MÁS PITOS QUE OREJAS

MÁS PITOS QUE OREJAS

Como en las tardes de toros, en la televisión también hay pitos y orejas. A veces sale un toro que merece las terribles banderillas negras del agravio o un torero a quien no queda más remedio que voltearle la espalda. Si las entregas de rabo son escasas, las salidas airosas por la puerta grande sólo suceden muy de vez en cuando. Cuando ya la corrida, por lo menos en lo que respecta al año, empieza a acabarse, en la arena de la pantalla se reflejan con bastante claridad los resultados.

23 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Los fiascos han sido mucho más abundantes que los éxitos. Algunas producciones nacionales casi se han confundido con su propio nombre. La consistencia de Almas de piedra , por ejemplo, fue verdaderamente lítica.

Anunciada con bombo y platillos como la la gran pasión nacional terminó en el cuarto de San Alejo, y la única piedra que sacó fue la de los televidentes.

Ifigenia ya cargaba su propia pava con semejante nombre. Los dioses griegos -que aún existen- se vengaron de una realización pobre en historia, lamentable en sus libretos y anodina en su interpretación. No hubo Agamenón que la salvara.

Si se le midiera el grado de deterioro, Fiebre rompería todos los termómetros. Una serie que comenzó bien, no tardó en despistarse ante los ojos de unos productores que la alargaron de manera inmisericorde. Intentaron calmar los calores de la mediocridad con algunos paños de agua fría, pero al final el enfermo quedó tendido en cama.

En El Oasis la sed fue total. Sed de calidad, de definición de personajes, de credibilidad de la historia. Un tema interesante se desperdició cuando sus productores deberían haber recordado el sabio refrán popular que dice agua que no has de beber, déjala correr . El Oasis quedó exánime y sin agua.

Caballos de fuego se quemó muy pronto. Una historia pretensiosa, pero que no demostró fuerza, quedó reducida a cenizas.

Mambo también salió del baile con una rapidez inusitada. Además de demostrar su primer director que la fidelidad es algo muy extraño por los lados de la televisión y que la competencia hace estragos hasta con las virtudes, la historia se hundió en su propia confusión.

Sólo una mujer terminó como un costal lleno de anzuelos. Las especialistas en dulces enseñan que al batido del arequipe cuando se le meten tantas manos se le corta la leche. Las actuaciones fueron sonsas, los argumentos presionados y los resultados pobres. La nueva Candela en sus comienzos no es que rompa el corazón precisamente. Algunos de sus capítulos de arranque -el segundo, más precisamente- fueron como para ponerse a temblar... de la pena.

A los programas de opinión los han afeitado de los cuernos abajo. Ya no embisten ni se duermen en la pica ni tienen casta. Terminaron convertidos en magazines de variedades o en revistillas de toreo bufo.

Que juzgue el televidente, aunque ya lo ha hecho al abandonar masivamente la plaza, Habrá que asomarse a las dehesas a ver si de pronto hay por allí algún toro en ciernes que vuelva a emocionar con su bravura al respetable.

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