COMPETITIVIDAD, CLAVE DEL PACTO SOCIAL

COMPETITIVIDAD, CLAVE DEL PACTO SOCIAL

Hoy en día, todo el mundo habla de competitividad. En los trabajos académicos, las presentaciones de los gremios, los discursos de los funcionarios. Todos mencionan la palabra competitividad una y otra vez. Y esto no ocurre sólo en Colombia. Los discursos del presidente Clinton, así como los de los líderes europeos, relacionan todos los objetivos políticos de sus gobiernos con mejoras en la competitividad. En los Estados Unidos, por ejemplo, el Gobierno ha defendido -contra viento y marea- la reforma al sistema de salud. Para buscar apoyo político (hasta ahora escaso), los artífices del proyecto argumentan que es indispensable para aumentar la competitividad de la economía norteamericana. Del otro lado del Atlántico la situación no es muy diferente. En efecto, Jacques Delors - entonces presidente de la Comisión Europea- realizó una presentación especial en 1993 ante los líderes europeos en la que trató el problema del desempleo.

18 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Cuál fue su diagnóstico? Para sorpresa de muchos no habló ni de los altos impuestos ni de la excesiva regulación del mercado laboral, común a todos los países europeos. Por el contrario, su explicación se basó en la falta de competitividad frente a los Estados Unidos y Japón, sólo corregible con un programa de inversión en infraestructura y alta tecnología.

La conclusión es que la falta de competitividad sirve para explicar cualquier problema y que la búsqueda de ésta es útil para justificar cualquier decisión política. Precisamente por eso es posible que la discusión sobre competitividad quede desprovista de cualquier contenido analítico y pierda toda su relevancia. Para evitar caer en esa situación es indispensable adoptar una definición precisa. Llamar las cosas por su nombre es siempre útil, a la vez que permite investigar más a fondo las raíces de los principales problemas económicos.

Los gurúes de la competitividad la definen como la habilidad para producir bienes y servicios que pasen la prueba de la competencia internacional, siempre y cuando los niveles de vida de la población sean crecientes y sostenibles.

Es decir, se trata de poder vender en el mercado internacional o competir con productos importados en el mercado doméstico, sin que para ello sea necesario empobrecer a la población con salarios bajos. En una frase, competir y mantener un buen nivel de vida.

Pierde terreno En el caso colombiano, según las notas editoriales de la revista del Banco de la República de febrero de este año, durante el período comprendido entre 1971 y 1991, Colombia perdió competitividad frente al grupo de países relevantes para su comercio exterior, pese a que durante el mismo período la productividad del trabajo para el total de la economía colombiana mostró una tendencia al alza. La razón es sencilla.

El incremento en salarios fue superior al de la productividad, de forma tal que las ganancias en productividad no se reflejaron en una mayor competitividad internacional de los productos colombianos.

Para corregir esta tendencia, el gobierno ha convocado, de manera oportuna, a las fuerzas vivas del país a la discusión de un Pacto Social sobre precios, salarios y productividad. La inclusión de la productividad resulta novedosa e interesante, ya que implica poner sobre la mesa de negociaciones una variable cuyo comportamiento -al igual que la inflación- depende de las acciones que emprendan gobierno, gremios y sindicatos. Sin embargo, los compromisos necesarios para lograr el incremento de la productividad son, por naturaleza, complejos.

Más productividad Es evidente que para aumentar la productividad es necesario mejorar la calidad de los factores productivos, principalmente la mano de obra. Esto implica que se deben asumir enormes compromisos en materia de capacitación a todo nivel. Una parte importante de esos compromisos recae en el Estado, que debe garantizar educación universal, tanto primaria como secundaria. Sin embargo, los empresarios también tienen una enorme responsabilidad en este frente. Los centros de capacitación técnica, organizados alrededor de los diferentes sectores industriales; deben ser una prioridad.

La productividad también es el resultado de una mejor utilización de los recursos disponibles. Esto se logra rediseñando los procesos productivos, reorganizando las empresas, especializando las tareas en las mismas. Todo ello es el resultado de un buen manejo gerencial.

El capital público, un bien no-rival, ya que todo el mundo lo puede usar al mismo tiempo, es un factor de producción que resulta fundamental para determinar la eficiencia de un proceso productivo. Los servicios públicos, las carreteras, puertos y aeropuertos son un excelente ejemplo de este tipo de bienes. Por sus mismas características, el Estado debe garantizar su adecuado suministro, lo cual no es igual a decir que el Estado debe proveerlos directamente.

De cumplirse los compromisos en estos frentes, el país ganará mucho en productividad. No obstante, para que la mayor productividad se convierta en la principal fuente de crecimiento económico es necesario que se refleje pari- passu en la competitividad de la industria colombiana. Por ello, dentro del Pacto Social, el manejo de los salarios y de la tasa de cambio debe ir en armonía con las mejoras en productividad. De lo contrario, los aumentos de costos pueden desplazar a la producción nacional, independientemente de las ganancias en productividad.

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