‘Irse del campo paga’

‘Irse del campo paga’

La mayoría de los habitantes del campo colombiano no solo son pobres sino que la mayoría de los trabajadores (68 de cada 100) no alcanza a recibir un salario mínimo.

04 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

Esas difíciles condiciones empujan a muchos a irse a las ciudades, y quienes se marchan por motivos económicos (búsqueda de empleo, educación) tienen una probabilidad mayor de mejorar su situación económica que quienes se quedan: “La migración económica paga”, concluyen José Leibovich, Mario Nigrinis y Mario Ramos, investigadores del Banco de la República, en un estudio sobre las condiciones laborales del campo.

Las normas colombianas señalan que todos los trabajadores tienen derecho a que se les pague un salario mínimo cuya cuantía es establecida por decreto, pero en el campo esa obligación no es acatada por muchos empleadores, ni siquiera por el propio Gobierno.

El estudio revela que en el 2005 el 5 por ciento de los ocupados rurales que devengaba menos de la remuneración básica legal trabajaban con el Gobierno.

El nivel de incumplimiento aumenta para el 34 por ciento de quienes trabajaban para particulares y para el 60 por ciento de los jornaleros, estos últimos en su totalidad vinculados a las actividades agropecuarias.

Además, para la mitad de quienes fungen como patronos y para 8 de cada 10 que trabajan por cuenta propia -o rebusque- sus ingresos mensuales no llegan a un salario mínimo. A estos se agregan todos los llamados trabajadores familiares sin remuneración, es decir, sin pago alguno por su labor.

Los ingresos de los trabajadores rurales son bajos: el ingreso promedio en el 2005 era de 340.800 pesos, 90 por ciento de un salario mínimo, que para la fecha era de 381.500 pesos. No hay por qué extrañarse, entonces, de que el 68 por ciento de los habitantes rurales estén clasificados como pobres y de que el 27 por ciento figure en pobreza extrema.

Como lo señala el estudio mencionado, el principal problema del mercado laboral rural no es el desempleo, puesto que históricamente ha sido inferior al urbano, sino la baja calidad del empleo que se traduce en ingresos precarios para los trabajadores.

No son pocos los analistas, funcionarios y organismos como el Banco Mundial que abogan por reducir el salario mínimo con el fin de que, en su concepto, se estimule la creación de empleo. Si esto es estrictamente cierto y con las cifras sobre incumplimiento de la norma sobre salario mínimo, debería haber más generación de puestos de trabajo.

Por el contrario, si el Estado tuviera los mecanismos necesarios y la voluntad para hacer cumplir las normas sobre el pago del salario mínimo sin que simultáneamente haya aumentos en la productividad, el desempleo rural, advierte Leibovich, se dispararía y se agravaría la situación social del campo, aunque advierte que esto no puede entenderse como que hay que desconocer la ley pues las normas son para cumplirse.

El punto es que se considera que el salario mínimo es muy alto para la realidad del campo y habría que pensar en la posibilidad de fijar una remuneración básica diferenciada con la que se reconoce en las ciudades, aunque en estas también se presenta un incumplimiento que cobija al 31 por ciento de los ocupados.

Los presidentes de la CUT y la CGT, Carlos Rodríguez y Julio Roberto Gómez rechazan esa posibilidad e insisten en que el salario mínimo (433.700 pesos este año) es muy bajo para satisfacer las necesidades de las familias.

Ahora bien, diferentes investigaciones, incluida la de Leibovich, concuerdan en que, en general, la productividad de las actividades del campo es baja y esto lleva a la configuración de bajos ingresos laborales. “Por lo tanto, la estrategia de mejoramiento de los ingresos rurales pasa necesariamente por un aumento notable de la productividad laboral”, principalmente en el sector agropecuario.

De otro lado, la migración reduce el número de trabajadores que se ofrecen y, eventualmente, ayudaría a mejorar la contratación y los ingresos de los que se quedan.

FLORES Esta agroindustria exige alta productividad laboral .

Mientras Asocolflores, el gremio de los floricultores colombianos, muestra las cifras de sus programas de desarrollo social en beneficio de los 111.000 trabajadores de los cultivos, la ONG Corporación Cactus llama la atención por las condiciones laborales en las que se desempeñan.

Por ejemplo, dice esta ONG, los operarios tienen jornadas extenuantes: hasta 18 horas en temporadas como San Valentín, una de las más importantes para el sector; altas exigencias de rendimiento: 300 tallos cortados por hora; bajos salarios: el mínimo legal y prestaciones sociales, y falta de garantías para el ejercicio de la labor sindical.

Solo seis de casi 600 empresas de flores cuentan con sindicato independiente, los que enfrentan varios obstáculos para la negociación colectiva, mientras que los trabajadores denuncian la existencia de sindicatos patronales en muchas compañías.

PALMAS Se paga a destajo según las tareas asignadas al trabajador. El ingreso varía entre 800 y $ 950.000 .

