VIOLENCIA Y DELIRIO

VIOLENCIA Y DELIRIO

Medios masivos de comunicación que exaltan peligrosamente a los presuntos delincuentes, con persecuciones televisadas en vivo y en directo o emisiones sensacionalistas que registran los episodios más escalofriantes de las crónicas policiales. Homicidios a sangre fría y asaltos a mano armada perpetrados por adolescentes en avanzado estado de descomposición social: Charles Manson como parangón de genocidios ritualizados, la superestrella O. J. Simpson en el banquillo de los acusados -una tragedia americana-, Lorena Bobbit convertida en santa por el solo hecho de cercenarle el pene a su marido machista, el trauma de Vietnam veinte años después, la subcultura de los drogadictos en su máxima expresión, las mirillas electrónicas con cables computarizados que se extasían sobre la hora cero de un crimen y el heroísmo televisivo como reivindicación para quienes han infringido la ley o son perseguidos por las autoridades respectivas. El consagrado Oliver Stone y su coguionista, Quetin Taranti

23 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Aunque el relato de una pareja delictiva que agrade sin cesar y pone en vilo a sus perseguidores ha sido varias veces contado, recordar Bonnie & Clyde y La fuga, una de sus diferencias radica en el seguimiento a control remoto ejercido por un inescrupuloso periodista que se propone impresionar a su teleaudiencia con el descarnado espectáculo de la verdad que incrementará la sintonía y los ingresos de su compañía. Cada perspectiva obedece a una mirada sarcástica e igualmente corrosiva de la estremecedora realidad que cunde en el panorama actual del sueño americano saturado por brotes violentos y explotado por los multimedia. Stone y Tarantino se limitaron entonces a parodiar un sistema judicial y de telecomunicaciones cuya naturaleza cruel alimenta el morbo del público y demuestra hasta qué punto las debilidades humanas merecen considerarse respetuosamente para no caer en excesos.

El polifacético Woody Harrelson y la inigualable Juliete Lewis -un descubrimiento de Scorsese- construyen sus personajes con varios recursos gestuales y conforman una pareja impactante que brilla sin ambages. El fotógrafo Robert Richardson, fiel colaborador de Stone, se anota un verdadero hito en su carrera profesional por cuanto explora las múltiples posibilidades de unas imágenes fraccionadas, anguladas e iluminadas acordes con las distancias o filtros de sus personajes -Tomy Lee Jones y Robert Downey Jr., entre ellos.

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