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CULTURA CONTRA AGRESIVIDAD

CULTURA CONTRA AGRESIVIDAD

Poco provecho se saca de consultar sobre probelmas urgentes y prácticos a un teórico alejado del contacto mundano. Mejor fuera afrontar cada crisis sucesiva con medios que ya tenemos en nuestras manos. Sin embargo, me gustaría tratar una cuestión que me interesa grandemente, aunque no se discute en su carta por qué nosotros , Ud, y yo, y muchos más, protestamos con tanta vehemencia contra la guerra, en lugar de aceptarla como otra de las odiosas molestias de la vida? Pues parece una cosa bastante natural, biológicamente sana y prácticamente inevitable. Supongo que no le sorprenderá que yo plantee semejante cuestión, para la mejor conducción de una pesquisa, puede ser bueno revestirse con una máscara de fingida reserva. La respuesta a mi pregunta podría enuciarse así: por que todo hombre tiene derecho a su propia vida y la guerra destruye sus vidas muy prometedoras; ésta lleva a la fuerza al individuo o a situaciones que mancillan su hombría, obligándolo a asesinar a otros hombres,

Sin duda, cualquiera de los puntos que antes mencioné está sometido a debate. Podría preguntarse si la comunidad, a su vez, no tiene derechos sobre la vida individual de sus miembros. Además, no todas las formas de guerra pueden condenarse indiscriminadamente; mientras haya naciones e imperios preparados para exterminar implacablemente a sus rivales, todos, de igual manera, deben alsitarse para la guerra. Pero no nos extenderemos sobre ninguno de estos problemas; quedando por fuera el debate a que usted me invitó. Paso a otro punto, que es la razón, según me parece, de nuestro odio común a la guerra. es éste: no podemos hacer otra cosa que odiarla. Somos pacifistas, pues nuestra naturaleza orgánica nos obliga a serlo.

En consecuencia, nos queda fácil hallar argumentos para justificar nuestro punto de vista.

Este punto, sin embargo, hay elucidarlo. He aquí la forma en que lo veo. El desarrollo cultural de la humanidad(sé que algunos prefieren darle el nombre de civilización) progresa desde la antigedad inmemorial. A este proceso debemos lo mejor de nosotros, pero también mucho de lo que hace sufrir al hombre. Sus orígenes y causas son oscuros, su resultado es incierto, pero algunos de sus rasgos son fáciles de percibir. Bien puede llevar a la extinción de la humanidad, pues impide la función sexual en más de un aspecto, y aun hoy las razas no civilizadas y las clases retrasadas de todas las naciones, se multiplican más rápido que los elementos cultos.

Este proceso puede compararse, quizá, con los efectos de la domesticación de ciertos animales-claramente implica cambios físicos de estructura-, pero la percepción de que el desarrollo cultural es un proceso orgánico de este orden, no resulta todavía muy familiar. Los cambios síquicos que acompañan este proceso de trasnformación cultural, son sorprendentes, y no se pueden negar. Consisten en el progresivo rechazo de los propósitos instintivos y en la reducción de las reacciones instintivas. Las han tornado neutrales, o intolerables para nosotros; y si, nuestros ideales éticos han sufrido un cambio, las causas de esto son orgánicas, en último término.

Pacifismo e infelicidad En el campo sicológico, dos de los más importantes fenómenos culturales son, primero, el fortalecimiento del intelecto, que tiende a controlar nuestra vida instintiva, y segundo, la introversión del impulso agresivo, con todo sus consecuentes peligros y beneficios. Ahora la guerra va más enfáticamente contra la disposición síquica que nos ha impuesto el desarrollo de la cultura; estamos obligados a rechazar la guerra por hallarla absolutamente intolerable. Con pacifistas como nosotros, no es tan sólo una repugnancia intelectual y afectiva, sino una intolerancia constitucional, una idiosincrasia en su forma más drástica. Y parecería que las ignominias estéticas de la guerra resultan tan abominables como sus mismas atrocidades.

Cuánto tenemos que esperar para que el resto de los hombres se vuelvan pacificos? Imposible decirlo, y ojalá no sea una quimera nuestra esperanza de que estos dos factores - la disposición cultural del hombre, y el fundadísimo temor por la forma que asuman las guerras futuras-sirvan para ponerle fin a la guerra en el próximo futuro. Pero por qué caminos o atajos ello haya de venir, no podemos adivinarlo. entre tanto, podemos confiar con absoluta seguridad en que lo que se haga por el desarrollo cultural, es algo que se hace contra la guerra(...)

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