Los equívocos del populismo

Los equívocos del populismo

César Rodríguez insiste en defender al populismo. En su blog de Semana.com dice que mi lectura de su columna y las tesis que sostengo son erróneas. Volvamos a lo que él dijo originalmente, bien resumido en su blog: que el “mal olor del populismo es un tropicalismo latinoamericano” inventado por “nuestros economistas” en los 90 para desacreditar políticas redistributivas; que en Estados Unidos el populismo tiene “una connotación favorable”, equiparada con la democracia, y que ese populismo no es el del caudillismo y personalismo de Chávez que él condena.

02 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

Quise controvertir sus dos primeros puntos. E hice explícita su aclaración de que no le entusiasma Chávez y les tiene “alergia” a los caudillismos.

Sobre este último no parecerían existir lecturas erróneas ni desacuerdos. En su respuesta, Rodríguez elude el meollo de la discusión planteada, y se limita en buena parte a recordarnos la historia de movimientos populistas en Estados Unidos, que le sirve para defender una noción romántica de populismo asociada con supuestas funciones de “profundizar” la democracia.

Hay que reconocer que abundan las definiciones del populismo: sobre el término no existe consenso académico. ¿Estamos entonces embarcados en una discusión semántica, sin mayor significado? Rodríguez acierta al decir que “el asunto no es de poca monta”, aunque discrepemos en las razones. No equiparo el populismo con el “resurgimiento de la izquierda” en la región, como lo sugiere. Hace años, la alianza entre socialistas y democristianos gobierna Chile, donde la lucha contra la pobreza ha tenido éxitos sin paralelos en el continente, y sus políticas de gasto social expansivo no están asociadas con populismo alguno. Mis críticas estuvieron enmarcadas específicamente en las preocupaciones que suscita el rumbo del régimen chavista, tan parecido al peronismo. Frente a estas circunstancias, salir hoy en defensa del populismo –de la mano de Laclau o Siglitz– conduce a confusiones y equívocos.

Hay que precisar. Rodríguez se equivoca al insistir en que la mala fama del populismo se debe a un invento de “los economistas ortodoxos en los 90”. No.

Se debe a sus desastrosas experiencias. Ni es una “alergia” de la “élite política y económica”. Samuel Valenzuela me ha remitido a un texto de Celso Furtado, publicado en 1966, donde el populismo no sale bien librado: Furtado lo definió como “la manipulación de la opinión pública en función de objetivos personalistas… todo se sacrifica para subir al poder… (Se excita) a las masas con objetivos no realistas”. No caben aquí estereotipos de derechas e izquierdas. Tampoco debe extrañar que algunos intelectuales sospechen de lo que hoy se conoce como “populismo histórico”: “¡Alpargatas sí!, ¡libros no!”, fue una consigna peronista.

No he negado que existan interpretaciones favorables al populismo en Estados Unidos. Para algunos será una “noción neutral”, vinculada a esos movimientos del siglo XIX aludidos por Rodríguez. Para otros no, incluidos sectores académicos –la controversia allí entre los historiadores ha sido intensa–.

También se equivoca entonces al insistir en que el populismo sólo tiene “mal olor” en Latinoamérica. No es bienvenido entre algunos en Estados Unidos: para prueba cité el libro del conservador John Luckas. Tampoco en Europa: como ejemplo me referí a otro texto reciente del socialdemócrata Bernard Crick.

Quizá el populismo haya sido en ocasiones el camino para “profundizar” la democracia, como sugiere Rodríguez. Pero no ha sido el más efectivo en el largo plazo. Ni el más conveniente. Como señala Crick, “debe haber mejores formas democráticas, no simplemente populistas”, para decidir sobre los serios intereses de nuestras sociedades contemporáneas. Y hay que advertir siempre los componentes demagógicos y eventualmente tiránicos del populismo –muy presentes en la historia latinoamericana– que la defensa de Rodríguez subvalora.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.