DESDE HOY, TIEMPO DE CIENCIA

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El fenómeno de El Niño, el calentamiento casi periódico del Océano Pacífico ecuatorial que es uno de los más poderosos modeladores del clima del mundo, podría tener una influencia más extendida de la que se pensaba, y ser responsable en mayor medida de las alteraciones climáticas de la última década. Con este tema de apertura, se inicia hoy Tiempo de Ciencia , la nueva sección semanal de ciencia y tecnología de EL TIEMPO.

18 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

El fenómeno de El Niño, el calentamiento casi periódico del Océano Pacífico ecuatorial que es uno de los más poderosos modeladores del clima del mundo, podría tener una influencia más extendida de la que se pensaba, y ser responsable en mayor medida de las alteraciones climáticas de la última década.

La elevación de las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico, y especialmente aquellas asociadas con El Niño, son conocidas por desencadenar eventos atmosféricos que determinan el clima en muchas partes del mundo, incluyendo a Colombia. Pero generalmente, se ha asumido que una vez las temperaturas del mar alrededor del Ecuador regresan a los valores normales, después de uno a tres años, la influencia de El Niño termina.

Ahora, un estudio basado en el rastreo por satélite de movimientos a gran escala del agua caliente del océano, iniciados con El Niño de 1982-83, que ha sido el evento de ese tipo más fuerte de este siglo, sugiere que es factible que aún esté ejerciendo su influencia climática. El estudio encontró que una onda típicamente grande de agua caliente que se desplazaba hacia el este, asociada a El Niño de 1982-83, se alejó de la masa terrestre de América y rebotó hacia el noroeste a través del Pacífico, llevando consigo grandes cantidades de calor y elevando las temperaturas de ciertas partes del Pacífico, incluso hasta la fecha.

El estudio fue realizado por el Gregg A. Jacobs, un oceanógrafo del Laboratorio de Investigación Naval del Centro Espacial Stennis, cerca a la Bahía de St. Louis en Missouri, y seis de sus colegas, y aparece en una reciente edición de la revista británica Nature.

Dado que la cantidad y la ubicación del agua caliente en el Pacífico tienen mucha relación con el origen y recorridos de los sistemas de tormentas, el hallazgo complicaría la difícil tarea de los climatólogos que están tratando de comprender las causas de las oleadas de extremos climáticos que se han dado en el planeta durante la última década.

Los efectos residuales del calentamiento de 1982-83 causados por El Niño han sido superpuestos no solamente en los dos fenómenos de El Niño posteriores menos intensos de 1986-87 y 1991-92, sino además en todas las demás fluctuaciones de temperatura del Pacífico de los últimos 11 años. El Niño aparece cada dos a siete años.

Los océanos, y especialmente el Pacífico, ejercen una influencia importante sobre el clima del mundo, a través del transporte masivo de calor y la evaporación del agua. El vapor de agua generado en esta forma se condensa para producir nubes de tormenta, con lo que se libera calor latente hacia la atmósfera durante el proceso. Esto trae como resultado la fuente de calor individual más grande de la atmósfera, y entre más alta sea la temperatura del océano en un punto dado, mayor será la producción de vapor de agua, nubes y calor atmosférico. Los complejos enlaces internos del sistema climático, que los científicos apenas comprenden parcialmente, determinan la forma en que las nubes y el calor se distribuyen alrededor del globo terráqueo.

El Niño comienza cuando, a través de causas que los científicos no comprenden totalmente, los vientos del este predominantes disminuyen en el Ecuador, permitiendo que una oleada amplia pero sutil de agua caliente del Pacífico occidental fluya hacia el este, en dirección a Suramérica.

Jacobs y sus colegas analizaron datos de satélites que rastrean estas ondas oceánicas de gran escala. Para su sorpresa, encontraron que la onda caliente de 1982-83 efectivamente rebotó contra las costas americanas y se propagó hacia el noroeste. Modelos de computador de olas del mar desarrollados recientemente confirmaron el movimiento.

Los investigadores descubrieron que la onda tenía hacia el noroeste la misma fuerza y alcance que las que se apreciaron en el trópico durante los eventos de El Niño y que esto aumentó significativamente las temperaturas de la superficie del mar en el noroeste del Pacífico.

Es posible que estos cambios hayan influenciado los patrones climáticos durante la última década, y demuestran que los efectos oceánicos de los eventos de El Niño pueden ser extremadamente largos , escribieron los autores en Nature. Explicado sencillamente , escribieron, El Niño de 1982-83 no ha terminado: sus efectos se han desplazado de Suramérica hacia el noroeste a través de la Cuenca del Pacífico .

(New York Times News Service. Asesoría Jusús A. Eslava, Departamento de Geología Universidad Nacional.

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