento y cómo me iba en la escuela. Es muy duro tener buen desempeño con problemas así. Siempre me regañaban por ser desordenada e impulsiva, y eso era muy incómodo y doloroso para mí. En bachillerato me pasó un poco, pero me seguía preguntando por qué nunca tuve un papá”.

LAURA, 10 AÑOS “Estudio en calendario B y estoy terminando tercero. A veces, cuando hay problemas en la casa, me quedo pensando en qué es lo que va a pasar en la familia, si se va a separar, si va a seguir así, si se va a guardar el rencor. Eso me distrae en el colegio porque no pongo atención pensando en la familia. Yo pienso que por cosas así mis calificaciones pueden bajar, aunque no es algo que pase muy seguido. Recuerdo que en noviembre del año pasado estaban mi papá y mi mamá en la casa y se pelearon por un problema que yo entendía. Entonces me sentí triste y eso me afectó un poco en los estudios.

Me distraje en una clase cuando estaban explicando algo muy importante y la profesora me regañó y me dijo que si seguía distraída me bajaba las calificaciones.

Yo tengo una amiga que se llama Daniela, y le cuento todo y así me desahogo, o con la profesora del curso. Me gusta que los profesores me vean feliz y así no tengo nada para distraerme y pongo mucha atención en clase”

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