El aborto y la criminalidad

El aborto y la criminalidad

En Estados Unidos, la tasa de asesinatos por adolescentes descendió entre 1995 y el año 2000 en un 50 por ciento. La misma tendencia han tenido prácticamente todos los crímenes, robos de automóviles, atracos y robos.

07 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

Steven D. Levitt, un famoso economista, en su libro ya clásico Freakonomics muestra cómo esta tendencia de descenso del crimen, contraria a las predicciones de todos los expertos (que pronosticaban un crecimiento anual del 15 por ciento en la tasa de asesinatos realizados por teenagers), es consecuencia no del aumento en el número de policías ni de la imposición de penas más severas, sino de la decisión de la Corte Suprema en 1973 de hacer legal el aborto, lo que lo hizo disponible para las adolescentes más pobres y necesitadas.

Las evidencias sobre la relación entre el descenso de la criminalidad y el aborto son muy concluyentes; en efecto, los estados de California, New York, Washington y Alaska –donde se legalizó el aborto en 1970, tres años antes de la decisión de la Corte– experimentaron antes que el resto del país un descenso en la criminalidad.

Las mujeres que con más probabilidad usan el aborto (cuando la ley lo permite) son las que no tienen pareja y son adolescentes o muy pobres. Los niños de estas madres, según un estudio citado por Levitt, tienen 50 por ciento más probabilidad que el promedio de vivir en la pobreza y el doble de cometer crímenes. También hay abundante documentación de que permitir el aborto tiene una enorme influencia positiva sobre la disminución de adolescentes embarazadas.

Es decir, la mejor manera de reducir el aborto es permitiéndolo; en efecto, son las hijas no deseadas las que con más frecuencia se ven forzadas a realizar abortos. La explicación es sencilla: al permitir el aborto vamos a tener menos niñas que lo necesiten y por lo tanto, a disminuirlo.

Cuando se deja que la madre decida continuar o interrumpir un embarazo, ella lo hace sabiamente. A nadie le duele más un aborto que a ella, y la decisión de hacerlo siempre se toma bajo presiones que ninguno de los que opinan sobre el tema siquiera han imaginado.

Imponer a la mujer la continuación del embarazo al negarle el aborto impone sobre ella una vida de estrés, riesgos psicológicos y el grave problema de traer un niño a una familia que no está lista ni psicológica, ni económicamente para acogerlo.

La violencia en Colombia, la guerra permanente en que vivimos se nutre de niños nacidos en hogares sin preparación para brindarles el soporte emocional y económico que requieren. En el camino de quitar leña al fuego que consume al país, la ley de aborto –como lo prueban las experiencias de Estados Unidos, Canadá y muchos países– es un paso de consecuencias muy positivas, sobre la disminución de la criminalidad y del mismo aborto.

* Presidente del Centro Nacional de Consultoría

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