Camuflaje políticamente correcto en el lenguaje cotidiano

Camuflaje políticamente correcto en el lenguaje cotidiano

Suavizar los problemas, al menos en el lenguaje empleado para designarlos, quitarle crudeza o mal gusto a los términos con los que interpretamos la vida, son objetivos del uso de eufemismos. Este recurso, que ha existido desde siempre, pasó a ser herramienta del lenguaje políticamente correcto. Según explica el poeta Juan Gustavo Cobo Borda, “el término políticamente correcto surgió en E. U., en relación con los estudios culturales. Porque en las aulas era preferible decir afroamericano que negro. Desde ese punto de vista, puede tener sentido en algunos casos, porque el lenguaje también se usa para discriminar”.

29 de enero 2007 , 12:00 a. m.

El lenguaje políticamente correcto va más allá de los eufemismos. Está relacionado con la intención de no ofender a otros, que pueden ser minorías raciales o de género. Por ejemplo, aunque el uso correcto del español permite usar la expresión ‘asociación de padres de familia’, por corrección política, no falta el que prefiera decir: ‘asociación de padres y madres de familia’ para no excluir a las mujeres.

Esas vueltas que da el lenguaje serán temas a tratar en el IV Congreso Internacional de la Lengua Española, que se celebrará en Cartagena, del 26 al 29 de marzo.

EUFEMISMOS VARIOS.

-Técnico en eliminación de residuos sólidos. Es más rápido decir: “basurero”.

-De color, afroamericano o afrodescendiente: negro.

-Trabajadora sexual o mujer pública: prostituta o puta.

-Interno o recluso: preso.

-Establecimiento penitenciario: cárcel -Sanción pecuniaria: multa -Económicamente débiles: pobres -Interrupción voluntaria del embarazo: aborto -Neutralizar: matar -Crecimiento negativo: pérdida.

-Poco agraciado: feo -Conflicto bélico: guerra -Desarrollar: hacer.

‘Es otra manera de llamar a la hipocresía’: Vázquez-Rial.

“Al hablar del lenguaje políticamente correcto estamos hablando de hipocresía”, dijo el escritor argentino Horacio Vázquez-Rial acerca del tema. “Este tipo de lenguaje tiene una finalidad política, de control ideológico”, agregó. Explicó que los poderes constituidos “no quieren que las cosas se llamen por su nombre. No tienen ese interés”.

El autor, recordó que durante la izquierda post comunista los partidos estaban constituidos en un entorno de la URRS. “Con su caída, los partidos quedaron empelotos. No había más proletarios, ni burgueses. Para seguir con el negocio del partido, asumieron otras causas: la del feminismo, la de la liberación gay, el multiculturalismo, la multireligiosidad. Se trataba de defender causas que no tenían que ver con el progreso sino con la legitimación de la realidad, que va más rápido que el lenguaje y la decisión política”.

Y dio un ejemplo: “Cuando los militares toman el poder en Argentina, dicen: ‘Iniciaremos el proceso de reorganización nacional’. Todo el gobierno de las juntas militares se llamó así y los argentinos se habituaron. Aún dicen: “En tiempos del proceso”. En uno de sus últimos artículos, Borges se preguntaba: “¿Qué se puede esperar de un pueblo que a una dictadura le llama proceso?”.

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‘La gente seguirá siendo cruda’.

Al hablar de las expresiones políticamente correctas, Juan Gustavo Cobo Borda también se remitió a Jorge Luis Borges que, en sus textos, lo atribuye a la intención de disimular la afectividad, la fuerza del lenguaje.

“El español tiene unos vocablos perturbadoramente ricos –dijo Cobo Borda– que son preferibles a los que están teñidos. Pues con estos parece como si la realidad y su contundencia se pudiera apaciguar con el velo de una expresión políticamente correcta”.

En todo caso, Cobo dice que la gente seguirá siendo realista, cruda y brutalmente directa. “Pero, a la vez, muy compasiva y piadosa cuando se trata de ver a alguien que tiene algún estigma, deficiencia o carencia. Aún así, la gente acostumbra a decir la vieja palabra, por lo que entonces ese lenguaje se convierte en algo innecesario”.

El poeta recordó su participación durante la actualización del diccionario de la Real Academia Española: “Cuando los académicos tenían dudas, lo mejor era ir a la primera edición del diccionario, la de 1700, porque las palabras tenían un aura, un sentido expresivo y jugoso, que se ha ido perdiendo”.

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