HISTORIAS DE AMOR Y DE INTRIGA EN VENEZUELA

HISTORIAS DE AMOR Y DE INTRIGA EN VENEZUELA

La trama tiene casi de todo: dos mujeres poderosas a las que se acusa de corrupción, una historia de amores presidenciales e incluso un supuesto cheque del desacreditado Banco de Crédito y Comercio Internacional. Sus vaivenes han sido convertidos en un éxito editorial y tema obligado en las charlas de café en este país, donde la riqueza petrolera y el poder político suelen unirse y generar historias de escándalo y corrupción.

07 de noviembre 1992 , 12:00 a.m.

La colombiana Blanca Ibáñez y Cecilia Matos, ambas cuarentonas, tienen muy poco en común, excepto el amor que profesan hacia dos líderes venezolanos de Acción Democrática: Ibáñez, hacia el ex presidente Jaime Lusinchi, de 68 años, y Cecilia Matos, hacia el sucesor de Lusinchi, el presidente Carlos Andrés Pérez, de 70 años.

Ambas se odian al punto de que una reconciliación es prácticamente imposible , según Carlos Capriles Ayala, historiador y editor que escribió Sexo y poder, concubinas reales y presidenciales .

Se han vendido unos cuarenta mil ejemplares del libro en solo pocos meses, en gran parte debido a sus capítulos sobre Ibáñez y Matos.

Ibáñez y Lusinchi se casaron el año pasado. Hace algunas semanas, a Ibáñez le fue concedido el asilo político que había buscado en Costa Rica declarándose perseguida política . Su esposo transcurre el tiempo entre Caracas y San José.

Y en cuanto a Matos, dos jueces en Caracas y San Cristóbal investigan su riqueza aparente, que algunos describen como excesiva para alquien que fue secretaria en el Congreso venezolano.

De Matos se dice que ha estado vinculada a Pérez por años. Según fuentes confiables, Matos tiene dos hijas que Pérez reconoce legalmente como propias.

La señora Blanca de Pérez, quien comparte con su esposo la residencia presidencial de La Casona, nunca ha emitido comentarios públicos sobre el affaire.

La decisión costarricense de aceptar el alegato de Ibáñez levantó protestas en Venezuela. Otorgar asilo a una persona para que evada la justicia es una bofetada a la justicia , dijo Paciano Padrón, legislador del partido opositor social cristiano Copei.

El embajador de Costa Rica, Julio Suñol, renunció al cargo tras la decisión de su gobierno.

El diplomático declaró que esa decisión desoía sus opiniones y la de su anfitrión, el presidente Pérez, quien ganó la nominación presidencial de Acción Democrática en 1988 y fue elegido pese a la oposición de Lusinchi.

Suñol escribió a su Cancillería que Pérez veía la decisión como una enorme locura .

Lusinchi reaccionó airadamente y en una declaración, sostuvo que el diplomático era malicioso y grosero ante las tribulaciones de Ibáñez.

Venezuela ha vivido una cadena interminable de acusaciones y denuncias de fraudes y tráfico de influencias los últimos años. Arresto ordenado Los oficiales que en febrero intentaron derrocar al presidente Pérez dijeron que la corrupción era uno de las razones del fallido movimiento, cuyo sofocamiento costó docenas de vidas.

Hace pocas semanas, un grupo que se denominaba Fuerzas Bolivarianas de Liberación asumió la responsabilidad de un intento para asesinar a un dirigente sindical acusado de corrupción.

Luego, el diario El Nacional publicó una entrevista a un líder encapuchado de esa agrupación clandestina que se identificaba como Comandante Zacarías y prometía atacar a Ibáñez, Matos y a otras personas sospechosas de corrupción.

El arresto de Ibáñez fue ordenado el año pasado, junto con el de otros cinco ex funcionarios, en relación con un fraude en la compra de sesenta jeeps. Como es casi costumbre, la orden judicial fue firmada cuando los sospechosos estaban ya fuera del país.

