Extras y leye s ‘habilitantes’

Extras y leye s ‘habilitantes’

Durante casi todo el siglo XX hubo dos figuras que más para mal que para bien, jalonaron las relaciones entre legislativo y ejecutivo en Colombia: las facultades extraordinarias y los Decretos de Estado de Sitio. Concebidas inicialmente como un mecanismo excepcional para darle facultades al Presidente para legislar en asuntos de especial complejidad técnica, terminaron siendo casi la regla general. El Congreso se fue despojando de sus atribuciones, y muchas veces sin que los gobiernos se lo pidieran, se despojaban de sus funciones para trasladárselas a los gobiernos de turno.

07 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

Por eso, la Constitución de 1991, las limitó de tal manera que durante estos dieciséis años de vigencia han sido muy pocas las leyes de facultades extraordinarias. Ya no se pueden conceder para expedir códigos, ni en materia tributaria, ni a iniciativa de los congresistas.

El país, desde el 9 de noviembre de 1949 -cuando Ospina Pérez cerró el Congreso en el momento en que el Partido Liberal, entonces en la oposición, se aprestaba a hacerle un juicio político- no conoció cosa distinta a los Decretos de Estado de Sitio a través de los cuales los gobernantes de turno, dictaron normas que iban desde códigos, pasando por el arancel aduanero y llegando hasta el nombramiento de secretarias. Irónicamente, la actual Constitución se originó en dos Decretos de Estado de Sitio que dieron lugar a la convocatoria de la Constituyente. La nueva Carta Política, a pesar de su origen, limitó considerablemente, las facultades presidenciales en lo que ahora se denominan estados de excepción.

Mientras esto pasa aquí, nuestro país vecino, inaugura la figura de las ‘leyes habilitantes’ que le permitirían al presidente Chávez, por un buen tiempo, sustituir al Congreso. Desde luego nadie puede inmiscuirse en los asuntos internos de otra nación. Llama sí la atención el rumbo que pueda tomar Venezuela, por esta vía, que bien puede conducir al ejercicio personalizado del poder. No es conveniente ampararse en la popularidad -como lo hicieron otros caudillos en la historia- para hacer a un lado la separación de poderes.

En Colombia, por el camino de las facultades extraordinarias, y de los Decretos de Estado de Sitio, prácticamente desapareció en un momento dado la separación de poderes. Como buenos amigos de Venezuela, no quisiéramos que un país al que nos unen tantos nexos comenzara a recorrer ese camino que ya nosotros comenzamos a desandar en la Constitución de 1991.

La América Latina necesita mucha más institucionalidad, y menos ejercicio personalizado del mando. Es cierto que los partidos tradicionales en Venezuela -como puede ser el caso de Colombia- perdieron todo contacto con el pueblo y en muchos casos fueron cómplices de la corrupción. La solución, aquí, y allá, es fortalecer los partidos políticos. Purificarlos, no acabarlos. No es conveniente para la región el a veces orquestado canto contra los ‘políticos’ en general, que lleva a deslegitimar la actividad política. Es mucho mejor tener partidos sólidos. Ejercicio libre de la iniciativa privada con responsabilidad social. Congresos -bicamerales o unicamerales según las necesidades de cada país- que contribuyan al equilibrio de los poderes, y que estén menos propensos a los halagos, o a conceder a los gobiernos de turno, sin razón, facultades extraordinarias, o ‘leyes habilitantes’.

No es conveniente ampararse en la popularidad para hacer a un lado la separación de poderes”.

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