BÉISBOL DE E.U.: BASES LLENAS DE INCOMPETENCIA

BÉISBOL DE E.U.: BASES LLENAS DE INCOMPETENCIA

Desde el comienzo de la huelga de los jugadores de las grandes ligas y la muerte prematura de la temporada, periodistas deportivos y aficionados han estado apoyando a una de las partes y culpando a la otra, sin enfocar las bases económicas y los problemas muy particulares que enfrentan los deportes de equipo. Se dice que la pertinaz solidaridad mostrada por los dueños de los equipos durante la huelga se debe a la excepción legal, concedida por la Corte Suprema en 1922, de no aplicar las leyes antimonopolios al béisbol de Grandes Ligas.

18 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Pero el béisbol no es el único con esa inmunidad, que incluye a los sindicatos e incluso a los sindicatos de jugadores. Además, otros deportes sujetos a las leyes antimonopolio han tenido conflictos similares, como sucedió con la Liga Nacional de Fútbol en 1987.

La característica diferente de la economía del béisbol no tiene nada que ver con esto y se trata de que a los aficionados a menudo les importa menos la absoluta calidad de sus jugadores y equipos que los resultados obtenidos contra los equipos con los cuales compiten. Esta es una consideración diferente a la que generalmente existe acerca de otros productos y servicios. Ganará nuestro equipo muchos partidos, llegará a las semifinales y quedará campeón en la serie mundial? Llegará a ocupar el primer puesto en la liga nuestro bateador favorito o nuestro pitcher estrella podrá ganar 20 juegos? Los ingresos por ventas de entradas y derechos de televisión son mayores cuando existe suspenso sobre el resultado, no cuando todo un equipo es claramente superior al otro. Los dueños de los equipos se oponen a que los nuevos jugadores se conviertan en agentes libres y rija total competencia porque temen que los equipos de las más grandes ciudades o con los bolsillos más profundos acapararían a todos los mejores.

Sin embargo, la experiencia desde que el béisbol aceptó a jugadores libres en 1976 es que los juegos no han sido menos competitivos ni han aportado menos sorpresas. La importancia del resultado relativo también significa que el gasto degenere en una carrera armamentista . Cada equipo, en particular, tiene el incentivo de gastar un poco más en sus jugadores para alcanzar alguna ventaja, pero ningún equipo logra tal ventaja si todos gastan más.

Los dueños de los equipos y los jugadores deben encontrar unas reglas aceptables que limiten el gasto e incentiven la competencia, sin inclinar la balanza exageradamente hacia ninguna de las partes. Los dueños creen que la solución es poner topes a los sueldos, pero los jugadores, con razón, piensan que es una medida demasiado inflexible.

Pensar en impuestos A pesar de que el ingreso promedio de los jugadores es de alrededor de 500.000 dólares al año, aun trabajadores bien remunerados utilizan la huelga y otras tácticas para conseguir más dinero, especialmente cuando su carrera profesional es de corta duración. Y aunque los dueños son exitosos hombres de negocios que están en esto porque les emociona, exigen control sobre los costos y un retorno razonable sobre su inversión.

En lugar de salarios topes, el béisbol debe imponerse una especie de impuesto, pagadero a la liga. Por ejemplo, pueden fijar un impuesto de 33 por ciento sobre cualquier gasto por encima de los 40 millones, que es la erogación promedio por equipo en las Grandes Ligas. Tal impuesto influiría en la reducción de gastos excesivos del tipo carrera armamentista . A la vez, como el producto de ese impuesto se repartiría por igual a todos los equipos de la liga, ello compensaría a aquellos equipos que operan en ciudades pequeñas, obteniendo financiamiento de los Yankees de Nueva York y los Dodgers de Los Angeles.

Pero el impuesto sobre gastos es insuficiente y debe ser complementado con un impuesto por malos resultados en el juego, en razón de los juegos perdidos. Eso motivaría a los equipos rezagados hacia un mayor esfuerzo. El resultado entonces sería una mayor y más eficiente competencia, sin tope de salarios y sin desplazar el centro de poder indebidamente de uno a otro lado.

(*) Profesor de Economía de la Universidad de Chicago, Premio Nobel 1992, adaptado de Businessweek, con autorización del autor.

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