Investigadores del Congreso aseguran que unos seis mil millones de dólares se perdieron en fraudes e importaciones sobrevaluadas durante los años de Lusinchi.

Según algunos analistas, esto refleja en parte la discrecionalidad que se permite en los gastos públicos en Venezuela.

Los jeeps fueron comprados, por ejemplo, con fondos secretos del Ministerio del Interior destinados a la seguridad del Estado, pero los vehículos acabaron como regalos para funcionarios del partido y secretarias.

José Angel Ciliberto, funcionario del Ministerio del Interior que compró los jeeps, dijo que la orden la dio Lusinchi. Por su parte, Lusinchi calificó a Ciliberto de mentiroso.

Fuentes judiciales aseguran que Ibáñez, por entonces secretaria privada de Lusinchi, estuvo directamente involucrada.

Ella se casó con Lusinchi después que este obtuvo el divorcio de Gladys Castillo, su esposa durante cuarenta años.

Capriles, el historiador y editor, dice que Ibáñez fue la mujer más influyente en la historia política del país .

Tony Bianchi, editor de The Daily Journal, periódico caraqueño de lengua inglesa, escribió en un artículo: Solo Dios sabe el número de negocios turbios en los que tuvo que ver .

Ibáñez no ha querido retornar a Venezuela alegando, quizás justificadamente, que no se encontraría ante un juicio imparcial.

Las cortes venezolanas son acusadas, con frecuencia, de ceder ante las presiones políticas, y una reciente encuesta reveló que 80 por ciento de los entrevistados desconfiaban del sistema legal.

Entre sus adversarios, Ibáñez podría contar a Luis Piñerúa Ordaz, el actual Ministro del Interior. Piñerúa frenó las aspiraciones de Ibáñez para ganar un escaño en el Congreso en 1988, pero pagó un precio alto: él también fue marginado de las listas de candidatos del partido.

Cecilia Matos, en cambio, ha mantenido un perfil bajo, apareciendo una que otra vez en las crónicas sociales de los diarios.

Cuando un fotógrafo de El Nacional le tomó fotos durante una visita inesperada al palacio de gobierno hace dos años, la policía decomisó el rollo. El museo de Pérez Ultimamente, las noticias sobre Matos han sido más destacadas. En septiembre, un juez anunció que estaba pidiendo a la Embajada de Venezuela en Washington que averiguara si Matos tenía bienes inmuebles en Estados Unidos y verificara sus cuentas bancarias.

El juez tomó la decisión tras insistentes informes que decían que Matos vivía en un apartamento en Manhattan, protegida por guardaespaldas pagados con fondos públicos.

El Nuevo País, un matutino de Caracas, publicó la copia de un cheque por 400 mil dólares que describió como un depósito de 1990 en una cuenta bancaria de Nueva York que pertenecía a Matos en el ahora difunto Banco de Crédito y Comercio Internacional, al que ahora se investiga por fraude en varios países.

Los abogados de Matos declararon que no hubo tal depósito y abrieron juicio contra el editor del periódico, Rafael Poleo, un crítico implacable de Pérez.

El juez Luis Guillermo La Riva también ordenó la apertura de una investigación sobre una villa en la isla caribeña de Coche, cuya propiedad se atribuye a Matos.

En San Cristóbal, al oeste de Venezuela, el juez interino Luis Quintero dispuso que se investiguen denuncias según las cuales Matos financia la construcción de un museo en honor a Pérez, cuyo costo asciende a 15 millones de dólares.

Informes periodísticos dicen que a muy poca gente se le ha permitido ingresar al museo en Rubio, el pueblo natal del Presidente, y que tanto su contenido como la fecha de inauguración son un secreto.

Quintero ordenó el arraigo de Matos y anunció que enviaría un cuestionario con 134 preguntas a Pérez. Poco después, Quintero recibió la noticia de que debía dejar el cargo pues su interinato había concluido.

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