Líderes y caudillos

Líderes y caudillos

Hacemos buenos planes y escribimos bien; lideramos mal. Nuestra Constitución del 91 es maravillosa; de la de 1886 Víctor Hugo, el escritor, dijo: “es una Constitución para ángeles”. Quince años después creemos que fue útil la Constituyente no sólo por la Carta en sí misma (Inglaterra no tiene una escrita), sino por el proceso de liderazgo que la acompañó, en el que participaron nuevos líderes que después desafortunadamente se desentendieron de la política y del bien común.

06 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

Requerimos trabajar procesos diversos: liderazgo, convivencia, construcción de confianza, innovación, educación, administración, identidad, respeto, perdón, etc.; buenos procesos individuales, grupales, colectivos producen buenos resultados. ¿Qué liderazgo tenemos y qué liderazgo merecemos? El liderazgo individual, grupal y colectivo requiere una visión de país inspiradora, comprometedora, compartida y realizable; materializar esa visión es la misión del líder.

Tenemos como visión las metas de las Naciones Unidas para el milenio, el Estatuto Democrático, el Plan 2019, el Plan de Desarrollo, los planes de desarrollo regionales, departamentales, de áreas metropolitanas, municipales, de ordenamiento territorial, ambientales, etc. Estos instrumentos son resultado de procesos de planeación, presumiblemente participativos, realizados por grupos e instituciones diversas en los niveles mundial, nacional, regional, departamental, que requieren educación para la democracia y la participación ciudadana, liderazgo, organización, sistemas de información, comunicación, indicadores de gestión, exigencia y rendición de cuentas (accountability).

Vivimos una crisis de liderazgo. Pocos líderes podremos encontrar en nuestra historia reciente y en el presente; haga el lector su lista personal y verá qué corta le resulta. Un líder se rodea de gente más hábil que él; un caudillo se rodea de gente mediocre; desaparece el caudillo y desaparece su grupo; desaparece el líder y su obra perdura. Quítele usted al hitlerismo, al stalinismo o a cualquier otro ‘-----------ismo’ el apellido y no quedarán sino las huellas del efímero poder de aquellos caudillos; hacer el ejercicio con nuestros prohombres actuales o desaparecidos demostrará el vacío de liderazgo; seguimos buscando hombres mesiánicos para construir ‘de arriba hacia abajo’ cuando las historia nos muestra que los países desarrollados se construyeron ‘de abajo hacia arriba’ con la guía afortunada e inteligente de auténticos líderes. Elegimos gobernantes como nuestro actual Presidente y luego, con la apatía ciudadana o con un entusiasmo sin compromiso ni participación, les exigimos resultados que son imposibles de lograr sin una revolución del trabajo voluntario.

Como líderes requerimos visionarios, ‘especialistas en generalización’, ‘idealistas prácticos’, pues “no hay nada más práctico que una buena teoría”, (Kurt Lewin); no podemos permitir que a los generalistas, pensadores y visionarios, se les califique despectivamente como ‘tióricos’; sí tióricos, como nos los señala con gran lucidez Camacho Caro, el fundador de la ingeniería industrial en Colombia (Camacho Caro, Guillermo: Humanismo Industrial, Progab,1989). Necesitamos ‘empresarios estadistas’ que asuman lo público, emulen con los políticos tradicionales y lleven a la política y a la administración del Estado las mejores prácticas administrativas privadas.

Debemos descubrir y comprometer a los ‘líderes invisibles’ como los llama Carlos Alberto Leyva, empresario privado y social. Saben bien estos líderes empresariales que su misión consiste en traducir la visión en realidad, generar riqueza incremental, optimizar los recursos, generar desarrollo y bienestar, rendir cuentas de una gestión exitosa; la quiebra, el despido o la renuncia digna son el precio que pagan por su incapacidad.

Estos líderes empresariales privados mejorarán la administración pública y la llevarán a la excelencia pues, a diferencia de una alta proporción de los administradores públicos, para ellos sí opera la exigencia y rendición de cuentas o accountability y, en consecuencia, no se ‘caen hacia arriba’ sino ‘hacia abajo’...

Consultor y empresario.

"Un líder se rodea de gente más hábil que él; un caudillo se rodea de gente mediocre”.

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