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NO DEJE SU FUTURO AL AZAR

NO DEJE SU FUTURO AL AZAR

El ministro de Hacienda y la junta del Banco de la República han hablado en las últimas semanas de un crecimiento desaforado del consumo privado y han planteado la necesidad de bajarlo, como uno de los instrumentos para evitar un mayor costo de vida. La discusión macroeconómica es un asunto de expertos. Pero en el fondo, tiene que ver mucho con el manejo de las finanzas personales y el llamado presupuesto familiar. Lo que se está diciendo, en términos sencillos, es que muchos colombianos están gastando más de lo que reciben. Usan el crédito -el cual está aumentando a una tasa cercana del 50 por ciento- como forma de llenar el faltante.

Lo preocupante es que una buena parte de ese crédito está yendo a la compra de bienes de consumo: carros, electrodomésticos, vacaciones y distintos lujos. Esto es, en gastos de corto plazo.

Y aquí surge una pregunta para los colombianos de ingresos medios y altos: Será posible mantener el ritmo de vida actual, cuando llegue el momento del retiro o la época de vacas flacas ?.

Muchos creen que la pensión que se recibirá después de los sesenta años será suficiente para vivir holgadamente. Nada más alejado de la realidad, por más que los anuncios publicitarios prometan de todo. Sin duda, en ese momento, se necesitará un complemento de ahorro -generado años atrás- para vivir en forma digna.

Pensar ahora La regla general, aquí y en todos los países, es que las personas dedican la mayor parte de su vida a recibir un ingreso y siempre buscan aumentar y optimizar la mesada, pero muy pocas veces se detienen a considerar si están optimizando los gastos.

Los niveles de gastos son diferentes de acuerdo a la condición civil de cada persona. La composición del gasto de un soltero es muy diferente a la de un casado con hijos o a la de este sin hijos.

Internacionalmente se asume que los pagos por amortización de préstamos o alquiler no deben superar el 25 por ciento del ingreso; el pago por préstamos distintos a vivienda no deben pasar del 10 por ciento; gastos de alimentación a lo sumo 12 por ciento. En ahorro se recomienda un cinco por ciento del ingreso. (Ver cuadro).

Sobre el gasto en vivienda deben hacerse algunas precisiones. El modelo ideal indica que en condiciones normales el endeudamiento de una familia solo debería hacerse para la compra de vivienda y vehículo. La primera constituye un patrimonio que eventualmente respalda una obligación en momentos de dificultad.\ Pero también se considera que al llegar a los 50-55 años, ya no debe haber deudas sobre el inmueble. El gasto por ese concepto debe ser liberado para cubrir otras necesidades, en especial recreación o vacaciones.

Una reciente publicación de Wall Street Journal, indica que la edad promedio para comprar casa en EE.UU. pasó de 28 a 33 años entre 1976 y 1983. Para las personas menores de esa edad, la posibilidad de adquirir una vivienda sobrepasa sus posibilidades económicas a no ser que reciban una fuerte ayuda familiar o una herencia. Tomar en arriendo se constituye en la alternativa.

Después de haber amortizado los créditos e hipotecas de la primera casa, la adquisición de una finca de recreo aparece como posibilidad cercana. Y después de los sesenta, cuando las propiedades han alcanzado la máxima valorización y sobra espacio -generalmente los hijos se han ido- es el momento de recoger las utilidades para entrar en la etapa final de la vida.

Metas y seguimiento Humana vanidad mira al espejo, quien pronto te dirá que vamos para viejos , dice la canción. No es más que la identificación de la etapa de la vida en que se encuentra la persona.

En este momento hay que hacer un inventario de lo que se tiene y se posee, como también de lo que no se ha alcanzado. La evaluación también debe incluir las deudas.

Luego hay que fijar las metas en el tiempo. La idea es pensar que se quiere ser y tener al cabo de una cantidad determinada de años. Es sencillamente un ejercicio de planeación de mediano y largo plazo, el cual hay que estarlo revisando en una fecha especial: el día de cumpleaños o en año nuevo.

Es aconsejable que los individuos que viven de rentas de trabajo, hagan lo mismo que hacen las empresas luego de cada ejercicio: el balance y el estado de pérdidas y ganancias. El trabajo con el paso de los años puede ir perdiendo valor al igual que se deprecian los equipos y las máquinas. El ahorro es la reserva para esa depreciación de la fuerza de trabajo.

El trabajo continúa siendo un elemento primordial para el individuo y, aún más, cuando este posee hijos en edad escolar. La transición del colegio a la universidad implicará un mayor nivel de gastos. Obsérvese que la fuerza que conduce a producir mayores ingresos no es el dinero en sí, sino las necesidades y motivaciones que se tengan en la vida , piensa Fernando Suescún en un artículo publicado en la revista Amigos Volando de SAM.

(VER RECUADRO MAC)

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