UN PÁRAMO A SECAS

UN PÁRAMO A SECAS

El páramo de Cruz Verde, en Cundinamarca, se está deshidratando . Las tonalidades del manto de verdes jaspeados de blanco que lo envolvían, cogieron el color gris, rojo y amarillo de las quemas y la tala a que ha sido sometido desde hace más de diez años para labores agrícolas y ganaderas. En algunos parajes lo cubre un verde más claro, diferente. Inmensos pastizales desplazaron el paisaje paramuno que algún día estuvo colmado de frailejones, musgos, lama, tunos, amargosos, encenillos, líquenes, quiches, acacias, alcaparros... en fin, vegetación propia de la zona e indispensable para su subsistencia.

05 de octubre 1993 , 12:00 a.m.

Ahora, las gruesas pezuñas del ganado bravo trituran estos pastos mientras se llenan muchos bultos de papa. Y así, progresivamente, Cruz Verde no podrá surtir de agua a las quebradas y ríos que allí nacen.

Durante varios años han brotado a la fuerza las papas; los fertilizantes y agroquímicos propiciaron la cosecha de este tubérculo y, a su vez, contribuyeron a la contaminación de las fuentes de agua.

El riesgo de que el páramo se convierta en desierto hace, a su vez, que los municipios de Ubaque, Fómeque y Choachí corran el peligro de que su recurso hídrico se agote.

Y de hecho, las consecuencias ya se dejaron ver en la reducción del caudal del río Palmar, que nace en el páramo y riega a Ubaque. Por otra parte, las veredas Guaza, Resguardo, Río Blanco y el Carrizo se quedan sin agua en verano.

Hace dos años, los cabildos verdes de Ubaque y La Unión solicitaron la presencia del Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Ambiente (Inderena). Y a pesar de las medidas tomadas, la situación ha empeorado.

Fueron varias las inspecciones que realizó el Inderena (según el expediente 8139-A abierto por una denuncia de infracción forestal) en las que comprobó cómo había sido arrasada la vegetación nativa y se provocó la erosión de los taludes del río Palmar.

Los dueños del páramo Detrás de los los cerros de Monserrate y Guadalupe, a 3.280 metros sobre el nivel del mar, donde algún día el paisaje era cautivante, hoy es desolador gracias a la acción de los propietarios de Cruz Verde. El páramo El Verjón fue una de las primeras zonas desvastadas y es escenario de los nacimientos del río Palmar. Era desalentador ver el exterminio inmisericorde de la flora silvestre de páramo por cultivos de papa y pasto , se lee en el expediente.

Allí, en la zona conocida como Matarredonda, en las fincas Verjón Tanavista y El Hoyo, de Amador Amaya Castro y Roberto Garzón Vergara, las actividades agropecuaria y ganadera fueron realizadas por Víctor Sabogal Mora y su familia, que invadieron el extenso predio. A su vez, Sabogal culpa a los dos dueños de la destrucción de Cruz Verde.

El sitio, entre los kilómetros 17 y 19 de la vía Bogotá Choachí, sobre el costado derecho, fue utilizado durante varios años por Sabogal para el cultivo de papa, mantenimiento de porquerizas y rocería de rastrojos en la parte alta del río Palmar, pese a carecer del permiso para estas labores.

Por otra parte, varias fanegadas de vegetación nativa fueron sustituidas por pasto en la finca del torero Jairo Antonio Castro, para la cría de toros de lidia y la construcción de una plaza.

Oscar Gómez, otro de los habitantes de la zona, se dedicó a la parcelación de terrenos de 10, 20 y 40 fanegadas denominada La Cabaña, posiblemente para siembra y pastoreo, según el expediente.

Funcionarios del Inderena dijeron que estas tierras no son aptas para ganadería, ni agricultura; pueden dar una primera cosecha o más, pero el terreno se torna estéril al no existir las plantas y animales cuyas especies son únicas y exclusivas de cada páramo .

Las consecuencias de estos cultivos forzados son la degradación del suelo, la contaminación de aguas superficiales y subterráneas por los fertilizantes y agroquímicos y pérdidas de especies de fauna y flora (tanto acuáticas como terrestres).

En Colombia, otros páramos son blanco del deterioro por la explotación minera. Es el caso de Cerritos, en Santander, donde se extrae carbón, o de los páramos de la Cuenca de Anaime (oro), en Tolima, y Chingaza (explotación minera abierta), en Cundinamarca.

Las acciones Para contrarrestar la acción depredadora en el páramo de Cruz Verde, el Inderena expidió la Resolución 327 de 1991, que declaró como área forestal protectora del río Palmar las tierras localizadas después de los 3.000 sobre el nivel del mar, y corredores de 30 metros de ancho a lado y lado del río, de conformidad con el Decreto 1449 de 1977.

Aunque la resolución delimita el área, el terreno susceptible de ser cuidado es todo el páramo de Cruz Verde debido al impacto ambiental que genera en él cualquier trabajo agrícola o ganadero. Después de dos años y de acuerdo con versiones de los habitantes de la zona, esas actividades persisten.

Según Jorge Cuervo, procurador agrario, la resolución se incumple, la deforestación se ha incrementado, los toros de lidia continúan y la situación se ha agravado . Y a pesar de que Cuervo instauró una acción popular cautelar a nombre de la Nación contra Víctor Sabogal y otros, el proceso no empezará hasta que se supere un tropiezo jurídico.

Por su parte, Alexandra Schoonewolff, directora regional del Inderena-Cundinamarca, dijo que la acción en favor de Cruz Verde se estancó debido a las amenazas contra los alcaldes y a la falta de apoyo de las autoridades. Además, los dueños del páramo son políticos poderosos que han hecho todo lo posible para que las acciones emprendidas por el Inderena queden truncadas .

Algunos se preguntan para qué se construyen cerca de siete acueductos en la zona, si de proseguir la deforestación, en un término de tres o cuatro años no habrá agua que los llene. De Cruz Verde, sólo quedará la cruz que los dueños del páramo clavaron cuando empezaron a arrasarlo todo.

Para qué los páramos? En las cumbres de las montañas, arriba de los 3.000 metros sobre el nivel del mar, están los páramos tapizados en su totalidad de musgos. Grandes extensiones están cubiertas por frailejones, cardones, hierbas, arbustos pequeños y pajonales.

Parece una gran esponja: recibe las aguas lluvias, las mantiene y las suelta lentamente a las corrientes que nacen allí y bajan por las cuestas. Este ecosistema natural se caracteriza por tener bajas temperaturas (en promedio, por debajo de 12 grados centígrados), las cuales hacen que el agua se condense y se acumule en el suelo y la atmófera. Así mismo, las plantas de estos lugares se han adaptado a acumular agua (es el caso de los musgos), o a no perderla, como el frailejón y los pastos.

La función más importante de un páramo es sostener el régimen hidrológico, es decir regular el ciclo de agua en las cabeceras de los ríos.

La acidez y la textura arcillosa del suelo impiden que los cultivos produzcan buenas cosechas, que requieren de suelos más limosos, es decir, que permitan una mejor circulación del agua. Además, las bajas temperaturas en el suelo impiden la entrada del líquido a las raíces de los cultivos de papa y el pasto, que no están adaptados para esas condiciones.

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