¿Quién dice que no sabe dibujar?

¿Quién dice que no sabe dibujar?

Mónica Hoyos vivía con la gran frustración de no saber dibujar. Aunque no había tomado el camino del arte (es empresaria), tenía buenas capacidades para las manualidades. Menos para dibujar. Por eso cuando se enteró de que el publicista Carlos Lersundy iba a empezar a dictar clases de dibujo, decidió asumir el reto. Se matriculó en los talleres y su mano... se soltó.

09 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

A mediados de agosto del año pasado, Lersundy –muy conocido en el medio publicitario por su trabajo en campañas políticas– inició en las instalaciones de su casa ‘El Bosque’, en La Calera, los talleres que bautizó ‘Ver de nuevo’.

Su nombre no es gratuito: el principal objetivo que Lersundy se planteó fue que los asistentes enriquecieran (algunos, cambiaran) la forma de asumir el mundo, mediante el dibujo. “Que ampliaran su visión”, dice el publicista.

Las primeras experiencias resultaron exitosas. El caso de Mónica Hoyos se une al de muchos otros. “Es maravilloso descubrir que uno puede aprender a ver de manera diferente y plasmarlo en un papel”, agrega la empresaria. Las personas suelen llegar con muchas dudas sobre sus capacidades para el dibujo. La explicación de Lersundy es que solemos estar dominados por el hemisferio izquierdo del cerebro, que hace imperar la lógica y la razón. Por eso, los métodos que utiliza en sus talleres van orientados a que sus alumnos den rienda suelta a su parte intuitiva y sensible. “Buscamos el camino hacia ese ser creativo que todos tenemos”, explica.

Por sus clases han pasado todo tipo de profesionales: políticos, economistas, administradores... No se trata de terminar convertidos en artistas (no son clases de arte). De ahí que no sea requisito tener habilidades para el dibujo. Sin embargo, al concluir el curso, la persona acaba dándose cuenta de todo lo que puede hacer con un lápiz sin haber pensado nunca que fuera capaz. “Uno cree que no sabe dibujar y lo que sucede es que no sabe ver”, dice Hoyos.

Las sesiones no superan los ocho asistentes, para facilitar el trabajo personalizado. La idea original de Carlos Lersundy –que cada vez se entusiasma más con este proyecto aunque no ha dejado de lado su trabajo en publicidad– era centrarse en el dibujo. Pero los mismos alumnos, animados por los resultados, le han pedido que continúe con otras técnicas. Así que ha desarrollado programas para enseñar el manejo del color y del pastel.

Lersundy insiste en que su propósito no es ver salir de ‘El Bosque’ a nuevos pintores. Sino a personas visionarias.

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