Las dudas sobre el proceso ‘para’

Las dudas sobre el proceso ‘para’

Hasta ahora la aplicación de la Ley de Justicia y Paz ha acrecentado las dudas que varios sectores del país ya tenían sobre la efectividad del proceso con los grupos paramilitares. Dos hechos de la semana que terminó empeoraron esa percepción: el asesinato de Yolanda Izquierdo, líder campesina de las víctimas de Córdoba; y la decisión del presidente Álvaro Uribe de decomisar los bienes de los jefes de las autodefensas.

04 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

Tras más de tres años de proceso con los ‘paras’, la reducción en el número de homicidios, masacres, secuestros, desapariciones, entre otros, son presentados por el gobierno y sus aliados como parte de los resultados concretos. Pero para algunos contradictores del proceso, como la politóloga Claudia López, hoy es tal el poder paramilitar que ya no se requiere la violencia para torcer voluntades.

Es decir la pregunta clave sigue siendo: ¿se desmontaron de verdad las estructuras pramilitares? Primero, no se puede olvidar que la reducción de la violencia no necesariamente significa que se haya cumplido un desmonte efectivo de una organización al margen de la ley. Por lo menos tal conclusión se desprende, por ejemplo, de las investigaciones de Camilo Echandía, de la Universidad Externado de Colombia. En sus mapas de seguimiento al conflicto armado colombiano, al menos hasta el 2003, se demuestra que el número de muertos aumenta de manera drámatica si se miran zonas en disputa entre los ‘paras’ y la guerrilla o en donde chocan las fuerzas militares con la guerrilla. Pero, por el contrario, si se les echa un vistazo a las zonas de control tradicional de la guerrilla o de control consolidado de los ‘paras’, se puede constatar que la violencia allí se reduce de manera significativa.

Segundo, las dudas sobre las desmovilizaciones no solo se originan en el surgimiento de grupos como las ‘Águilas Negras’ y demás bandas emergentes.

También, en los indicios que apuntan a que el control político, económico, e inclusive territorial, que los ‘paras’ construyeron a punta de fusil, se mantiene.

El asesinato de Izquierdo es una clara demostración de eso. Y esa no ha sido la única muerte relacionada con el proceso. Varios lugartenientes de los jefes de las Auc que prometieron contar toda la verdad sobre sus vínculos con políticos y militares, como Jairo Andrés Angarita, han sido asesinados.

¿Si las estructuras se desmontaron, por qué los están matando? Por otra parte, de la decisión de Uribe de decomisar con medida cautelar los bienes de los ‘paras’ para que no se desaparezcan y se ponga así en peligro la reparación de las víctimas, surgen las siguientes preguntas: ¿Por qué no estaba ese detalle incluido en la Ley de Justicia y Paz que el mismo gobierno estructuró en unos retiros en la Casa de Nariño? ¿No será que tres años, desde el acuerdo de Santa Fe Ralito, fueron suficientes para que se perdieran todos esos bienes? Hoy estamos apenas conociendo las primeras versiones libres de los ‘paras’ las cuales representan tan solo la primera etapa del proceso de verdad, justicia y reparación. Y si se tiene en cuenta que del nivel de verdad que conozca el país dependerá el nivel de justicia, y de la justicia que se logre dependerá qué tanta reparación recibirán las víctimas, ¿qué puede esperar el país de un proceso que en lugar de despejar las dudas las multiplica día tras día?

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