Contratos a través de cooperativas y destajo (por tareas), son los métodos más comunes de contratación en los cultivos de palma africana.

Isaac Forero, director administrativo de Bucarelia, una de las empresas palmicultoras del Magdalena Medio, dijo que en el destajo se paga de acuerdo con la tarea que se asigne en actividades como corte de fruto, poda, drenaje y labores de campo. “Por destajo se paga al mes entre 800 y 950 mil pesos, pero por prestaciones la cifra aumenta casi al doble. Le sigue la contratación a través de cooperativas, que ofrecen todas las garantías salariales a sus contratistas. Claro que también hay muchos contratos indefinidos”, agregó Forero. En el sur de Bolívar, Julio Monto, del corregimiento de San Cayetano, dice que quienes tienen tierra no pueden cultivarla por falta de dinero, y otros, han vendido sus tierras a grandes empresas y ahora no tienen dónde cultivar.

BANANO Los recolectores, entre lo divino y lo humano.

MEDELLÍN De las dolorosas masacres bananeras de los años 90 poco se recuerda ya en la zona del Urabá antioqueño y parte del Magdalena. Por estas tierras fértiles donde se reparten más de 350 fincas aparece hoy tal vez el mejor panorama de la agricultura en el país.

No en vano, según la Asociación de Bananeros de Colombia (Augura), los trabajadores de banano son los mejor remunerado del país. Más de la mitad de los 24 mil trabajadores directos alcanzan casi dos salarios mínimos en contratos a término indefinido.

Los demás están laborando con contratos en jornada especial (días de corte y empaque) donde pueden ganar 25 mil pesos día o a término fijo para trabajos específicos. La mayoría cumple horarios de 48 horas a la semana.

Los trabajadores sindicalizados reconocen que su labor ha mejorado. Sin embargo, insisten en que muchos de los empleados aún siguen sin seguridad social o deben esperar varios meses por su pago. “Además aún hay empresarios que violan la convención colectiva y contratan trabajadores de cooperativas asociadas”, dice Guillermo Rivera, presidente del Sindicato Nacional de la Industria Agropecuaria, Sintrainagro.

Denuncia que varias fincas que están bajo la Ley 550 siguen sacando el banano sin cumplir con el pago a trabajadores y proveedores.

Roberto Hoyos, presidente de Augura insiste en que son situaciones aisladas.

CAFÉ Los recolectores no tienen salario fijo ni prestaciones CHINCHINÁ (CALDAS) Evelio Galeano, un antioqueño de 56 años, está arrancando, en una finca de Chinchiná (Caldas), los pocos granos buenos de café que quedaron de la cosecha grande.

“El valor del kilo de café recogido es el mismo de la cosecha pasada, 250 pesos. Un buen recolector gana 25 mil pesos diarios si recoge 100 kilos.

Algunos recogen el doble y más de éste y ganan más, como hay otros que sólo se hacen 40 ó 50 kilos”, explicó el labriego.

De esos 25 mil pesos diarios que gana, el recolector debe sacar 6 mil para pagar la alimentación diaria (desayuno y almuerzo), y si no quiere quedarse durmiendo en la finca -opción que se la da- debe costearse el transporte para llegar a su casa.

Los recolectores de café tienen una jornada de 11 horas. Comienzan a trabajar a las 6:00 a.m., a las 8:00 a.m. desayunan, a las 12:00 m.

almuerzan y terminan a las 5:00 p.m.

“Este es un trabajo duro, pero bien pagado. El recolector recibe su paga cada semana”, dijo Galeano.

CAÑA Depende de lo que se corte: $ 5.400 tonelada CALI En el Valle hay sembradas 205.460 hectáreas de caña de azúcar que generan 36.000 empleos directos y 200.000 indirectos.

Los 36.000 corteros, profesionales, técnicos, tecnólogos y operarios calificados están vinculados a los ingenios, las haciendas y las cooperativas de trabajo asociado. Se estima que solo el 31 por ciento figura en la nómina directa de los ingenios.

A los corteros se les paga 5.400 pesos por cada tonelada cortada. Según Tulio Segura, de la cooperativa Unicristal, en cada tonelada se les va entre dos y tres horas.

“Yo, que soy un cortero regular, me hago un promedio mensual de 650.000 pesos”, dice Segura.

Según Asocaña, el menor salario promedio en la industria azucarera es 2,5 veces el salario mínimo legal.

Hace dos años los corteros del Valle y del Cauca se revelaron por sus condiciones de trabajo. Pedían que las cooperativas de trabajo asociado fueran manejadas por ellos mismos, sin intermediarios y que les reconocieran dotaciones y les aumentaran el valor por tonelada de caña cortada.

Según Segura, el clima laboral es menos tenso, los intermediarios fueron eliminados y conformaron 11 cooperativas. Pero quieren ganar más. Los ingenios no todos los días requieren de sus servicios

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