Solos con el glifosato

Solos con el glifosato

En momentos en que se encuentra en Colombia una nutrida misión de alto nivel de Estados Unidos, encabezada por el subsecretario de Estado, Tom Shannon, y la subsecretaria del mismo despacho para Asuntos de Narcóticos y ex embajadora en Colombia, Anne Patterson, se conoce la noticia de que el gobierno de Afganistán se negó a fumigar con glifosato los cultivos de amapola de ese país, por considerar que esto ocasionaría daños al medio ambiente, a los cultivos y a los pobladores de las zonas afectadas.

01 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

La posición asumida por el que se supone es su más firme aliado en esa turbulenta región plantea una situación incómoda para el gobierno de Washington, que instaló al actual gobierno de Kabul tras bombardear el país en el 2001 y aplastar al régimen talibán. Y de contera, también para Colombia, única nación que utiliza la aspersión aérea del glifosato para erradicar cultivos ilícitos, lo que le ha generado, entre otras, una crisis diplomática con Ecuador.

Las razones esgrimidas por Afganistán son las mismas que alega el gobierno ecuatoriano para quejarse de las aspersiones realizadas por Colombia sobre los cultivos de coca en la zona fronteriza. Lo que resulta paradójico es que el presidente Hamid Karzai no ceda a las presiones de E.U. cuando este país es el principal sustento de su gobierno, al cual le ha suministrado 14.200 millones de dólares en los últimos cinco años y le entregará otros 10.600 millones si el Congreso de Washington aprueba la más reciente requisición de la Casa Blanca, y cuya estabilidad depende de la presencia de 24.000 soldados estadounidenses y 20.000 de la Otan.

También es paradójico que los cultivos de amapola resurgieran en Afganistán después de la caída de los talibanes, impulsados por los ‘señores de la guerra’ que combatieron contra aquellos al lado de los estadounidenses y luego se convirtieron en componentes del nuevo régimen instalado tras la ocupación. Las plantaciones de amapola habían sido prácticamente erradicadas por los talibanes por motivos religiosos y ahora, según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, cubren 165.000 hectáreas, lo que supone un aumento del 59 por ciento en el último año.

La ‘insubordinación’ de Karzai es todavía más insólita si se considera que necesita el apoyo de Estados Unidos más que nunca, para enfrentar una creciente ofensiva de los talibanes, que el año pasado causaron más de 4.000 muertes en atentados suicidas y otros ataques, han sembrado la inseguridad en varias zonas del país y lo han llevado al borde de una guerra con Pakistán, al que los militares de Afganistán acusan de refugiar a los guerrilleros y a su líder, el casi mítico mulá Omar, que eludió la invasión del 2001 y sigue actuando en la clandestinidad.

La decisión tomada por el gobierno de Afganistán, que enfrenta un problema de terrorismo y narcotráfico comparable al de Colombia, introduce un nuevo elemento de reflexión en el tema de las fumigaciones aéreas como estrategia eficaz contra la economía de la droga. Además de que le servirá al Ecuador en sus argumentos en contra del herbicida que E.U. promueve tercamente como el medio más recomendable para erradicar los cultivos ilícitos. Ya vimos cómo el gobierno del ex presidente Alfredo Palacio llevó el tema a la OEA y su sucesor, Rafael Correa, ha amenazado con demandar a Colombia ante la Corte de La Haya, alegando que las fumigaciones en la zona fronteriza son dañinas para su población y medio ambiente. La crisis diplomática está desactivada, por ahora, tras el encuentro de Correa con Uribe el 10 de enero y la posterior suspensión de las aspersiones. Pero los dos países mantienen posiciones diametralmente opuestas y están pendientes de que una comisión binacional dirima la cuestión.

La última paradoja de esta singular situación es que el embajador de Estados Unidos en Colombia alista maletas para trasladarse a Kabul, como representante de su gobierno. Será bien distinta la situación que deberá manejar allá, después de la total cooperación que encontró aquí. El locuaz e inteligente William Wood tendrá que desplegar toda su capacidad de convicción –o coerción– para convencer a los afganos de las bondades de la fumigación y el glifosato.

Mientras Colombia tiene polémicas internas y fricciones externas por el glifosato, Afganistán desobedece a E.U. y se niega a fumigar.

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