La lista de los útiles

La lista de los útiles

04 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

Lo poco.

El Centro Juvenil Campesino de Nobsa (Boyacá) no pide útiles escolares. Todo lo que necesitan sus alumnos, desde un esfero hasta los libros de texto, pasando por un azadón, lo suministra la empresa Holcim. Como se trata de un internado, la única lista por la que deben responder los padres es la del aseo.

Crema dental $ 2.790 Cepillo de dientes $ 2.800 Champú $ 6.100 Jabón de baño $ 1.500 Toalla $ 8.000 Talco $ 4.350 Papel higiénico $ 1.000 Desodorante $ 5.200 Betún $ 2.320.

$ 34.060 .

Lo mucho.

‘‘Me pidieron demasiadas cosas y mis papás gastaron mucha plata. Lo que más me gustó fueron los cuadernos Fresita. Los libros los usamos poco; ya boté los del año pasado, porque no me sirven”.

La avalancha de conocimientos que parece acosar a Camila costó $ 700.000.

A los wayuu no les piden libros.

La lista que el Centro Etnoeducativo Las Delicias les entrega a las familias wayuu con hijos matriculados allí no incluye libros. Hacerlo daría igual: prácticamente ninguno de los padres, la mayoría pescadores o artesanos, tiene con qué pagarlos.

Ante la necesidad, muchos pequeños aprenden a encerrar el saber de todo un año en un cuaderno de cien hojas. Y no es raro que a algunos los sorprenda la Semana Santa sin haber completado su exiguo inventario de útiles, que en los tenderetes de Riohacha no cuesta más de $ 30.000.

Todo pende de un hilo.

En la cultura wayuu, saber tejer es señal de juicio y creatividad. Por eso se enseña desde el colegio. Las mujeres aprenden a hilar, torcer el hilo y manejar el telar para hacer hamacas, chinchorros y mochilas. Los hombres se encargan de los aperos de las bestias, las ‘waireñas’ (sandalias) y los bolsos, y reparan los chinchorros de pesca.

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DE 1° A 5° DE PRIMARIA Hilo y aguja para aprender a tejer • Cuadernos (entre 4 y 8) • Carpetas Barro para hacer muñecas (‘wayuunkeras’) • Lápices de colores • Madera para hacer instrumentos musicales • Crayolas • Lapicero y lápices • Sacapuntas.

Para que los alumnos puedan seguir las lecciones, impartidas en aulas satélites de 24 rancherías, los profesores hacen fotocopias de algunas páginas de sus libros bilingües (español- ‘wayuunaiki’) y las reparten sin ningún costo.

En Boyacá pagan las lecciones con ahuyamas y corderos.

Héctor Jeovanny y María Herminia, su mamá, no están paseando al cordero. En realidad, lo llevan al colegio.

Hoy es día de pago y ‘Chucho’ reemplazará los 258 mil pesos que cuesta la pensión de todo el año en el Centro Juvenil Campesino de Nobsa.

Todos los meses, un desfile de familias abrazadas a grandes ahuyamas o con gallinas debajo del brazo ‘bajan’ hasta este internado para hacer un trueque por la educación de sus hijos.

“En realidad es algo simbólico, porque el costo real lo asumimos nosotros”, explica Carlos Andrés López, director del plantel, propiedad de la cementera suiza Holcim.

Allí, 90 jóvenes de ocho municipios no solo estudian las materias tradicionales, sino que además aprenden las labores del campo y las herramientas del liderazgo comunitario.

Antes de recibir el título de bachilleres deben haber levantado una parcela ejemplar en sus propias casas, saber tramitar un derecho de petición o una acción de tutela y haber ejecutado un proyecto de desarrollo; por ejemplo, adecuar un camino de herradura.

¿Y ‘Chucho’? Al restaurante escolar, como las hortalizas.

$ 258.000 es el precio por el que recibieron a 'Chucho'. Eso cuesta un año de educación privada en Nobsa.

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